Procesaron a dos hombres por el crimen de un joven en La Lata
Desde que Sebastián David Castro fue asesinado una madrugada de enero de 2012 en una cortada de villa La Lata hubo dos versiones sobre lo ocurrido. Una indicaba que el joven de 28 años...

Viernes 12 de Abril de 2013

Desde que Sebastián David Castro fue asesinado una madrugada de enero de 2012 en una cortada de villa La Lata hubo dos versiones sobre lo ocurrido. Una indicaba que el joven de 28 años había sido apuñalado por dos vecinos, aunque no estaba claro por qué más allá de que le habían robado su moto y la ropa; por otra parte, familiares y vecinos de los acusados esgrimían un intento de atraco protagonizado por la propia víctima que había desembocado en una pelea fatal. Poco más de un año después, el complejo caso arrojó una novedad: el juez Gustavo Pérez de Urrechu procesó a los dos imputados al considerar que sus testimonios y los de sus parientes estuvieron orientados a desincriminarlos.

Así, el titular del juzgado de Instrucción Nº 13 procesó a Gerardo Fabián Ponce, de 41 años, y a Florencio Orlando Albornoz, de 36 y actualmente prófugo, como coautores de homicidio simple. En la misma resolución, les dictó la falta de mérito por el robo de la moto de Castro que también se les había imputado.

Golpiza. Castro murió por la hemorragia que le ocasionó un puntazo en su pulmón izquierdo. Eran las 4.30 de la mañana del 20 de enero de 2012 cuando su amiga Roxana F. levantó su cuerpo agonizante a mitad de cuadra del pasaje Cuzco al 1400 y lo llevó hasta la esquina de Paraguay al 3200. El joven, que trabajaba como repositor de supermercados, murió antes de llegar al Hospital de Emergencias.

Roxana, vecina de esa cuadra, contó que aquella madrugada Castro le había tocado el timbre para compartir una cerveza. Ella no quería beber, pero igualmente lo invitó a que la tomara en su casa. Primero sostuvo que él dejó ahí su moto y fue a comprar el porrón, aunque luego se rectificó y dijo que se había ido en el rodado.

Según su testimonio, minutos después escuchó gritos de mujeres que decían "pará, no le pegués más", y la voz de su amigo pidiendo que no lo mataran. "Salí corriendo y vi un montón de mujeres tratando de evitar lo que pasaba", afirmó Roxana al describir la escena en la que sus vecinos Ponce y Albornoz acuchillaban a Castro.

"Fabián tenía una cuchilla como de carnicería con mango blanco —recordó— y el otro uno más chico de mango negro. Adelante mío lo apuñalaban. Yo los insultaba para que lo dejaran, pero ellos seguían. A mí no me hicieron nada, sólo me amenazaban con matar a toda mi familia. Después alcé a Castro y lo cargué hasta que se desvaneció y quedó tirado. Mientras, uno de ellos golpeaba las puertas de los vecinos y a quienes salían les decía que (el herido) era un muchacho que había entrado a su casa para robarle a su madre".

Si bien entonces Roxana dijo ignorar los motivos de la agresión, días después aventuró: "Creo que fue porque le robaron la moto y las zapatillas, porque cuando yo llegué estaba en short, en cuero, descalzo y no tenía la billetera ni nada".

Asalto. Por su parte, los imputados y sus allegados brindaron otra versión. La madre de Ponce contó que esa madrugada, cerca de las 4, estaba acostada cuando escuchó que alguien golpeaba la ventana y gritaba que abrieran la puerta. Luego escuchó que saltaron al techo y un hombre entró por la puerta trasera de su casa, se metió en su pieza y la amenazó con un cuchillo.

"En ese momento entró mi hijo Gerardo y el hombre se fue hacia atrás sosteniéndome, tropezó con unos cajones de cerveza y caímos al piso. Mi hijo le intentó sacar el cuchillo, pero no pudo y se cortó la mano. Entonces entró mi nuera Marta, que oyó los gritos, abrió la puerta de calle y el hombre salió corriendo. Luego de un rato salí y vi a todos los vecinos en la puerta. El hombre estaba en la esquina de Paraguay y Cuzco todo ensangrentado. Oí que la gente decía que se autolesionaba solo, produciéndose cortes. No quise mirar", contó Elena.

