Policiales

Reclamaron que se esclarezca el crimen de Nair Riquelme

La chica tenía 20 años y fue asesinada la madrugada del 1º de diciembre en una casa de Washington al 1900. Allí vivía una amiga, herida un mes después

Sábado 02 de Febrero de 2019

"Venimos hasta acá porque es la zona donde mataron a Nair. Por más que me amenacen no tengo miedo. Si ya perdí a mi hija, que más me puede pasar". La mamá de Nair Riquelme peregrinó hasta Casiano Casas y Cavia acompañada de apenas ocho personas, entre amigos y familiares, quienes a pesar de la indiferencia del barrio y la comunidad, visibilizó el pedido de esclarecimiento del asesinato de la joven de 20 años, baleada en la cabeza la madrugada del 2 de diciembre en Washington al 1900 cuando visitaba a una amiga.

Ayer se cumplieron dos meses del crimen de Nair, ejecutada por sicarios dentro de una vivienda que se encuentra en un pasillo oscuro de una periferia pauperizada de Rosario, donde calle Washington se cruza con Cavia y ésta se topa con las vías del ferrocarril, a una cuadra del Puente Negro que cruza el arroyo Ludueña.

La joven salió de su casa en los confines de barrio La Cerámica y llegó la medianoche del 1º de diciembre para visitar su amiga Sheila, a quien identificaba como su "prima" del corazón. Esa chica en un momento salió de compras a un negocio del barrio. Fue cuando a la 1.30 desconocidos a bordo de dos autos (se presume que fueron un Volkswagen Fox negro y un Bora gris) llegaron al lugar y descargaron una ráfaga de disparos, uno de los cuales hirió de muerte en el cráneo a Nair, al parecer una víctima involuntaria más de los conflictos recurrentes entre bandas barriales.

Ante la falta de respuestas sobre el crimen, su mamá decidió convocar ayer a una marcha que apenas pudo juntar a ocho personas, entre familiares y amigos, para reclamar el esclarecimiento del caso que no tiene detenidos. El grupo salió de la casa de la joven, en Salvat al 2000, y recorrió en silencio durante más de media hora las calles de los barrios Rucci, Parque Field y Parque Casas hasta llegar a la esquina de Casiano Casas y Cavia, a unos 400 metros de la casilla donde Nair perdió la vida.

Casi en soledad y ante la implacable indiferencia de los vecinos, el pequeño puñado de personas con remeras blancas con una estampa en el pecho con la foto de Nair se plantó en un descampado. No estuvieron más de 15 minutos, esperando en vano la llegada de otras almas que se plegaran a un demanda que parece no conmover cuando se hace más allá de los bulevares.

Un solo pedido

Sin embargo Analía expresó el motivo de la convocatoria ante La Capital "Venimos a este lugar porque es la zona donde la mataron a Nair. No tengo miedo. Pedimos a las personas que vieron algo que declaren en Fiscalía, aunque entendemos el temor por las cosas que pasan en este barrio", expresó Analía.

Como el resto del grupo, la mujer apenas miraba de reojo el fondo de calle Cavia y evitaba señalar o hacer ademanes ampulosos para referirse al lugar donde mataron a su hija. Es que en ese territorio hostil y marcado como problemático, todos tenían plena conciencia de que su presencia podía generar el recelo de algún actor violento.

Sobre la posibilidad de que Nair haya sido una víctima involuntaria de la pelea entre bandas que se disputan el territorio para la venta de droga, y con el antecedente de que Sheila fue baleada el 14 de enero pasado, la mujer no quiso arriesgar hipótesis alguna, aunque razonó: "Por lo que pasó después tengo que pensar que el ataque era para Sheila", que en realidad se llama Maira Ayelén y que se recuperó de una grave herida que recibió por un tiro en la cabeza.

Sin estridencias, el grupo cerró la austera manifestación con un tenue aplauso opacado por el trajinar de autos y motos. "Ahora soy la voz de ella porque ya no está, y no me voy a callar", se desahogó Analía. Y como ultima petición dejó el firme reclamo para que se esclarezca el crimen de su hija, una joven comprometida que colaboraba con la ONG Manos Solidarias .

En el rostro y en las frágiles palabras de la mujer supuraba el dolor por la indolencia de vecinos, autoridades y toda una comunidad que sufre en carne propia, cada vez con más crueldad, muertes violentas con víctimas ajenas a cualquier conflicto.

La realidad marca que quedaron solos. Y con ese panorama en un entorno ajeno al reclamo y que hasta pudo ser hostil, los manifestantes se disgregaron en silencio y sin estridencias por calles de un territorio dominado por permanentes denuncias de balaceras.

pocos pero fuertes. La madre de Nair, sus familiares y amigas ayer.

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