Miércoles 15 de Julio de 2009
“Por desconfiado uno no deja la plata en el banco y mirá lo que pasa”, relató
apesadumbrado Ricardo Zacchino, de 64 años, mientras mostraba la reja de aluminio que le
barretearon en la ventana de la cocina de su casa de Lavalle al 1200, en Pérez. Por ese lugar, al
menos un ladrón ingresó el lunes por la noche aprovechando que el hombre y su esposa habían salido
por un par de horas. Los visitantes le llevaron 47 mil pesos. “Pienso que el robo fue
al boleo. Que nos vieron salir y nos dieron”, explicó el hombre. En tanto, sus vecinos del
barrio Guardia Nacional comentaron que durante las últimas tres semanas se registraron al menos
otros dos escruches en un radio de cuatro cuadras y que tres de esos hechos fueron denunciados en
la seccional 22ª.
La cuadra de calle Lavalle entre Alem y Chiavarini, en Pérez, se
presenta como tranquila, con perros paseándose al sol y vecinos de muchos años. Sin embargo, esa
postal de vecindad se vio jaqueada en las últimas tres semanas. El jueves 2 de abril ladrones
ingresaron a una coqueta vivienda de Lavalle 1246 a la hora de la siesta, cuando sus dueños no
estaban, y robaron 30 mil pesos (ver aparte). Con la misma mecánica, hace tres semanas dos
viviendas fueron elegidas como blancos: una por Yapeyú al 1200 y otra por Las Heras al 1100. En la
primera revolvieron todo pero no se llevaron dinero. En la segunda, el botín fue una cantidad de
efectivo no precisada. Y el lunes por la noche fue el turno de la casa donde residen Ricardo, su
esposa Marta, y su hija de 34 años.
Microemprendimiento. “Yo vivo acá desde toda la vida. La de al lado es la casa de mis
padres”, comentó a La Capital Ricardo, un ex empleado de la empresa Sipar Gerdau
que tras 29 años de trabajo invirtió parte de su indemnización en la puesta en marcha de
“Nona Pierina”, una fábrica de pastas que levantó en la parte trasera de su casa.
“Es una empresa familiar. Mi esposa hace las pastas y yo el reparto”, contó el hombre
que el domingo cumplió 64 años.
Para agasajarlo, el lunes por la noche en el bar que su hijo tiene en
Pérez le hicieron una raviolada. Una celebración que le salió más cara de lo que pensaba.
“Salimos de casa a las 20.30 y regresamos a las 23.15. En ese tiempo nos robaron”,
rememoró Ricardo.
El hombre contó que él o los ladrones treparon un tapial de dos metros
para acceder al patio que utiliza como garaje y desde allí ingresaron a un galponcito donde guarda
trastos viejos y herramientas. Agarraron un destornillador y palanquearon una de las rejas de
aluminio de la ventana de la cocina. “La forzaron, rompieron el vidrio y por un hueco de unos
50 centímetros se metieron”, relató Ricardo. Una vez adentro de la casa, los maleantes se
movieron con tranquilidad. “Tenemos un perro chiquito que cuando llegamos estaba acostado en
nuestra cama. Los ladrones fueron directamente a las dos habitaciones, revolvieron todo y se
llevaron sólo el efectivo”, explicó.
“Cuando abrí el portón para entrar el auto vi que estaba abierta
la puerta. Entré y me di cuenta de que nos habían robado”, comentó Marta. “Se llevaron
el dinero que teníamos guardado en el ropero y un jean que estaba en una bolsa. Había un dinero
mío, que tenía en una cajita de madera, y plata de Marta. Unos 45 mil pesos y 700 dólares”,
indicó Ricardo.
“Eran ahorros que uno tiene por las dudas, viste como son las
obras sociales. Por ahí tenés que hacerte una operación, no te cubren todo y necesitas el efectivo.
Pero es así. Por desconfiado uno no deja la plata en el banco y mirá lo que pasa”, analizó.
“Yo no le puedo echar la culpa a la policía, porque vos los ves patrullar y estos tipos (por
los ladrones) están agazapados esperando que te descuides para robarte”, concluyó.