Policiales

Por dos dedos de la mano identifican un cuerpo mutilado y detienen a un policía

Era de un joven de 31 años que vivía en Cerrito al 3900 y apareció tirado entre residuos. Su cuñado, un agente, está acusado de apuñalarlo. Un camión recolector desmembró el cadáver.

Viernes 17 de Junio de 2011

Cuando Luis, un hombre de 50 años que se gana la vida como ciruja en el relleno sanitario de Presidente Perón al 8000, tiró de un cable que emergía entre las bolsas con basura jamás imaginó lo que verían sus ojos. Así salió a la luz parte del torso calcinado de Sebastián Martín Tedesco, un muchacho de 31 años, al que su familia había visto por última vez el martes a las 19, cuando salió de su casa en Cerrito al 3900 en su Kawasaki Ninja 650 color negra. El cable estaba atado a su cuello. Según dijeron los familiares de Tedesco al realizar la denuncia por averiguación de paradero en la comisaría 13ª, el muchacho había ido a arreglar una deuda en dinero con el novio de su hermana, un agente de policía santafesina de 25 años.

El cuerpo fue localizado el miércoles al mediodía. A partir del hallazgo de los restos dispersos -el tronco, la cabeza, el brazo derecho y parte del brazo izquierdo-, los investigadores de la sección Homicidios debieron reconstruir un caso semejante a un rompecabezas. Como la víctima no tenía documentación alguna, los peritos de la sección Dactiloscopía de la Unidad Regional II trabajaron sobre dos dedos de una mano para identificar los restos.

La revelación. A partir de que se supo que se trataba de Tedesco, y que su familia había denunciado su desaparición en la seccional 13ª, se reconstruyeron las últimas horas de la víctima, que lo posicionaban en una reunión con su cuñado policía. Entonces, en base a varios testimonios, el principal sospechoso terminó confesando la autoría del homicidio.

Según trascendió, el acusado relató que los dos se reunieron en su casa de Santa Fe al 5100. Que hubo una discusión que derivó en una pelea cuerpo a cuerpo. Que para defenderse de la agresión tomó un cuchillo y le aplicó un puntazo en el cuello. Con la muerte consumada, cargó el cuerpo en su Fiat 600 y circuló unos 6 kilómetros hasta un paredón en Rivarola y Las Palmeras, en el límite del municipio, donde hay un basural. Bajó el cuerpo, lo roció con nafta, le prendió fuego y se marchó.

A medio quemar el cuerpo quedó en el basural. El miércoles una pala mecánica y un camión de Lime, la empresa de recolección de residuos, trabajó en el lugar. De ahí que los restos aparecieran en el relleno de Presidente Perón al 8000.

Todo hace presuponer que la pala cargó el cuerpo de Tedesco en el camión, que cuenta con un compactador de basura. En ese proceso se habrían producido las mutilaciones. De regreso en su casa, dejó el Fiat 600 estacionado a la vuelta, se subió a la Ninja 650 de Tedesco y la dejó abandonada en una estación de servicios, en los confines de barrio Ludueña. Sin embargo el rodado fue hallado por la policía, con la llave puesta, entre uno de los monoblocks del barrio 7 de Septiembre el miércoles, a la hora de la siesta.

Un pibe de barrio. El filósofo francés Blas Pascal dijo una vez: "El corazón tiene razones que la propia razón desconoce", una frase que quedó incorporada al rock argentino. Llevará tiempo a los allegados y familiares de Sebastián Martín Tedesco entender por qué Maximiliano I., de 25 años y novio de una de las hermanas de la víctima, hizo lo que los investigadores sospechan: matar a Tedesco, quemar su cuerpo y dejarlo abandonado en un basural.

¿Fue por una deuda de dinero? La pesquisa tiene elementos que indican que Tedesco le había prestado casi 8 mil pesos a Maximiliano I. y que el cobro de ese dinero fue el disparador de una pelea que habría derivado en el crimen. ¿El matador desmembró el cuerpo de su víctima? Todo hace inferir que las mutilaciones fueron producidas por una máquina: una pala mecánica o la compactadora de basura del camión de Lime.

