Recrean el acto en que un panadero mató a dos jóvenes
El panadero imputado por causar la muerte de dos jóvenes que, según el comerciante, lo asaltaron frente a un almacén de zona oeste retornó ayer al lugar del hecho. Lo hizo a requerimiento del tribunal que investiga el caso, que dispuso la reconstrucción del incidente, ocurrido en Riobamba al 4300, el 31 de agosto pasado.

Martes 11 de Noviembre de 2008

El panadero imputado por causar la muerte de dos jóvenes que, según el comerciante, lo asaltaron frente a un almacén de zona oeste retornó ayer al lugar del hecho. Lo hizo a requerimiento del tribunal que investiga el caso, que dispuso la reconstrucción del incidente, ocurrido en Riobamba al 4300, el 31 de agosto pasado.

Cuando terminó la medida procesal el abogado del comerciante, Víctor Corvalán, dijo que el acto corroboraba que su cliente, Germán Giosa, había actuado en legítima defensa. Por eso solicitará hoy su sobreseimiento.

La abogada Mariela Messiez, que patrocina a los familiares de Nicolás Morel y Alberto Matías Ascensio, los dos jóvenes que murieron en aquel episodio, hizo un planteo distinto. "Hay una sola versión, pero no es la única y tampoco la verdadera".

La medida ordenada por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara arrancó cerca de las 9.30 de ayer. Se extendió sólo media hora y se realizó en medio de un clima de hostilidad hacia el comerciante. "Asesino", le gritaban los parientes de los jóvenes fallecidos, del otro lado de una cinta perimetral.

Dos testigos. De la reconstrucción también participaron los dos testigos de la causa: el dueño del almacén al que Giosa planeaba entregarle un pedido de pan y una empleada. El hombre y la mujer confirmaron lo que habían señalado en una declaración brindada en el juzgado interviniente. Dijeron que presenciaron el momento en que el comerciante fue emboscado por los asaltantes, pero no distinguieron cuando el repartidor abrió fuego. "Ellos llegaban en un auto a la granja y vieron cuando los ladrones abordaban al imputado. Entonces tocaron la bocina para advertir lo que estaba ocurriendo y se alejaron del lugar. Cuando regresaron los cuerpos de las víctimas ya estaban tendidos en la vereda y en la zanja", explicó una fuente judicial.

Voceros de la causa indicaron que se "documentaron" las secuencias del suceso teniendo en cuenta los detalles que brindaron el comerciante y los testigos. "El imputado indicó los lugares y en qué posiciones estaban las personas fallecidas y él. También el sitio dónde se encontraban las armas", comentó el portavoz judicial.

El repartidor aseguró que se defendió a tiros de un intento de asalto de dos jóvenes que lo interceptaron armados. Sostuvo que bajó del auto y uno de los ladrones forcejeó con él mientras el otro le apuntaba con el arma. Dijo que el que estaba desarmado vio que tenía un arma debajo del asiento y le gritó a su cómplice: "Quemalo, quemalo". Según su declaración, el asaltante armado gatilló, pero no salió el proyectil. Entonces él recogió un revólver calibre 38 largo de su padre y abrió fuego. A Morel, de 15 años, lo hirió en el corazón y a Ascencio, de 19, en la cabeza.

Para Corvalán, en la reconstrucción quedó demostrada la verosimilitud del relato de Giosa. "Se confirmaron los dichos de mi cliente y de los testigos. El actuó en legítima defensa. Era la vida de él o de los ladrones, por lo tanto mañana (por hoy) voy a pedir su sobreseimiento", señaló el abogado.

Discordancia. Sin embargo, la lectura que realizó Mariela Messiez se contrapone con la de Corvalán. La abogada indicó que los familiares de los jóvenes sostienen que ellos no intentaron asaltar a Giosa y, que, en el momento del hecho, "pasaban por el lugar". Los parientes afirman, según Messiez, que los chicos no "eran delincuentes". Sin embargo, la abogada no precisó cuál fue la motivación del ataque que terminó con la vida de Morel y Ascensio.

La letrada explicó que, en la reconstrucción, se advirtieron incoherencias en las declaraciones de Giosa con relación a sus dichos en el expediente. "Hubo diferencias en cuanto al lugar donde se produjo el forcejeo, las posiciones y las ubicaciones del repartidor y de los chicos", comentó. También hubo, según ella, discordancias en los dichos de los dos testigos, pero no pudo aclarar cuáles eran las incoherencias.

No fue la única anomalía, según dijo, que aparece en el expediente. "En los cuerpos de los chicos encontraron una billetera con cinco pesos y un teléfono celular. El dinero era de Morel, pero el aparato no les pertenecía", señaló Messiez. La abogada señaló que intentarán determinar bien cómo ocurrió el episodio. "Hay una sola versión, pero no es la única y tampoco es la verdadera. El imputado no resultó herido, pero su abogado alega que actuó en legítima defensa", afirmó.