Al ampliar su declaración dos meses después agregó que mientras el intruso la tenía del cuello oyó a una chica que desde afuera decía "apurate, agarrá lo que sirve o lo que sea y salí enseguida". Según afirmó, esa mujer era Roxana F.

El testimonio fue refrendado por Ponce, que dijo haber escuchado un ruido en la casa de su madre, lindera con la suya. "Pateé la puerta, entré y vi a un pibe que tenía a mi mamá del cuello con un cuchillo. Intenté sacárselo y ahí me cortó en la mano derecha. Forcejeamos y caímos los tres al suelo, sobre unas botellas de vidrio. Muy bien no recuerdo porque estaba renervioso, las botellas se rompieron. Yo creo que no me lastimé, el pibe me parece que se cortó", contó el imputado.

Por su parte, "Chiche" Albornoz relató que esa madrugada Castro había querido ingresar a la casa de su madre. "Golpeó la puerta y mi mamá abrió pensado que era uno de nosotros (por sus hijos). Quiso entrar pero le gritamos y salió corriendo. Como a la media hora salí y estaba la policía afuera en la esquina, los vecinos también", relató. Al ser consultado sobre por qué fue sindicado como presunto homicida, Albornoz dijo que no lo sabía. "Nunca tuve problemas con nadie. No me meto con nadie, de mi casa salgo para hacer changas".

Intento. El juez Pérez de Urrechu analizó las declaraciones de los involucrados y de varios vecinos citados a contar lo que sabían. Entonces cotejó las dos versiones originales con los testimonios y las pruebas colectadas por los peritos y la actuación policial.

Por un lado, apuntó una hipótesis que se desprende de las declaraciones de la madre de Castro sobre un mensaje de texto que recibió referido a que a su hijo le habían robado la moto y lo mataron cuando fue a recuperarla. Por otro, analizó la teoría del intento de robo previo.

En este sentido, el magistrado consideró la versión de los imputados como un intento por desvincularse del hecho. Por ejemplo, cuestionó que luego de rastrillarse la zona no se encontrara el arma blanca que supuestamente portaba el hombre muerto y de la cual en su estado agonizante no se habría podido descartar fácilmente. Además desestimó la pelea previa que Ponce dijo protagonizar en su casa, donde no se hallaron manchas de sangre como las que sí había en la calle a lo largo de los 63 metros que recorrió Castro hasta desvanecerse.

Por otra parte, le confirió verosimilitud a la versión de Roxana F. ya que las heridas sufridas por Castro y por los acusados son compatibles con la descripción que esa mujer hizo de la escena. El juez también citó el informe de reconstrucción del hecho que concluye que Castro habría sido abordado en la vía pública y, considerando que le faltaba ropa, calzado y su moto, presume que fue atacado "en primera instancia con fines de robo". Sin embargo, no encontró elementos probatorios de que alguno de los acusados se hubiera apoderado de esos elementos, por lo cual les dictó la falta de mérito respecto del robo del rodado.

En este sentido, también desvinculó a un hermano de Ponce porque "está acreditado que no participó en el hecho de la muerte de Castro, por encontrarse trabajando".

Ponce y Albornoz quedaron procesados por homicidio simple. El primero continuará en prisión y el otro tendrá que ser detenido ya que al cierre de esta edición estaba prófugo.

Una llamada "llamativa"

El juez Pérez de Urrechu remarcó la primera llamada que se efectuó al 911 la noche del crimen. Fue desde la casa de un vecino que le prestó el teléfono a la cuñada de Ponce. Según esa llamada, la mujer dijo "acá se están matando" y describió una escena. "Es llamativo —evaluó el magistrado— ya que al declarar, esta mujer alegó ser testigo presencial de que Castro habría ingresado al domicilio donde se habría producido las lesiones con las botellas de vidrio y que luego le abrió la puerta para que saliera".