Policiales

Roban $ 3 mil de una verdulería tras encerrar a los dueños y a dos clientas

Con la excusa de comprar unos tomates y un poco de lechuga, dos jóvenes delincuentes sorprendieron ayer al mediodía a una familia propietaria de una verdulería de barrio Azcuénaga. El matrimonio, dos de sus hijos y dos ocasionales clientas que tuvieron la mala suerte de llegar en el momento en que se producía el atraco...

Lunes 28 de Enero de 2008

Por Ariel Etcheverry / La Capital

Con la excusa de comprar unos tomates y un poco de lechuga, dos jóvenes delincuentes sorprendieron ayer al mediodía a una familia propietaria de una verdulería de barrio Azcuénaga. El matrimonio, dos de sus hijos y dos ocasionales clientas que tuvieron la mala suerte de llegar en el momento en que se producía el atraco, fueron encerrados en un baño. Así, los asaltantes, que estaban armados con un revólver y un cuchillo, cerraron la puerta del negocio y pasaron a la vivienda contigua al local, donde permanecieron durante varios minutos, los necesarios para revisar palmo a palmo el inmueble y apoderarse de 3 mil pesos y de los teléfonos celulares de las víctimas.
  “Por suerte no pasó a mayores”, reflexionó Graciela Ferrari, mamá de tres chicos (dos varones de 12 y 9 y una adolescnete de 15), en la puerta de su local de Rioja 5677, en la zona oeste de la ciudad. Habían pasado algunas horas de horas del asalto y la comerciante estaba con sus hijos y algunos vecinos aún consternados por el momento que vivieron. Sobre el mostrador del comercio aún estaba la bolsa de naylon con la mercadería que, supuestamente, los falsos clientes habían ido a buscar.
  A pesar de la pérdida de dinero, la familia tenía el consuelo de que varios electrodomésticos que los ladrones pretendían llevarse, como un reproductor de DVD, una PC y un equipo de audio, fueron dejados por los maleantes en plena calle porque su peso les dificultaba la fuga. “Cuando escuchamos que se iban, salimos del baño y quisimos correrlos. Cuando vieron que mi marido iba atrás de ellos, tiraron las cosas más pesadas para poder correr. Después se fueron por (calle) Pedro Lino Funes hacia Zuviría, donde aparentemente los esperaba alguien en un auto”, rememoró la mujer.

Falsos clientes. Todo se había desencadenado unos veinte minutos antes. Graciela contó que hace poco más de un mes que abrió con su marido la verdulería, montada en lo que sería el garaje de la vivienda. Eran las 12.40 cuando dos muchachos de entre 18 y 20 años entraron al negocio. La dueña recordó que estaban vestidos de forma casi idéntica, con bermudas y gorritas. “Uno tenía la cara redondita y el otro parecía más flaco”, dijo.
  Los jóvenes en principio se hicieron pasar por clientes. Pidieron un kilo de tomates y algo de lechuga. En ese momento Graciela estaba con Gustavo, su marido, y dos de sus hijos. En el momento en que los recién llegados decidieron exhibir sus armas (un revólver y un cuchillo), dos clientas del barrio hicieron su aparición repentina en el lugar. “Nos agarraron a todos y nos encerraron en el baño. Eramos seis personas dentro de un espacio muy pequeño. No nos pegaron, pero a cada rato decían que no nos moviéramos porque nos iban a reventar”, recordó Graciela.

Bajo control. Con la familia y las vecinas del barrio bajo control, los delincuentes cerraron con llave la puerta de la verdulería y se dedicaron a revolver la casa. Juntaron varios electrodomésticos, como una computadora, un reproductor de DVD y un equipo de audio, que fueron guardando en cajas y envolviendo con una frazada. Graciela señaló que los momentos más terrible para todos fueron cuando uno de los ladrones aparecía por el baño y los amenazaban con matarlos.
  “Venían a apretarnos una vez cada uno, pero siempre nos apuntaban con el arma de fuego. Decían que se las iban a agarrar con mi hija de 15 años y un montón de cosas horribles”, confesó Ferrari. Cuando los ladrones se marcharon, las víctimas salieron del baño e intentaron perseguirlos. Los asaltantes escapaban por Pedro Lino Funes hacia el norte, llevándose varios aparatos de la casa que debieron abandonar cuando vieron que con esa carga no llegarían muy lejos.

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