Viernes 11 de Julio de 2008
La moto se detuvo en la esquina de Crespo y Garibaldi cuando en el lugar estaba reunido un grupo de amigos del barrio San Francisquito. El hombre que iba sentado detrás del conductor, sin bajarse del asiento, esgrimió un arma de fuego y disparó. Los pibes salieron corriendo. Pero Pablo Ferraresi, de 15 años, y que no integraba el grupo destinatario de la agresión, cayó en una zanja con el corazón destrozado de un disparo. El autor de ese balazo, dijeron numerosos testigos, fue un hombre de 34 años que poco después fue detenido y ahora resultó procesado como autor de homicidio agravado ya que lo cometió estando en compañía de su hijo adolescente.
Esa resolución tomó el juez de Instrucción Nº 11, Hernán Postma, tras escuchar a quince personas que señalaron a Roberto Tito A. como el autor de los disparos. Según la investigación judicial, ese fue el segundo hecho violento que habría protagonizado la noche del 10 de marzo pasado junto con su hijo de 14 años, a quien le dicen Matako y que es investigado en un juzgado de Menores. De acuerdo con la acusación, el hombre antes había amenazado y disparado al grupo de jóvenes desde un auto, aunque esa vez nadie resultó herido.
Entre bandas.Cuando Tito A. y su hijo fueron detenidos, la policía señaló que esos ataques habrían sido resultado de un choque entre dos banditas del barrio integradas por hinchas de Rosario Central y de Newell's. Aunque el motivo de las agresiones no se explicitan en el escrito judicial, el juez aclaró que Pablo Ferraresi era ajeno a la disputa y no pertenecía al grupo al que estaban destinados los balazos.
Todo comenzó aquella noche cuando tres personas vestidas con ropa de Newell’s se acercaron a bordo de un Peugeot 505 marrón claro hasta el grupo de pibes que estaba reunido en la esquina de Presidente Quintana y Alsina. Desde el auto los amenazaron y efectuaron varios disparos que obligaron a los jóvenes a dispersarse. Los pibes dijeron que quien tiró era Tito, acompañado de su hijo y un tercer hombre.
Un rato más tarde, los muchachos fueron a la casa del hincha de Newell’s y allí se produjo un incidente. Tras ello, el dueño de casa salió a buscarlos en una moto Guerrero Magic conducida por su hijo. En la esquina de Crespo y Garibaldi la moto se detuvo y volvieron a atacar a tiros al grupito. Pablo Ferraresi estaba junto a un árbol cuando un disparo le atravesó el corazón y destrozó sus órganos hasta alojarse en la ingle. Así y todo, el chico alcanzó a correr una cuadra en dirección a la casa de un tío, pero murió en la calle.
Los testigos.El adolescente había salido a las 21 de su casa de Centeno casi Avellaneda para reunirse con amigos. Por la tarde, había cursado el primer día de clases del año en la escuela Santa Isabel de Hungría, donde su padre era portero y él iniciaba el tercer año. "Era un pibe sano, tenía muchos amigos y lo quería todo el mundo. Era fanático de Central pero iba a la cancha con pibes de todo el barrio", remarcó al día siguiente el padre del chico, Víctor Ferraresi.
"Vi que Matako paró la moto y el padre disparó desde arriba para el lado donde estaba Pablo. Luego salieron hacia el lado de Iriondo", dijo un muchacho. Su testimonio fue similar al de otros 15 testigos que sindicaron a Tito por los disparos. Para el juez Postma, "a esta altura no puede dudarse" de que las heridas fueron efectuadas por él. También descartó que haya actuado en legítima defensa. Evaluó que, por el contrario, el resultado fue "querido y consciente". Eso dedujo del "poder vulnerante" del arma usada (el proyectil era calibre 22) y la escasa distancia que había entre la víctima y el homicida.
Lo procesó por homicidio agravado por la intervención de menores, amenazas calificadas por el uso de arma y agravadas por la intervención de menores y portación de arma de fuego de uso civil sin la debida autorización, delitos por los que ahora será sometido a juicio.