Policiales

Ratificaron la condena a un joven por un crimen a tiros en villa La Boca

Leonardo “Chizito” Moyano deberá pasar 14 años tras las rejas por la muerte de Cristian “Pitín” Ocampo en enero de 2012.

Miércoles 10 de Septiembre de 2014

La madrugada del 14 de enero del 2012 Cristian “Pitín” Ocampo, de 18 años, escuchaba música con un grupo de amigos en la vereda de su casa de Pasaje 1114 al 3100, en la villa La Boca, cuando aparecieron varios motociclistas y abrieron fuego contra el grupo. Uno de los tiros le perforó la cabeza a Ocampo, que se derrumbó malherido al suelo ymurió dos días después en el Hospital de Emergencias. Por el crimen y, tras un proceso de más de dos años, el juez de Sentencia Julio César García condenó a 14 años de prisión a Leonardo Andrés “Chizito” Moyano por los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y la participación de un menor de edad y portación ilegítima de arma de uso civil.
  Ahora tres camaristas penales ratificaron esa sentencia. Por el asesinato también fue detenido Brian Axel Emanuel “Chan” Di Benedetto, un chico de 16 años que fue asesinado a balazos el 7 de enero de 2013 cuando intentó asaltar a un comisario inspector retirado en barrio Belgrano.
  Cinco días después del crimen de Pitín, la madre le contó a este diario cómo había ocurrido el suceso. “Pasaron entre cinco y seis tipos en motos y dispararon hacia donde estaba mi hijo con otros chicos escuchando música. Los que mataron a mi hijo son Chan y Chizito”, dijo la mujer, a quienes sindicó como integrantes de una gavilla autodenominada “Los fantasma de Cali”, recordando al grupo más representativo de la cumbia de Rosario.
Errores groseros. Cuando la fiscal Cristina Herrera tomó en sus manos la investigación sobre el asesinato de Ocampo la causa estaba radicada en el juzgado de Instrucción 7 con autores no individualizados. En el sumario de la comisaría 18ª estaba sólo el parte preventivo del día del crimen. Entonces Nilda, la madre de Pitín, le dijo a la fiscal que los vecinos no querían atestiguar en la comisaría porque tenían miedo y sospechaban que la seccional le daba cobertura a los matadores.
  Entonces, lo primero que hizo la fiscal fue pedir el sumario a la seccional tal como estaba. Una de las irregularidades que encontró es que el día del crimen la Policía Científica fue convocada al lugar, pero la dirección que les dieron en la comisaría fue de un sitio ubicado a tres cuadras de donde mataron a Pitín. El resultado fue lógico: no levantaron evidencia alguna. Eso fue denunciado por Herrera y las autoridades de la seccional fueron separadas y se les inició una causa penal por mal desempeño.
  Sin embargo, dos semanas después del asesinato, los peritos fueron al Pasaje 1114 al 3100 y hallaron un plomo deformado en el piso, vaina que por sus características se trataría de una bala calibre 38 largo. Luego el equipo de trabajo de la fiscal comenzó a tomar declaraciones a los testigos en diferentes horarios, por fuera del habitual de atención de Tribunales, para que en la villa La Boca ningún vecino se enterara quién era el que declaraba.

Fotos en las redes. Otro de los puntos en los que se basó la pesquisa fueron distintas fotos de los sospechosos en las redes sociales. Uno de ellos posaba con un revólver calibre 32-20 marca Suizo que era coincidente con el arma utilizada para matar a Pitín.
  En una audiencia pública de apelación, el abogado Luis Tomasevich, defensor de Moyano, remarcó como contradictorios los dichos de algunos testigos. Recordó que uno de ellos dijo que en una de las motos iban tres personas y que dos de ellas eran Chan y Chizito. “No llevaban gorras y los pude reconocer”, dijo el testigo.
  Tomasevich también sostuvo que otro testigo comentó que iban seis personas en las motos, con buzos, capuchas y gorras, y que “no los pudo ver bien”. También afirmó que los tiradores eran Di Benedetto y Moyano. “El juez (por García) se basó para dictar el fallo en testigos de oídas y rumores o por haber insertado dentro del proceso a testigos quizás parciales o con enemistades hacia los Moyano”, afirmó el abogado defensor.
  Tomasevich señaló que en el debate penal no se valoraron los testimonios de los médicos que dijeron que su cliente no podía conducir una moto a raíz de que tenía una férula. Y requirió la absolución de Moyano.
  A su vez, la fiscal de Cámaras María Eugenia Iribarren señaló que a partir de los dichos de los testigos “no quedan dudas de que existía un conflicto entre Chizito y Chan, dando cuenta de su pertenencia a «Los fantasmas de Cali»”. Además, la responsable de la acusación dijo que todos los testigos describieron el temor que este grupo generaba en el barrio y recordó un incidente ocurrido seis meses antes del crimen de Pitín en el que Ocampo salió en defensa del hijo de una mujer que había sido asaltada por “Los fantasma de Cali”. “A partir de ese momento comenzó una saga de amedrentamientos, amenazas, disparos y exhibiciones de armas de fuego que teminaron con la muerte de Ocampo”, afirmó Iribarren.

Datos precisos. La fiscal recordó que dos testigos dijeron que pasaron dos motos con al menos tres personas en cada uno de los rodados. “Una de las motos era conducida por Chizito, a quien acompañaban Chan y otra persona. Todos dispararon gritando «acá les caímos. Acá vinimos», pero el tiro que hizo Moyano terminó con la vida de Ocampo”, señaló.
  Para confirmar el fallo, la camarista Carina Lurati se basó en que los testigos han sido muy claros al apuntar a Moyano como uno de los que disparó. “Las reglas de la lógica y la experiencia indican que cuando una persona que habita el lugar donde se disparó a mansalva contra un grupo de personas y declara dando detalles de los agresores es difícil que mienta. El temor propio de ser víctima nuevamente de disparos, o ser víctima sólo por atestiguar haber visto una agresión semejante no permite suponer que esa persona pueda mentir para involucrar a un inocente que pueda por sí o por medio de su familia o amigos agredirlo en el futuro”, afirmó.
  Lurati también objetó el argumento de Tomasevich acerca de que su cliente no podía manejar una moto porque tenía una férula a raíz de que había recibido un balazo en octubre, tres meses antes del crimen. “No puede sostenerse que la férula estuviera colocada tres meses después porque el téjido óseo ya debería estar sellado”, dijo.
  Carlos Carbone y Adolfo Prunotto Laborde, los otros dos camaristas que intervinieron en el caso, coincidieron con el dictamen de Lurati.

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