Policiales

"Que no digan que fue el ladrón, porque a Jonathan lo mataron los policías"

La familia del joven que lavaba el auto y recibió un balazo mortal en medio de un tiroteo entre policías y un delincuente explicó con detalle cómo se produjo el incidente trágico.

Martes 06 de Enero de 2015

"A mi hermano lo mató la policía, que siguió disparando después de que el ladrón ya había sido herido y quedó tirado en la puerta de casa. Ahora dicen que desapareció un arma, pero nosotros la vimos al lado del ladrón y que un policía la tenía apretada debajo del zapato. Lo mataron como a un perro, que no digan que fue el choro porque fue la policía", insistieron ayer indignados los familiares de Jonathan Ezequiel Herrera, el joven de 23 años asesinado en la puerta de su casa mientras lavaba el auto. El muchacho recibió tres disparos al quedar en medio de un tiroteo entre la policía y un ladrón que había robado una juguetería en San Martín al 3500. Un informe preliminar de la autopsia revela que dos de las tres heridas que sufrió la víctima fueron producidas con balas calibre 9 milímetros, compatibles con las del uso policial. Cinco uniformados que participaron del procedimiento y que integran el Comando Radioeléctrico y la flamante Policía de Acción Táctica (PAT) fueron pasados a disponibilidad. Se peritan imágenes de una cámara de seguridad ubicada a pocos metros, esquirlas, vainas y armas oficiales.

Donde se extingue el bulevar Seguí hacia el este, en la intersección con Ayacucho. Justo en esa esquina donde comienza el pasaje Villar vivía Jonathan junto a sus padres, sus ocho hermanos y su pareja. Había sido padre de un varón hacía un mes y medio.

Como se dice, el bebé llegó con un pan debajo del brazo. A la felicidad del nacimiento, al poco tiempo el joven padre le sumó la de haber conseguido un trabajo como repositor de productos en la tienda Falabella, en Sarmiento y Córdoba.

El muchacho obtuvo el título secundario en la escuela Naval y tenía todas las intenciones de embarcarse para prosperar. Pero el domingo a la siesta esos sueños se desmoronaron. Mientras lavaba su auto Volkswagen Gol en la puerta de su casa y a tratar de refugiarse de una balacera detrás de un árbol, murió al recibir tres disparos: uno en la cabeza, uno en el pecho y otro en una pierna.

La explicación. En rigor de lo que denuncia la familia y de la observación que hizo La Capital en el lugar, emerge coherente la hipótesis de que la inocente víctima más bien pudo resultar abatida por los disparos de las fuerzas oficiales que por las balas del ladrón.

Las perspectivas, los trayectos, la posición de los uniformados de la víctima, la del menor que era perseguido, el lugar donde la víctima fatal cayó herida y las marcas que dejaron los plomos en sectores puntuales parecen avalar la versión que dieron a este diario dos hermanas de Jonathan y el padre.

En el hecho intervinieron un patrullero del Comando Radioeléctrico con 4 policías, que inicialmente realizaron la persecución desde el comercio asaltado, y 5 integrantes del cuerpo de Policía de Acción Táctica (PAT). Estos últimos bajaron imprevistamente de un colectivo en la esquina de Seguí y Ayacucho (sobre la estación de servicio Esso), y realizaron disparos hacia el lugar donde perdió la vida el joven.

Ayer al mediodía en el pasaje Villa 297 reinaba el clima de inmenso dolor pero también de profunda indignación. Desde el bulevar ya se observaba que la casa estaba repleta de gente: familiares, vecinos y amigos sentados sobre sillas en la puerta de vivienda, debajo de un alero de chapa de zinc hirviendo que los reparaba del sol.

Frente a la TV. Desde el interior de la casa se escuchaba la voz del presentador de noticias de Canal 5 con las novedades del caso. Toda la familia estaba alrededor del aparato. Cuando el locutor cerro el informe, entre gemidos y sollozos explotó el llanto sufriente, desconsolado, de la madre, el padre, la mujer, los hermanos.

Luego de unos minutos relataron la secuencia. "El chico (por el ladrón) venía corriendo por ahí porque había descartado la moto. En la esquina de la gomería, en Alem y Seguí, una mujer policía rubia lo apunto, lo paró, pero lo dejó seguir. No se qué pasó ahí. Se acobardó. El dueño del local lo vio y dijo que tiene deseos de declarar", indicó sobre el arranque de la persecución Marcelo Bianchi, el padre de Jonathan.

Sin vacilar. Lo siguieron Nadia y Julieta, hermanas de la víctima, quienes, sin decirlo pero con señalamientos muy concretos, apelaron a cuestiones simétricas para contraponer a la versión de que el delincuente de 17 años fue el homicida.

"El ladrón siguió corriendo (por el carril sur de Seguí hacia el este), y le comenzaron a disparar. Le pegaron dos tiros y quedó herido en la puerta de mi casa. El pibe ya estaba herido y ellos (por la policía) siguieron tirando", relató Natalia

En tanto, Julieta prosiguió. "Del susto, mi hermano salió corriendo para cubrirse de los disparos y se escondió detrás del arbolito. Es imposible que haya sido el choro, porque mientras el ladrón estaba tirado, la policía siguió disparando. Le tiraron a matar a mi hermano, lo mataron como a un perro. Fue la policía", insistía la joven con lágrimas en los ojos.

“Mira como será de imposible que haya sido el choro que detrás de Jonathan quedó pegado en la pared de la casa un pedazo de su cuero cabelludo, hay impactos por todos lados, que vienen de donde estaba el policía”, remarcó la joven.

En ese árbol la víctima cayó mortalmente al recibir un disparo letal en la cabeza, otro en el muslo izquierdo que se le aloja en la cadera derecha y uno en el pie izquierdo. Los dos últimas heridas fueron provocadas con balas calibres