Policiales

"Si nos quedábamos tranquilos nunca hubiéramos llegado a saber lo que pasó"

Lo dijo el padre de Brandon Cardozo, asesinado por el policía Emiliano Gómez, quien estaba de civil en una fiesta callejera de fin de año.

Sábado 04 de Mayo de 2019

"Uno nunca está preparado para afrontar esto. Pero si nos quedábamos tranquilos quizás nunca hubiéramos llegado a saber lo que pasó". Rubén Cardozo es el padre de Brandon, un adolescente de 16 años que murió alcanzado por uno de los siete balazos que efectuó un policía en una fiesta callejera realizada para recibir el Año Nuevo 2016. Con esas palabras, el hombre intentaba ayer asimilar el fallo de un tribunal que redujo de 20 a 18 años la condena al efectivo, quien disparó a la multitud con su arma reglamentaria en medio de un disturbio. La pena se rebajó por razones técnicas: los jueces tuvieron en cuenta que asumió los riesgos de ese acto temerario pero sin intención directa de matar.

Ese fue el resultado de la apelación a la condena a 20 años de prisión dictada en octubre del año pasado al policía de la Brigada Motorizada Emiliano Gómez tras un juicio oral y público. El debate fue seguido por familiares, amigos e integrantes de la agrupación "Las voces de los que ya no están", quienes realizaron una instalación con fotos, carteles y arcos de fútbol en la plaza del Centro de Justicia Penal para sensibilizar por el caso.

Ilusiones rotas

Es que Brandon jugaba al fútbol en el Club Atlético Sanford y su sueño era llegar a Newell's. Iba a la escuela secundaria, era hijo único y como sus padres estaban separados pero vivían muy cerca pasaba un tiempo en cada casa. El 31 de diciembre de 2015 compartió la cena de fin de año con su familia y les pidió permiso a sus padres para ir con su primo y un amigo a una fiesta callejera que había sido convocada por distintas redes sociales.

Unas 500 personas se reunieron el primer día de 2016 en la zona de Centenario y Entre Ríos con heladeritas en la vereda y alrededor de los autos con los parlantes en alto. Hasta que a las 4.50 se produjo un disturbio entre dos grupos y volaron piedras y botellazos mientras la multitud intentaba dispersarse. Brandon y su primo corrieron por Centenario hasta que el chico cayó herido a la altura del 1324. Por azar, un plomo calibre 9 milímetros lo golpeó en la cara mientras corría y murió camino al hospital. La bala le ingresó por la parte superior del labio izquierdo y le quedó alojada cerca de la nuca.

Al día siguiente, un efectivo de la Brigada Motorizada que había asistido a la fiesta con unos amigos les comentó a sus superiores que había visto disparar a su compañero Gómez, del turno tarde. La casa del acusado fue allanada y allí se secuestró su arma oficial Bersa Thunder 9 milímetros. En el cargador de la pistola se encontraron cinco plomos con la punta pintada de azul, idénticos al proyectil que mató a Brandon. Otras seis vainas quedaron diseminadas en la cuadra de Centenario al 1200.

La evidencia balística fue clave en la condena dictada por los jueces Juan Carlos Curto, Hebe Marcogliese y Alejandro Negroni, quienes en base a esa prueba y los dichos de testigos sentenciaron a Gómez como autor de un homicidio con dolo eventual. Esto quiere decir que se representó la posibilidad de causar una muerte y a pesar de ello siguió adelante con su accionar. Es el encuadre que había solicitado en el juicio la fiscal Marisol Fabbro.

El abogado defensor Paul Krupnik apeló ante la Cámara Penal porque pretendía la absolución por el beneficio de la duda. Planteó que el verdadero autor del crimen había sido el otro policía que intervino en el caso como principal testigo. Los abogados querellantes de la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud que representan a la familia de Brandon también apelaron. Pretendían una condena a prisión perpetua para Gómez como autor de un homicidio calificado por ser cometido abusando de su función policial.

El tiempo del duelo

Los jueces que revisaron el caso, Carolina Hernández, Javier Beltramone y Georgina Depetris, confirmaron la sentencia con una leve rebaja en la pena. En una audiencia en Tribunales anunciaron su decisión ayer a la mañana ante el acusado y las partes. Luego dieron a conocer sus fundamentos por escrito. En lo esencial, convalidaron la dinámica del hecho que se relata en la primera sentencia (ver aparte).

Rubén y Laura, los padres de Brandon, salieron de la sala en silencio y algo contrariados. "Ya lo dije antes: ni con 20 años ni con 50 me devuelven a mi hijo", dijo la mujer con la voz desgarrada. Luego de sopesar los alcances del fallo, Rubén rescató que los años de lucha sirvieran para reconstruir la verdad histórica del caso: "Uno nunca está preparado para afrontar ésto. Lo que nosotros pedíamos era difícil que lo aceptaran los jueces en segunda instancia. Pero si nos quedábamos tranquilos quizás nunca hubiéramos llegado a saber lo que pasó".

El querellante Guillermo Campana, presente en la audiencia junto a su colega Nicolás Vallet, destacó el resultado: "Es importante haber llegado a una condena a una persona que dispara siete veces a la multitud en un caso de gatillo fácil. Es una condena alta en relación a las que se manejan habitualmente. Entendemos el dolor de la familia pero creemos que con el tiempo cederá la angustia del proceso judicial y empezarán a tramitar el duelo sabiendo que hay una condena judicial".

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