Sábado 11 de Abril de 2020
La confusión que la cuarentena ha instalado en la vida cotidiana, las cambiantes reglas de juego de la bancarización online y aquellos que se dedican al rubro de las estafas se conjugaron en perjuicio de una mujer y su hija que pretendían vender un juego de muebles a través de una aplicación de Facebook. Las víctimas terminaron “entregando” una cuenta bancaria en la que sorpresivamente les acreditaron un préstamo jamás solicitado unos 500 mil pesos de los cuales más de 300 mil ya les fueron quitados a pesar de que, desde el banco, les aseguraron que habían bloqueado las operaciones tras detectar el engaño.
La estafa es investigada por una Fiscalía de Rosario y ayer las damnificadas esperaban que el banco al menos volviera para atrás el préstamo que otorgaron sin que ellas lo solicitaran y que deberían devolver durante los próximos seis años.
La venta
El origen de la estafa se remonta al domingo 29 de marzo pasado. Cerca de las 14 una joven recibió un mensaje a través de Facebook del perfil de una supuesta mujer (se reservan las identidades a pedido de los investigadores) que se mostró interesada en comprar un juego de mesas y sillas que su hija había publicado hace dos meses en la plataforma de compraventa Market Place. La supuesta interesada le pidió un celular para contactarse y la joven le dio el de su madre, de 57 años y titular de la cuenta bancaria, ya que así habían vendido varios artículos en esa misma plataforma.
La mañana siguiente un hombre llamó a la titular de la cuenta. Le contó que era el novio de la interesada en los muebles y que quería coordinar el pago y posterior entrega. Para concluir la operación, acordada en 20 mil pesos, el hombre le pidió a la denunciante que le enviara el CBU para transferirle el monto y ella se lo envió por WhatsApp.
Una hora más tarde, la mujer recibió por ese medio una foto desde un cajero automático. El presunto comprador le decía que no podía realizar la transacción, que se había contactado al banco sin especificar a qué entidad y que se había “tomado el atrevimiento de facilitarle el número de celular” de la denunciante para que un operador bancario se comunicara con ella con el fin de destrabar la “malograda” transferencia.
Un problema
Tres horas más tarde, relató la víctima, llegó esa presunta llamada del banco desde un número oculto. Era un tal “Lautaro” que le dio su DNI y se identificó como operador del banco donde la denunciante tiene cuenta. “Señora, hubo un problema por el depósito que le hicieron a usted. Por un colapso del sistema, el cajero le tragó la tarjeta a la persona que lo hizo”, explicó “Lautaro”, quien acto seguido comenzó a “corroborar” datos personales de la mujer como el DNI, que evidentemente conocía. “Vamos a tener que hacer una operación porque en este momento en su cuenta hay 5.200 pesos. Así podrá ver reflejado el depósito de 20.000 pesos. Pero no puede ser desde la computadora de su casa, se va a tener que dirigir al cajero más cercano a su domicilio”, explicó el presunto empleado.
Que su interlocutor conociera sus datos hizo que la víctima confiara en que estaba hablando con un empleado del banco del cual es clienta. La mujer puso esa conversación en altavoz para que su hija pudiera escuchar. El “empleado” les explicó que para autorizar el depósito tenían que ir a un cajero automático de la entidad y generar una clave Token.
Con el presunto empleado al teléfono, las mujeres fueron hasta una sucursal del banco en cuestión que estaba cerrada lo cual impedía consultar a otro empleado que estuviera en el lugar. En ese momento, quien estaba al teléfono le pidió a la denunciante el código de asociación que figuraba en el ticket impreso tras la generación del Token.
Al volver a su casa la hija le propuso a la madre instalar en su celular la aplicación de homebanking. La mujer accedió, pero cuando intentaron ingresar on line el sistema les rechazó el usuario y la clave que tenía registradas. En ese momento la volvió a llamar “Lautaro” desde otra línea telefónica. El presunto operario les dijo que se había bloqueado el proceso de autorización porque ella había intentado ingresar on line, por lo que era necesario generar una nueva clave Token.
A esa altura la denunciante dudó de lo que le decía el empleado, pero éste le explicó (con la solidez típica del timador) el funcionamiento del proceso bancario y la convenció de por qué la había vuelto a llamar.