Ayer a la mañana, la pesadumbre podía observarse en los rostros de los vecinos de Cerrito al 3900, entre Lavalle y Alsina, en el barrio Bella Vista. "A ninguno nos da el ánimo para hablar. Seba era un pibe muy bueno. Educado, familiero. Cada vez que nos veía nos saludaba con un beso. Muy buena persona", lo definió una vecina de la cuadra.

"Era un pibe retraído, muy cordial, que nació y se crió en el barrio", explicó otro vecino. Para todos los que vivían en la cuadra, Seba trabajaba como crupier en el casino. Con el correr de las horas, algunos testimonios que enriquecieron la pesquisa pusieron en duda esa actividad laboral. En su casa, ubicada en un pasillo de mitad de cuadra, los familiares entraban y salían con ojos enrojecidos. "¿Lo mataron al pollito? Es increíble", dijo, mientras se santiguaba, una de las mujeres viejas del barrio.

Los vecinos contaron que el papá de Seba falleció hace varios años y que su mamá formó nueva pareja. De ahí es que Seba tenía dos medio hermanas mellizas. Una de ellas de novia con Maximiliano I, quien egresó de la escuela de suboficiales. El muchacho fue incorporado en la Unidad Regional I, con asiento en la capital provincial. Pasó por la Brigada Motorizada y desde hace un año está con carpeta médica sin uso de arma reglamentaria.

Cuestión de dinero. Tedesco tenía un pasar económico desahogado. El martes por la tarde se comunicó con su cuñado y pactó encontrarse en el bar de una estación de servicios ubicada en Córdoba y Avellaneda cerca de las 19.30. Esa fue la última vez que su familia lo vio con vida. Cuando Seba llegó, su cuñado no estaba. Se volvió a comunicar y el lugar de reunión pasó a ser la casa de Maximiliano, en Santa Fe al 5100.

El tema a discutir era la manera en la que el policía debía devolverle a Tedesco unos 8 mil pesos. Todo lo que sucedió en el lugar se sabe por la voz del acusado. Hubo una discusión que pasó a ser pelea y que terminó con Tedesco con un puntazo en el cuello. Como Seba no regresaba a su casa, los familiares del muchacho fueron a buscarlo a la casa de su cuñado. Sus respuestas evasivas lo colocaron en el ojo de la sospecha.

La moto. El miércoles al mediodía Luis, el ciruja, encontró el torso de Tedesco y ahí comenzó a reconstruirse el puzzle de su homicidio. El cuerpo tenía una carbonización total. Casi al mismo momento, los familiares de Tedesco fueron a la seccional de San Nicolás al 2000 y presentaron una denuncia por averiguación de paradero. A la hora de la siesta, mientras los peritos dactiloscópicos trabajaban para identificar a Tedesco, efectivos de la subcomisaría 21ª encontraron la Ninja color negra en la tira 26 de los monoblocks de barrio 7 de Septiembre.

La máquina, que tiene un costo que oscila los 12 mil dólares, tenía las llaves puestas y contaba con sistema de rastreo satelital. Ayer a la mañana, agobiado por la sospecha, Maximiliano I. se presentó en la sección Homicidios, en Jefatura.

Sobre el mediodía, la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas ordenó que se allanara la casa de Santa Fe al 5100, donde se secuestraron varias armas blancas. Al admitir la autoría en el crimen y por ser empleado policial, la magistrada le pasó el sumario a la División Judiciales. Maximiliano I., en tanto, será indagado en las próximas horas por la jueza.

"Vida normal"

La jueza Alejandra Rodenas entrevistó al padre y al tío de la víctima. “Manifestaron que tenía una vida normal, que en algún momento había trabajado en el casino y que buscaba su destino”. Rodenas dijo que no manejaba ninguna información de que el estilo de vida que llevaba Sebastián Tedesco condujera “a una cuestión más oscura”.

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