Martes 30 de Septiembre de 2008
Cristian Altamirano, de 32 años, llegará hoy en notoria desventaja objetiva al tribunal que le imputa el asesinato de Manuel Novillo, de 41: un cúmulo de testimonios y elementos en su contra le atribuyen haber bajado de su auto y disparado a corta distancia contra otro vehículo, tras una discusión de tránsito en Rioja al 500 el domingo a la madrugada. Y a eso se suma el hecho de que la pistola calibre 11.25 Colt que le secuestraron no tenía numeración a simple vista, lo que sugiere que era un arma ilícita. Según la acusación, esa pistola fue la utilizada para matar de un tiro a uno de los pasajeros del otro auto.
Altamirano es empleado hace años como distribuidor de una empresa de productos lácteos, dijo su abogado, Jorge Alcaraz. Vive en Corrientes al 100 y es soltero. Ayer se abstuvo de declarar ante la policía. Está incomunicado, por lo que su defensor recién tomará contacto con él hoy en Tribunales. No se le conocen antecedentes penales. Su abogado, que lo conoce con anterioridad, dijo que se trata de una persona tranquila, y se excusó de pronunciarse del tema hasta tanto escuche la versión de su cliente.
Recién hoy el área de Criminalística aportará tres datos requeridos por el juez Javier Beltramone: si las vainas levantadas del lugar del crimen salieron del arma secuestrada, la distancia precisa a la que se efectuaron los disparos y si por debajo de la superficie del arma con un proceso de revenido químico aparece una numeración que hasta ayer no se advirtió.
El arrebato. La víctima del desmesurado ataque, Manuel Novillo, tenía 41 años. Desde hacía quince se ganaba la vida acomodando libros en los puestos de vendedores ambulantes instalados en la plaza Sarmiento. Estaba casado con Claudia Fernández, de 43 años, y la pareja tenía dos hijos: Daiana, de 10, y Nahuel, de 13, con quien vivía en el Fonavi de Parque Oeste. El nene tiene una discapacidad mental y asiste a la Escuela Especial Nº2.050. La única diversión del matrimonio, según contaron los familiares, era ir a bailar. El sábado fueron a Latino, una discoteca situada en Alem al 1100.
"Tomátelas, por que si no te voy a cagar a tiros", es la frase que los testigos adjudican a Altamirano, unos segundos antes de disparar contra el Peugeot 405 en el que iba Manuel, antes de recibir un balazo que le atravesó la cabeza en el asiento trasero del vehículo. El destinatario de la amenaza fue el hermano del hombre fallecido que guiaba el auto y había discutido con el agresor por un encandilamiento. El testimonio lo brindaron dos familiares del hombre asesinado.
Manuel Novillo y Claudia se habían encontrado en Latino con el hermano de él y la esposa, Carlos Alberto Novillo y Patricia —está embarazada de tres meses—. Cerca de las 5 del domingo, Claudia se sintió mal y entonces las dos parejas decidieron marcharse del boliche. Subieron al Peugeot 405 con una amiga de los dos matrimonios y Carlos se sentó al volante. Condujo por 1º de Mayo y cuando llegó a Rioja giró hacia el centro. Delante iba un Peugeot 206 negro con vidrios polarizados donde iba el conductor y dos mujeres.
La luz mala. El incidente se inició a raíz de que el conductor del Peugeot 405 llevaba las luces altas encendidas y esto molestó al hombre que manejaba el Peugeot 206. "El tipo lo encerró a Carlos y le cruzó el auto. Después se bajó y comenzó a discutir con él", contó un familiar del hombre asesinado.
En medio de la disputa, el del 206 recogió una pistola calibre 11.25 en su vehículo. "El tipo fue hasta donde estaba el auto y una mujer rubia le dio el arma", recordó Griselda Fernández, hermana de Claudia. En ese momento, el agresor, "un hombre robusto con aritos", lanzó la advertencia. "Tomátelas porque te voy a cagar a tiros".
El atacante ya tenía la pistola 11.25 en sus manos cuando una de las mujeres que estaban en su auto lo alentó a disparar. "Si no sos un cagón, tirale", lo animó una de las acompañantes, según contó Griselda a este diario. Asustado, Carlos reinició la marcha y el conductor del 206 abrió fuego a mansalva. Un tiro dio en una rueda delantera y otro en el guardabarros trasero. Un tercer proyectil atravesó el parabrisas e impactó en la cabeza a Manuel Novillo mientras dormía en el asiento trasero. El balazo ingresó por la nuca y salió por un ojo.
Camino al fin. Desesperada, Claudia le suplicó a su cuñado que acelerara la marcha. "Carlitos, apurate que a Manu le sale sangre por la nariz y los oídos", le rogó. Carlos enfiló para la comisaría 1ª en búsqueda de auxilio. Un vehículo de la dependencia policial lo llevó al hospital Provincial, pero su vida se apagó en el camino. "Manuel se murió apoyado en el hombro de Claudia", contó Griselda. Claudia habló brevemente ayer con este diario. Estaba bajo efecto de sedantes y dijo que referirá su terrible vivencia cuando se reponga anímicamente.
Por el suceso, la policía apresó a Cristian Altamirano, de 32 años. Tras la detención, los uniformados hallaron la pistola 11.25. Ayer, una fuente de la investigación policial señaló que el sospechoso de haber disparado el balazo mortal no tenía permiso para portar armas de fuego.
Eduardo Caniglia
La Capital