Policiales

Ratifican once años de prisión para un hombre que mató a su pareja

La sentencia de segunda instancia recayó en Carlos Marcelo Irusta por el crimen de Alejandra Chávez, ocurrido en octubre de 2012 en una vivienda del barrio La Cerámica.

Miércoles 03 de Junio de 2015

Carlos Marcelo Irusta, un albañil de 26 años, deberá pagar con rejas haber asesinado a su concubina de un balazo en el pecho en medio de una discusión, la madrugada del 31 de octubre de 2012 en una vivienda del barrio La Cerámica. La Cámara Penal confirmó, en audiencia oral y pública, la condena de 11 años de prisión que le impuso la jueza de Sentencia Isabel Más Varela al encontrarlo culpable de los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y tenencia ilegal de arma de uso civil sin la debida autorización legal.

Aquel día Alejandra Vanesa Chávez tenía 27 años y dos hijos pequeños de una pareja anterior. Desde hacía poco más de tres meses vivía en pareja con Irusta, de 23 años, en una humilde vivienda de pasillo de calle Molina 2792. A las 2 de la madrugada, según relataron la madre, la hermana y un cuñado de la víctima, la pareja mantuvo la enésima discusión solventada en los celos que el joven tenía hacia su compañera.

"Cuando ella (Chávez) entró a la pieza, me dijo qué hacía ahí. Y yo le dije que me iba a dormir. Entonces me dijo: «Agarra tus cosas y andate, porque si no te voy a tirar agua». Agarré una bolsa con ropa y la puse arriba de la cama, al costado mío. Ahí agarré el arma que tenía (un revólver calibre 32) escondido entre el colchón y la pared. Cuando la agarré y la doy vuelta para ponerla en la bolsa, se me escapó el tiro". Así relató Irusta el momento en el que disparó contra Chávez impactándola en el pecho. "Mamá, me dio, me dio", alcanzó a gritar la mujer a su madre, quien llegó en su auxilio. La mujer murió por una hemorragia masiva de tórax. Mientras tanto, Irusta salió corriendo del lugar y dijo que en estado de shock se deshizo del arma. El asesinato de Chávez tuvo un solo testigo presencial: el hombre que fue acusado de matarla.

Hacinados y peleando. Chávez e Irusta convivían en un pequeño cuarto de una vivienda subdividida y dentro de un lote que compartían con otros integrantes de la familia de la mujer. La casa estaba ubicada al lado de un búnker de venta de drogas y, según dichos del vecindario, fue a uno de los soldaditos de ese lugar que el hombre le compró el revólver calibre 32 por mil pesos "cuatro días antes" del asesinato. Al resepecto, Irusta indicó que compró el arma por lo inseguro del barrio y por los constantes problemas que tenía la mujer con su ex pareja por la tenencia de los hijos.

Pero las excusas no alcanzaron. Irusta fue condenado por el juzgado de Sentencia 2 a la pena de 11 años por el hecho y esa condena fue apelada por la defensa. Así, el caso llegó a un tribunal pluripersonal la Cámara Penal integrado Otto Crippa García, Georgina Depetris y Alfredo Ivaldi Artacho que escucharon a las partes en una audiencia oral. Crippa estuvo a cargo del primer voto y fue el encargado de redactar la resolución que dejó firme la condena.

La abogada defensora de Irusta, Estrella Galán, cuestionó la calificación del hecho y explicó la mecánica homicida en el contexto de un accidente. La abogada indicó que, a su cliente, el arma "se le disparó involuntariamente, sin que la existencia de la discusión a la que se alude testimonialmente, tenga o sea una razón determinante de un disparo querido". Y resaltó que "Irusta desconocía que el arma estuviere cargada".

El fiscal Carlos Covani, en tanto, continuó con la línea esgrimida por el Ministerio Público Fiscal en primera instancia en la que solicitaron 25 años de prisión. E invocó que no se solicitó el encuadre como femicidio debido a que esa norma fue incorporada a la legislación penal a posterior del crimen de Chávez, más exactamente dos semanas después de cometido el hecho, cuando el 14 de noviembre de 2012, la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que prevé reformas al Código Penal. Entre ellas el femicidio.

Pericias y versiones. Otto Crippa valoró que los dichos de Irusta no tienen coherencia con el informe autópsico, que determinó que el proyectil "ingresó de frente, en la zona del pecho, de adelante hacia atrás, de arriba hacia abajo, y de izquierda hacia derecha, mecánica y dirección que resulta seria y gravemente contraria a la versión del imputado", según explicó la resolución. Y que el arma debió ser gatillada "ya que el revólver no tiene recámara (como una pistola". También valoró el informe de reconstrucciones integrales que desecha la versión de la defensa en base al estudio balístico que determinó que el disparo se efectuó a unos 70 centímetros y que se produjo a la altura del pecho de la víctima. Además, valoró que el acusado admitió la compra del arma, que huyó del lugar y que en su fuga pretendió hacer creer que la víctima simulaba.

Dijo Crippa García que Irusta obró con tendencia homicida "producto quizás de un instante de furia, enojo, enfado y/o despecho contra la mujer que lo estaba echando, donde no encontró otro camino para impedirlo o para atemorizar que usar la violencia, en una inadmisible estimación impulsiva". Y agregó: "La tenencia del arma, que ha indicado primeramente por razones de seguridad, luego ha mencionado que era ante la presencia de la ex pareja de la mujer, que sería una persona violenta, lo que implica que parecía estar dispuesta a usar el arma contra otra persona eventualmente". Irusta deberá purgar 11 años de prisión.

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