Policiales

Quedó firme la pena de prisión perpetua para los asesinos de Fabricio Zulatto

Andrés Soza Bernard, que ya había matado a su novia, y Omar Motier habían sido sentenciados en agosto por el crimen del jugador de futsal.

Viernes 14 de Febrero de 2020

La condena a prisión perpetua de los dos acusados por el brutal crimen del jugador de futsal Fabricio Zulatto, cometido en agosto de 2016, fue confirmada ayer en forma unánime por la Cámara Penal. En una breve audiencia que se desarrolló ayer al mediodía en los Tribunales provinciales de Balcarce 1651, los tres jueces del tribunal de revisión dieron cuenta de la parte resolutiva de la sentencia, en la cual no hicieron lugar a las apelaciones de las defensas y respaldaron la sentencia de primera instancia.

   El cartonero Omar Darío Motier y el licenciado en comercio exterior Andrés Soza Bernard habían sido condenados en agosto a la pena de prisión perpetua como coautores de un homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria y agravado por el uso de arma de fuego. La condena fue apelada por las defensas con varios planteos relativos a la prueba y a la constitucionalidad de la pena de prisión perpetua. Pero los jueces Gustavo Salvador, Gabriela Sansó y Carina Lurati confirmaron el fallo de manera unánime.

   Ese es el veredicto que dio a conocer el juez Salvador ante Motier, representado en la audiencia por el defensor público Francisco Broglia, y Soza Bernard, asistido por la defensora Gabriela Valli. Por la Fiscalía de Homicidios estuvo presente la fiscal Georgina Pairola y por la parte querellante la abogada Juliana Tagliatti, del Centro de Asistencia Judicial. Además de la pena, los jueces mantuvieron la declaración de reincidencia de Soza Bernard, quien ya había sido condenado a 17 años por comercialización de drogas y por el crimen de su novia Gabriela Núñez, cometido ocho años antes. La chica de 16 años fue ejecutada con un disparo en la cabeza cuando salía de una clase de inglés en Sucre y San Juan, el 5 de agosto de agosto de 2008.

   Un tramo del fallo de 45 páginas, que fue dado a conocer por escrito a las partes, asevera que “dar crédito al argumento defensivo implicaría dar paso a un marco de ingenuidad intolerable al momento de apreciar la prueba”. En la sentencia, todos los puntos en apelación fueron rechazados.

   Los dos acusados habían sido condenados por los jueces Ismael Manfrín, Juan Carlos Curto y Gastón Becerra tras el juicio oral por el crimen de Zulatto, quien fue asesinado con tres tiros en la cabeza y cubierto con escombros en la letrina de un búnker de Génova al 2100. En el juicio la Fiscalía planteó que Soza Bernard le vendía drogas a la víctima y que en un plan movido por “la ira” le ofreció 20 mil pesos a Motier para perpetrar el crimen. Lo que habría motivado el ataque fue algún “comentario desafortunado” de la víctima en un momento en que Fabricio estuvo solo con Soza Bernard, considerado “una persona irascible”.

   Fabricio Zulatto tenía 21 años y jugaba al futsal en Newell’s. Había terminado el secundario en la escuela Brigadier López y trabajaba con su padre en venta de indumentaria. La tarde del martes 9 de agosto de 2016 salió de su casa de zona sur en su Volkswagen Gol Trend tras avisarle a su madre que iba a comprar un cargador para el celular y a almorzar con dos amigos. A las 15 le envió un mensaje por WhatsApp a su novia, que estaba en el exterior. Desde entonces se le perdió el rastro.

   Su familia denunció la desaparición al día siguiente. Los amigos de Fabricio salieron a buscar el auto y esa tarde lo encontraron en Suipacha al 700. Le faltaba la patente delantera y habían adulterado la de atrás. Recorrieron la cuadra en busca de cámaras y dieron con un video donde se veía bajar por el lado del acompañante al sujeto que se deshizo del auto. Lo reconocieron como “Andrés”, un dealer al que solían comprarle drogas en la zona del Patio de la Madera. En ocasiones, contaron, el propio Fabricio acercaba a Andrés en su auto hasta el búnker de Génova al 2100.

   Casi al mismo tiempo, un informante reveló a la policía que al muchacho lo habían asesinado y enterrado en el patio de esa casa de “Pilo” Motier, quien fue detenido allí el jueves 11. En el lugar se encontraron escombros sobre una letrina. A un metro de profundidad estaba el cuerpo de Fabricio, vestido con una camiseta de Newell’s como al salir de su casa y con tres balazos en la cabeza. Lo habían asesinado a las 17 del martes en que desapareció.

   En el rancho también fue apresado un acusado de encubrimiento que luego recuperó la libertad y sigue prófugo, quien dijo que ese día volvía de su trabajo en una cooperativa de cartoneros cuando se encontró con Pilo y Andrés, que tenía los pantalones manchados con sangre, tapando un pozo. Reveló que éstos le pidieron que terminara de tapar la letrina. Contó que Andrés, la persona que les proveía la droga que vendían en la casilla, le había pagado 20 mil pesos a Pilo para que matara al muchacho. A Soza Bernard lo apresaron a los pocos días.

   En el juicio un policía contó cómo se desentrañó el caso gracias al aporte de un informante cuando aún no daban con el paradero de Fabricio, mientras que peritos y un médico policial dieron cuenta de que el joven sufrió una feroz golpiza antes de que lo ejecutaran con la cabeza tapada con una campera de Newell’s. La fiscal Pairola dijo entonces que “fue fundamental la prueba que se pudo rendir en el juicio” y que los testigos “convencieron al tribunal con sus declaraciones y muchos expertos ?peritos informáticos, el médico forense? han colaborado para poder probar que ambos fueron coautores del crimen”.

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