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"Sentí el disparo, me desvanecí y no recuerdo nada más", el testimonio de un joven que sobrevivió a un balazo a centímetros del corazón

Maximiliano M. estuvo al borde de la muerte tras ser baleado en la Navidad de 2018. El acusado del ataque fue detenido el viernes e imputado este lunes por intento de homicidio

Martes 22 de Junio de 2021

La bala le pasó a dos centímetros del corazón, pero Maximiliano recién supo que había estado al borde de la muerte cuando despertó del coma. “Luego de que siento el disparo me desvanecí. Recuerdo escuchar los gritos de mi mamá a lo lejos, nada más”, contó el joven de 18 años cuando se repuso de una cirugía reparadora de pulmón, con un proyectil alojado para siempre en la espalda. Fue herido en la Navidad de 2018 cuando un vecino le reprochó que fuera en moto por la vereda de 27 de Febrero y Circunvalación y le disparó dos veces. El atacante estuvo más de dos años prófugo y este lunes fue imputado por un intento de homicidio agravado.

A las 5 de la madrugada de aquel 25 de diciembre Maximiliano Miguel M. fue hasta la casa de su novia. Como no la encontró regresó por la colectora de Circunvalación al encuentro de su mamá y sus hermanas que, a sólo una cuadra, saludaban a unos familiares sobre el final de los festejos de Nochebuena. Llegaba en su moto Guerrero de 110 centímetros cúbicos a 27 de Febrero al 7500 cuando se topó con tres muchachos y uno de ellos le reprochó que circulara por la vereda. Así comenzó el incidente que casi le cuesta la vida.

“Uno de esos tres pibes, que lo apodan Papu y se llama Alejo, me frenó con la mano y me dijo que pare, que lo iba a chocar porque estaba circulando por la vereda. No me dejaba hablar, me dijo que me iba a meter una piña”, contó Maximiliano, que conocía a Papu porque vivía en un pasillo enfrente de su casa, aunque no tenían trato. El muchacho no le dio tiempo a hablar: le dio una piña y anunció que le daría un “cañazo” mientras sacaba un revólver de la cintura.

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“Entonces agarró el arma con su mano derecha y me tiró un cañazo, es decir, me quiso pegar con el caño del arma en la cabeza", siguió contando el joven tras una internación de tres semanas. "No recuerdo si me pegó o no, yo inmediatamente cuando vi el arma reaccioné de lo que estaba pasando y me quise defender. Ahí me tira un disparo, pero le erró”. El primer tiro fue a los pies. El segundo, directo al pecho: “Me impacta a 2 centímetros del corazón. Luego de que siento el disparo me desvanecí en el lugar y no recuerdo más nada sobre lo que pasó”.

Lo último que escuchó tras el balazo fue que iban apagándose los gritos de su madre. La mujer estaba de espaldas a él, a unos cinco metros. Al escuchar los tiros giró, vio a su hijo tirado en el suelo, gritó pidiendo ayuda y se desmayó. Maximliano fue trasladado por un amigo hasta el Hospital Clemente Alvarez en un Gol gris. Ingresó con una herida de bala en el hemitórax izquierdo, fue intubado e intervenido de urgencia por lesiones en el pericardio y el pulmón izquierdo. Estuvo internado con respirador, transfusiones de sangre, antibióticos y en coma inducido.

A Papu, en tanto, algunos vecinos lo corrieron y según algunos testimonios le dieron una paliza, pero el muchacho de entonces 18 años se escabulló y ya no lo vieron por el barrio, donde hubo destrozos y una usurpación en la casa de su padre. En el perfil de Facebook Alejito Ludueña se encontraron fotos de él posando con un revólver. Alejo Nahuel R., de 21 años, estuvo más de dos años con un pedido de captura hasta ser detenido el viernes.

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La fiscal Georgina Pairola, en suplencia de su par Marisol Fabbro, lo imputó la mañana de este lunes como autor de un homicidio agravado por el uso de arma y la portación ilegal de un arma de uso civil. El juez Rodolfo Zvala dispuso la prisión preventiva por el plazo legal de dos años y ordenó que un médico forense determine el carácter de una lesión que el detenido dice sufrir en una mano.

“Los vecinos me dijeron que luego de que me disparó salieron todos a correrlo, que lograron alcanzarlo y le pegaron. Mis amigos me dijeron que el Papu antes de ese día estaba con un revólver y mostraba las balas que tenía. Me dijeron que les había parecido que era un revólver calibre 32”, dijo la víctima.

Toda la secuencia del ataque quedó registrada en la cámara de vigilancia que tenía instalada un vecino en el frente de su casa. Maximiliano pudo observar esas escenas cuando se recuperó y supo que había estado cerca de morir. “Estuve internado tres semanas. Los médicos me dijeron que no puedo hacer fuerza, no puedo correr ni nada hasta que me cure bien. Tampoco puedo trabajar”, precisó al declarar por primera vez en la investigación fiscal. El disparo fue sin orificio de salida y la bala quedó alojada en la columna: “Me dijeron que estuve muy cerca, que fue muy grave lo que me pasó”.

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