Sorpresa
Tres horas después llegó un curioso mensaje al celular de la mujer. Le notificaban que se había registrado a otra mujer como “nuevo destinatario de transferencias” de su cuenta. Y etonces volvió a llamar al laborioso “Lautaro” para contarle que, a raíz del colapso del sistema bancario por la falta de atención personalizada por la cuarentena se le habían acreditado “de manera errónea” en su cuenta 448.312 pesos que correspondían a la mujer mencionada en el mensaje de texto.
La denunciante le dijo a “Lautaro” que ese dinero no le pertenecía y que jamás había pedido un préstamo. Ya fuera de horario bancario se dirigió a un cajero para resolver ese problema. Sin embargo, a pesar de seguir las instrucciones del empleado, la operación no le fue autorizada. Cuando se lo comunicaron al operario éste les dijo que no se preocuparan, que a la mañana siguiente volverían a comunicarse.
A esa altura las dudas acechaban a madre e hija, que comenzaron a reconstruir lo ocurrido en ese día. Empezaron a buscar información en la web y advirtieron que el DNI dado por el empleado al identificarse era de una joven bonaerense.
Súper préstamo
Así empezó a correrse el velo de la estafa. La denunciante revisó sus mails y encontró, además de las notificaciones de los cambios de claves de su cuenta, otros tres correos estremecedores. El primero daba cuenta de un “aviso de alta de súper préstamo preacordado por 448.312 pesos a pagar en 72 cuotas, la primera el 30 de abril”. El monto no sólo era el mismo que correspondía a la otra mujer, sino que esa persona también figuraba como “nuevo destinatario de transferencias” de su propia cuenta y tenía otra dirección de correo electrónico. Entonces, el siguiente mail del banco le informaba a la denunciante que se había “realizado con éxito” el cambio de su correo electrónico vinculado la cuenta de banca on line.
Con estas novedades, la mujer le envió un mail a su ejecutiva de cuentas para dar cuenta del fraude y que recompusiera las cosas. Minutos después quiso comunicarse con una línea oficial del banco en cuestión. Pero al ingresar la clave y el DNI que requería el contestador automático la respuesta era que la combinación era inválida. A esa altura ya era evidente que alguien se había quedado con su cuenta, había cambiado las claves para operar y obtenido en su nombre el préstamo que en cualquier momento se iba a esfumar de su cuenta y ella debería devolver durante seis años.
Pasadas las 22.30 de ese día las mujeres lograron comunicarse con una operadora en la ciudad de Buenos Aires. Le contaron el fraude del que habían sido víctimas y ésta, sin dejarlas terminar el relato, les dijo que “lo único que podía hacer” era bloquear la cuenta y las tarjetas vinculadas. Tras ello les dio un número de operación y les dijo que al día siguiente otro operador se iba a comunicar con ellas por el reclamo del préstamo nunca solicitado.
Ese día, martes 31 de marzo, era feriado y por ende no hubo comunicación oficial del banco. Quien sí llamó desde el celular de siempre fue “Lautaro”, quien insistió entre las 8.30 y las 20 sin que lo atendieran.
Tarde
Finalmente, el 1º de abril la denunciante recibió el llamado de su ejecutiva de cuentas que le contó que ingresó al sistema, corroboró lo dicho por la víctima y le comentó que a través de la gerencia del banco iban a intentar volver todo atrás. También le pidió que le enviara un mail para autorizar “todo tipo de bloqueo” de su cuenta.
Parecía ser tarde: en ese momento comenzaron a entrar en su casilla de correos mails del mismo banco que daban cuenta de las trasferencias que se estaban realizando a pesar de que dos días antes una empleada desde Buenos Aires les había asegurado el bloqueo de la cuenta.
La denunciante veía esfumarse de su cuenta tres transferencias por 99 mil pesos y otras dos por 20 mil cada una. Luego recibió otra notificación de cambio de correo electrónico, que esta vez volvía a ser el suyo. Al comentarle a su ejecutiva de cuenta, ésta negó que el banco hubiese hecho esa gestión y le comunicó que habían pedido los datos de la persona que había operado fraudulentamente para investigar. Pero además tenía una mala noticia de parte de sus superiores: no se podía volver atrás con el préstamo que ella jamás solicitó.