Policiales

“Siempre fui un delincuente, pero yo no soy un asesino”

Lo dijo Cristian Gabriel A. tras la audiencia en la que le dictaron prisión preventiva sin plazos por el crimen de Claudio Gastón Fleitas.

Viernes 05 de Junio de 2015

“A mí me mataron una banda de compañeros y no la pagaron con nada. Que sea justo para todos”. La audiencia ya había terminado cuando Cristian Gabriel A., fuera de micrófono, empezó murmurar de manera casi inaudible las muertes que lo rodearon. Fue después de quedar imputado del crimen de Claudio Gastón Fleitas, un vecino de 22 años que había salido de prisión un mes atrás y fue asesinado de un balazo calibre 22 el martes a la noche, en villa Manuelita. El juez Carlos Leiva ordenó que quede en prisión preventiva por dos meses y, a pedido de la defensa, que sea revisado por un forense para determinar si necesita una pericia psiquiátrica.
  Con marcas de golpes en la nariz y bajo los ojos, el acusado siguió atento la audiencia imputativa de ayer al mediodía. Fue detenido por efectivos de Gendarmería Nacional que vieron el crimen y lo persiguieron hasta su casa, a menos de dos cuadras del lugar del ataque. Allí vive con su pareja y sus hijos. Tiene 32 años, cursó hasta segundo año del secundario y está desempleado.

Un solo tiro. El homicidio fue el martes a la noche frente a una casa de Cepeda al 4000, entre Güiraldes y pasaje Becquer. Fleitas estaba solo en la calle mandando un mensaje por su celular. Eran las 21.45 cuando se acercó un hombre, le disparó en el abdomen y se fue corriendo. A la víctima le decían “El Moncho”, no tenía padres y su pareja se suicidó poco después de que él saliera de prisión tras purgar una condena por robo, hace un mes. Sus amigos contaron a este diario que tenía “varios frentes de conflicto” y que el sábado a la noche se había “agarrado a piñas” con el victimario, quien “ahí le prometió que lo iba a matar”.
  El fiscal Adrián Spelta lo acusó de haber herido a la víctima en el lado izquierdo del abdomen. Dijo que la situación fue observada por personal de Gendarmería que recorría la zona. Los gendarmes, en tanto, relataron que vieron a un hombre que se acercó desde la izquierda a Fleitas, que éste cayó al piso y que persiguieron al agresor hasta su domicilio de Becquer al 200 bis. En el camino arrojó el arma.
  Spelta también citó los testimonios de la madre y la esposa del acusado, quienes contaron que dos días antes a su muerte había mantenido una pelea con personas del barrio. Los motivos quedaron en penumbras, o al menos no fueron aclarados en la audiencia.
  Otro testigo es un hermano de Fleitas que justo bajaba de un colectivo en Grandoli y Güiraldes y al caminar por Tafí escuchó un disparo. No le dio importancia: “Es normal escuchar tiros en el barrio”, dijo. Enseguida vio pasar corriendo a Cristian A., “alias G.G.”, a quien conocía de “jugar a la pelota”. Unos metros más adelante se cruzó con otro de sus hermanos, quien le contó que Claudio estaba malherido. Con un primo lo cargaron en un Corsa y lo llevaron al hospital Roque Sáenz Peña, desde done lo derivaron al Heca y murió a las 23.30. “Mi hermano caminaba libremente. No tenía problemas en el barrio”, aclaró.

Confesión. “En este momento no deseo declarar. No me encuentro bien anímicamente, mentalmente y físicamente”, dijo en un primer momento el acusado. En ese marco la defensora pública Luisa Cañavante pidió que revise una junta psiquiátrica y adelantó que será determinante el resultado del dermotest.
  Luego el fiscal pidió que quede en prisión preventiva sin plazo y argumentó que en libertad podría amedrentar a testigos. El comentario indignó al acusado, que de negar con la cabeza pasó al habla irrefrenable: “Está loco. Yo no soy asesino. Siempre fui delincuente, pero no soy asesino. Estoy cansado de que la policía se abuse de mi. Nunca nadie me ayudó ni se interesó por mi familia o mis hijos”, lanzó y quedó cabizbajo, llorando.
  El juez dispuso que quede en prisión preventiva hasta el 3 de agosto al entender que no se trata de una investigación compleja. Cuando la audiencia terminó, el acusado volvió a hablar, pero fuera del registro oficial: “A mí me mataron una banda de compañeros y no la pagaron con nada. Todo eso me duele. La Gendarmería y los policías son todos traficantes y lo quieren lavar siempre con el de más abajo”. Quedó imputado como autor de homicidio agravado y portación ilegítima de arma.

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