Lunes 20 de Octubre de 2008
Una huella digital que quedó impresa en un vidrio había incriminado a Juan Carlos Basso en el robo al banco Macro de Alberdi del 5 de febrero pasado. Pero aunque esa evidencia parezca inobjetable, la semana pasada el hombre quedó desvinculado porque una negligencia policial al obtener la muestra invalidó la prueba.
Por un descuido al obtener una impresión dactilar, la Cámara Penal revocó el procesamiento de Basso, de 42 años, quien estaba acusado de participar en el asalto en banda al banco de Rondeau al 1200. De allí, al menos tres hombres se llevaron casi 20 mil pesos y se cruzaron en un tiroteo intenso con la policía en la puerta.
A partir de la decisión de la Cámara, un juez de primera instancia deberá dictarle la falta de mérito a Basso. Eso no lo desliga del todo de la causa, pero es el paso previo al sobreseimiento en caso de que no se incorpore nueva prueba en su contra.
De todos modos Basso seguirá preso porque cumple condena en otra causa. Gozaba de una salida transitoria para trabajar cuando ocurrió el asalto al Macro, donde uno de los ladrones resultó herido en el intercambio de balas con la policía. Es José Torres, el otro detenido por el caso, quien desistió de apelar ante la Cámara y ahora será juzgado por el asalto.
Lluvia de plomo. El asalto a la sucursal del Macro sobresalió por lo osado de la balacera en la que se mezclaron policías y ladrones, cuando éstos salían de la entidad de Alberdi con casi 20 mil pesos obtenidos a fuerza de pistolas. Todo comenzó a las 11.10 de ese día. Una banda de tres o cuatro personas llegó en un Fiat 128. Al menos uno se quedó en el auto y dos se encargaron de la acción.
Ante las cámaras de seguridad, los maleantes redujeron a los dos policías que hacían adicionales, se anunciaron con un tiro intimidatorio y vaciaron más de 19 mil pesos las cajas, ante un público mudo del susto. Un vecino advirtió la movida y avisó a un móvil de la Patrulla Urbana que cruzó a los asaltantes cuando se iban. Uno de los hampones aferraba por el cuello a una clienta que hizo las veces de escudo humano hasta que logró escabullirse. A menos de tres metros de distancia, policías y ladrones se tiraron con todo.
El conductor del Fiat pisó el acelerador y dejó a pie a sus cómplices. Torres, de 42 años, cayó al piso con dos heridas de bala en la espalda. Luego, en Sorrento y las vías, el Comando Radioeléctrico detuvo a un 128 blanco conducido un hombre de 42 años que gozaba de una salida transitoria de la cárcel de Zeballos y Riccheri. El dinero no apareció.
Al día siguiente fue detenido otro interno de la Unidad III que regresó a la cárcel una hora y media tarde tras gozar de un permiso laboral el día del robo. Era Basso, quien según la policía fue incriminado por el conductor del 128 y además aparecía en la filmación del atraco.
Unos días más tarde, la Sección Rastros de la Jefatura concluyó que huellas detectadas en el vidrio de una de las cajas pertenecían a Basso, un hombre al que la policía atribuye un generoso prontuario. Cumple una condena a 5 años y 8 meses por el robo a un comercio en 1999. El 7 de enero de 2003 protagonizó una resonante fuga de presos, 19 en total, de la comisaría 1ª de Rosario.
En junio, el juez de Instrucción Juan José Pazos lo procesó junto a Torres por robo calificado. Lo envió a juicio por el peso probatorio de su huella dactilar hallada en el banco. Pero dictó la falta de mérito al conductor del 128 porque no llevaba dinero ni armas.
Los abogados de Basso, José Ferrara y Adrián Ruiz, pidieron la nulidad de la prueba que enredó a su cliente en el robo al Macro. Plantearon que no se había labrado un acta del momento en que se levantó la impresión digital de una ventanilla del banco. "Sólo se hizo un acta señalando que se recabaron datos en el lugar, que fue firmada por un gerente al que consultaron sobre el arqueo de caja. Pero no se mencionaba la obtención de huellas", objetó Ruiz.
Para los defensores, esto violentó garantías fijadas en el artículo 190 del Código Procesal, que reclama la presencia de dos testigos en estos procedimientos policiales. La Sala II de la Cámara, integrada por Ramón Ríos, Juvencio Mestres y Ernesto Navarro, les dio la razón.
Evidencia anulada. Los jueces evaluaron que la mención de Basso hecha por el conductor del Fiat ante la policía carece de peso porque ese testimonio no se ratificó en Tribunales y porque ese hombre quedó fuera de sospecha. Dijeron además que de la borrosa filmación "no puede deducirse seriamente una convicción" de que es Basso el hampón que aparece en pantalla.
Con respecto a la controvertida huella digital, concluyeron que "la ausencia de un acta específica pone en tela de juicio la eficacia probatoria" de la muestra. Ese acto único y definitivo, según los jueces, debió documentarse con fotos y testigos. Como eso no se hizo, la única prueba decisiva se desvaneció y la causa por el robo al Macro quedó para Basso más cerca del olvido.