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Ráfaga de tiros a cinco personas en el club La Carpita: dos heridos

Otra vez el estampido de los disparos sobresaltó al vecindario del club La Carpita, de Junín e Iguazú, en barrio Ludueña. El jueves por la noche, dos sujetos se acercaron al portón enrejado sobre calle Iguazú y uno de ellos abrió fuego contra un grupo de cinco personas que terminaban de jugar al fútbol y se preparaban para comer un asado.

Sábado 02 de Febrero de 2008

Otra vez el estampido de los disparos sobresaltó al vecindario del club La Carpita, de Junín e Iguazú, en barrio Ludueña. El jueves por la noche, dos sujetos se acercaron al portón enrejado sobre calle Iguazú y uno de ellos abrió fuego contra un grupo de cinco personas que terminaban de jugar al fútbol y se preparaban para comer un asado. Fueron al menos cinco disparos. Los heridos son dos hombres de 40 y 42 años, quienes recibieron impactos de bala por debajo de la rodilla.

Los agresores no pudieron ser identificados ya que llevaban puestos cascos, como lo exigen las leyes de tránsito, y tan pronto dejaron de disparar desaparecieron. Las víctimas fueron trasladadas al hospital Centenario y están fuera de peligro.

Desde una década atrás, cuando la base de un sector de la barra brava de Rosario Central se instaló en La Carpita, cada vez que hay una balacera en inmediaciones de la esquina de Junín e Iguazú automáticamente se piensa en la interna de la hinchada auriazul.

Si bien hubo de todo en la cronología de grescas por el control de la hinchada, esto que se presenta como un ajuste de cuentas estaría por fuera de las disputas entre canallas, según la mirada de los pesquisas. La mecánica de lo sucedido, narrada por los que estuvieron en el lugar y no resultaron heridos, parece extraída de la película colombiana "La Virgen de Los Sicarios".

El escenario.

El jueves por la noche las luces de la canchita están encendidas. Señal inequívoca de que había un partidito. Según los vecinos, que hablaron bajo expreso pedido de reserva de identidad, en el club había unas 30 personas. En el salón de juegos de club, donde está la barra del bufé, los más viejos del barrio estaban jugando a las cartas, más específicamente al mus.

En la cancha de fútbol a cielo abierto el partido estaba a punto de terminar. "El gol gana", se escuchó, mientras alrededor del rectángulo de juego varios pibitos correteaban y los asadores le daban el último toque a la carne. Y fue justo en ese momento cuando la calma se alteró.

La Carpita es el nombre popular por el que se reconoce al club Deportiva Unión Central y a la biblioteca Popular Amor a la Verdad. Hasta no hace muchos años era un lugar reconocido por sus bailes populares, sus veladas boxísticas y por la habilidad de los que ahí jugaban fútbol de salón. Tiene un amplio salón para fiestas y una cancha de fútbol cinco al aire libre, con parrilleros en una de sus cabeceras. Además en ese lugar funciona un jardín de infantes. Pero el presente del club es otro y cuentan que pocos son los quedan de los 300 socios que supo tener.

El ritual de los tiros.

Dos de los balazos tuvieron como destinatarios a Antonio Miguel S., de 42 años, y Julio César N., de 40. Fueron heridos a la altura de la pantorrilla de la pierna izquierda. "Pense que eran cuetes, de esos que explotan en ráfaga, pero enseguida nos dimos cuenta de que eran tiros", comentó un hombre mayor que fue testigo del momento en el que a los heridos los cargaron en un auto particular para llevarlos hasta el Centenario.

Para cuando un grupo de los muchachos que estaban en el club, entre los que había algunos integrantes de la barra según los vecinos, de los de la moto no queda ni rastros.

"Esto en un club de barrio como La Carpita no puede seguir pasando. Imaginate si un balazo le pegaba a uno de los pibitos. ¿Y si era un día de semana al mediodía? Acá funciona un jardín de infantes donde vienen nuestros hijos. ¿Si se agarran a tiros a la salida de los pibes? Esto ya no da para más", dijo embroncado uno de los muchachos de tercera generación de los que viven en el barrio.

Los investigadores tratan de establecer si los dos heridos eran los objetivos seleccionados para los disparos. Los pesquisas se inclinaban ayer por la hipótesis de un ajuste de cuentas por drogas más que por una cuestión entre barrabravas.

A los heridos les tomaron declaración por la tarde en el hospital. Ambos dijeron no haber visto a los agresores. Admitieron tener relación con gente de la barra brava de Central pero dijeron descreer de que el ataque tuviera que ver con disputas de la hinchada.

Desde el portón enrejado color azul, que da a calle Iguazú, un hombre que bajó de una moto sin sacarse el casco se parapetó y comenzó a disparar hacia un grupo de cinco de los muchachos que habían terminado de jugar el picadito. Pum, pum, pum, hasta llegar a cinco detonaciones.

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