Martes 24 de Noviembre de 2009
"Venimos a hacer un pago". El anuncio sonó familiar en una distribuidora de la zona oeste habituada a ese tipo de operaciones los lunes a la mañana. Pero lo que parecía usual fue la llave a un acto inesperado: entre cuatro y cinco ladrones bien informados entraron al galpón, ataron con precintos a seis empleados y se llevaron un monto de 18 mil pesos, una computadora, un equipo electrógeno y la chata de uno de los fleteros.
Pero ese llamativo utilitario rojo y de vidrios polarizados no iría muy lejos: recorrió menos de 20 cuadras hasta ser interceptado por el Comando Radioeléctrico, que detuvo a un hombre de 37 años que había trabajado para la firma asaltada.
La visita. El monto sustraído de la Distribuidora de Publicaciones Rosario S.A. fue confirmado por fuentes de la investigación por la noche. Los ladrones también se llevaron celulares, billeteras y documentos de las víctimas. Obligaron a todos los empleados a tirarse al piso. Sólo agredieron al dueño de la chata, a quien le pegaron porque el vehículo no arrancaba.
Sucedió en un lapso de media hora en la distribuidora de La República 7481, frente a Circunvalación. La banda llegó alrededor de las 9 de la mañana y vio facilitado su trabajo porque la empresa está rodeada por depósitos de maquinaria agrícola e industrial. Nadie vio nada.
Por eso en ese sector de barrio Larrea el robo pasó desapercibido: "Nos enteramos porque un muchacho de la empresa vino a pedir que llamáramos a la policía. Lo único que sabemos es que un rato antes paró en la esquina un auto rojo y bajaron dos personas", contó Horacio, vecino que vive a la vuelta, en el pasaje 1520, también conocido como Los Cardos.
La firma funciona en un inmueble de dos pisos. Se ocupa del reparto de los periódicos Diario Popular, La Prensa, El Cronista y revistas que llegan desde Buenos Aires a las 4.30 de la mañana. A esa hora van al galpón los fleteros que, una hora más tarde, comienzan la recorrida por los quioscos. A media mañana regresan con la rendición y los ejemplares devueltos del día anterior.
Hasta allí llegó a las 9 un grupo de maleantes, en un vehículo sobre el que no existen precisiones. No fue casual que lo hicieran un lunes: es el día en que suele rendirse la recaudación del fin de semana. Una de las víctimas, sin identificarse, contó que uno de los ladrones se acercó al portón y anunció que iban a realizar un pago. Adentro estaban una secretaria, la encargada y cuatro fleteros que hacían la rendición en una oficina del fondo.
La secretaria fue a abrir y entonces irrumpieron "entre cuatro y cinco" asaltantes, "todos con fierros". "Yo estaba haciendo las devoluciones cuando un tipo me puso una pistola en la cabeza y me dijo que no lo mirara. Agaché la cabeza y le dije: Bueno, para dónde hay que ir", contó un fletero a quien, al igual que al resto, le sacaron el celular, la billetera y documentación.
A todos los condujeron a la oficina de la planta baja, les ataron las manos con precintos y los obligaron a arrojarse boca abajo. Reunieron la plata de los sobres con los 18 mil pesos y luego cargaron una computadora, una impresora y un equipo electrógeno en una Renault Express roja. Los ladrones tenían unos 30 años y se manejaban con soltura. La mayoría mantuvo la calma, "pero siempre hay uno que se hace el matón", comentó uno de los fleteros.
Irritado y violento. Es que uno de los asaltantes se exasperó porque no pudo arrancar la chata. "Es gasolera y hay que esperar a que calienten las bujías", explicó un colega del dueño del vehículo. Al propietario le pegaron una patada en la cara y un culatazo en la cabeza para que lo hiciera arrancar. Cuando eso ocurrió, les dijeron a las víctimas que permanecieran en el piso unos diez minutos.
Tras ese lapso, las víctimas comenzaron a romper los precintos con las trinchetas que usan para cortar los plásticos de los packs de diarios. Enseguida llegó otro fletero de su recorrida diaria que llamó a la policía y aportó la descripción de la camioneta robada. A los pocos minutos efectivos del Comando Radioeléctrico la interceptaron en Génova y Chaco, a unas 17 cuadras de la distribuidora.
El conductor advirtió que lo seguían, estacionó y se bajó caminando. Pero los vecinos lo apuntaron y quedó detenido. Se trata de José L., de 37 años, quien cuenta con antecedentes penales. Quedó imputado de encubrimiento. En la chata se halló la computadora y el equipo electrógeno, el dinero no.
Los empleados de la distribuidora, enterados del hallazgo, llamaron un remís y fueron al lugar. Cuando llegaron a Génova y Chaco advirtieron que el detenido era un viejo compañero de trabajo de la empresa Algo que explica, para los empleados asaltados, que los ladrones contaran con tan buena información.