Policiales

Robo fallido, feroz tiroteo y famoso ladrón abatido en barrio Belgrano

Fue como en la películas. Cuatro hombres acostumbrados a robar bancos y blindados llegaron hasta barrio Belgrano para asaltar un laboratorio de medicamentos veterinarios de Cullen al 900. Dicen que iban tras 180 mil pesos. Pero el dato falló, la policía llegó y hubo una balacera...

Sábado 22 de Diciembre de 2007

Fue como en la películas. Cuatro hombres acostumbrados a robar bancos y blindados llegaron hasta barrio Belgrano para asaltar un laboratorio de medicamentos veterinarios de Cullen al 900. Dicen que iban tras 180 mil pesos. Pero el dato falló, la policía llegó y hubo una balacera a la altura de los mejores thriller estadounidenses. Uno de los ladrones, de 35 años y oriundo de San Nicolás, cayó herido por las balas policiales y falleció antes de entrar al Heca. Este maleante es un viejo conocido de los vigilantes rosarinos ya que en 2002 estuvo detenido como sospechoso de integrar la banda que se llevó 400 mil pesos del banco Bersa de Corrientes al 300 el 15 de agosto de 2002.

  Un efectivo del Comando Radioeléctrico resultó baleado en un brazo. Y otro, un sargento primero de la seccional 14ª, persiguió a uno de los ladrones quien, al verse arrinconado en una oficina, tomó como rehenes a cuatro trabajadores. El vigilante —de 44 años y con su esposa en trabajo de parto de su séptimo hijo— le ofreció al ladrón un canje por los rehenes. "Ya está. Entregate", le dijo. Y tras diez largos e intensos minutos, el maleante accedió. El suboficial quedó en las manos del maleante con una pistola calibre 40 en su sien derecha.

  Luego llegaron dos altos jefes policiales que terminaron de cerrar la negociación. "Entregate. Esposate conmigo, salimos abrazados y nadie te va a matar", le dijo uno de esos oficiales al veterano ladrón, un hombre de 40 años, también oriundo de San Nicolás. El hampón quedó detenido en la seccional 14ª. Dos de los ladrones huyeron, uno de ellos en una Honda CBR 600.

 

El objetivo. Cullen entre Derqui y Marcos Paz parece un buen lugar para vivir. A tres cuadras de las Cuatro Plazas, en una casa de dos plantas se erige Pharmavet, laboratorio de medicina veterinaria que, según reza su página web, abastece el mercado interno y exporta a países de América, Asia y Africa.

  Ayer a las 17.40, unos 15 empleados estaban preparándose para irse. Todo estaba más relajado ya que, como el lunes 24 no hay actividad bancaria, los distintos vendedores que debían rendir sus ventas no pasaron por la oficina. "En una semana normal, habría cerca de 200 mil pesos un viernes y estos tipos lo sabían", describió una fuente consultada.

  Fabián agarró su motito para irse, abrió una de las dos puertas y se topó con un culatazo que lo derribó. Ese fue el principio del golpe que se desplegó como en una película de historias múltiples. Pero uno de los trabajadores pudo huir y se fue en auto hasta la seccional 14ª, que está a dos cuadras. Entró y se topó con el sargento José Galván. "Están choreando la droguería de Cullen al 900", dijo. Galván le pidió colaboración a dos móviles del Comando que terminaban de hacer un procedimiento. Una patrulla fue por Marcos Paz y la otra por Derqui. Cuando llegaron al laboratoriofueron recibidos a los tiros.

 

La balacera. "Estaba en el patio de mi casa, con los pies a remojo en una palangana, hablando por celular con mi hijo, cuando escuché los tiros. Primero pensé que eran cuetes, pero eran tiros en la calle. Y me metí adentro de mi pieza", contó, todavía conmovida, una vecina. En aproximadamente 40 metros, sobre el pavimento y la vereda quedaron registrados unos 30 círculos con tiza, rodeando las vainas servidas. Un Peugeot 504 amarillo recibió buena parte de los disparos. Y en la vereda de Pharmavet quedó tirada una Yamaha DT 125, una de las motos de los hampones.

  Las balas silbaban por todos lados. Un ladrón se parapetó contra la puerta del laboratorio. Otro cayó mal herido justo frente al Peugeot. Un tercero salió a toda carrera, cubriéndose a los tiros. Y el cuatro huyó en una Honda CBR. Cuentan los vecinos que este dobló por Derqui y antes de llegar a Fraga cayó del rodado. Pero se levantó y completó su huida. En ese intercambio, un agente del Comando recibió un disparo en su brazo derecho. Cercado por su destino, con su compañero agonizando en el piso, uno de los maleantes entró a la empresa. Caminaba como loco por el pasillo, con su Smith and Wesson plateada calibre 40 en la mano. Hasta que llegó a la oficina de Marketing.

  El sargento Galván lo siguió. El pasillo terminaba en la oficina de marketing, como un callejón sin salida. Ahí, en la oficina que está al lado de la fotocopiadora, estaban cuatro empleados. El ladrón los metió a todos en la oficina. Les dio precintos a dos para que se maniataran. Y a un tercero le apoyó el caño en la cabeza. "Nos dijo que nos quedáramos piolas porque nos iba a matar a todos. Cuando escuchamos los disparos, nos tiramos debajo de un escritorio Ahí fue cuando Mauro, el muchacho que tenía con la pistola en la cabeza, empezó a ponerse mal. Como que le faltaba el aire", comentó Matías, uno de los empleados rehenes de 29 años.

 

El gesto de Galván. El sargento primero Galván pasó 21 de sus 44 años en la fuerza. Tiene seis hijos y una de ellos también en la policía. "A la mujer de Galván la internaron ayer a la tarde en trabajo de parto de su séptimo hijo", confió una fuente consultada. El ladrón estaba acorralado en una oficina con cuatro rehenes. Y Galván tuvo un gesto poco habitual. "Ya está. Se terminó", le dijo al ladrón. Afuera Cullen era un hervidero de patrulleros y hombres de azul con sus armas en las manos. El vigilante le dio el arma a un compañero, le mostró al delincuente que no tenía otras armas y le ofreció un intercambio. Primero fue por uno y terminó siendo por tres rehenes. Mientras los retenidos salían del lugar, Galván se puso de rodillas y su captor le colocó la calibre 40 en la cabeza.

  Así arrancó una negociación interminable. "No quiero salir, ustedes me van a matar", le dijo el ladrón a los comisarios inspectores Jorge Wollschlejel y Daniel Barille. "Esposate conmigo y salimos abrazados. Nadie te va a disparar si salís con nosotros", negoció el primero. Pasaron casi 40 minutos hasta que el nicoleño Luis Emilio Carrera, un experimentado hampón de 40 años, aflojó. Y también los tres rehenes a los policías. En paralelo, el hampón herido, identificado como Amadeo Guillermo Masara, nicoleño de 35 años, fue trasladado al Heca pero murió antes de ingresar a la guardia. Los 15 empleados de Pharmavet que presenciaron la acción se ganaron el derecho de pedir un deseo extra en el brindis de Nochebuena. l

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