Policiales

Ponen en duda los móviles del crimen de un militante

 En un momento los puños dieron paso a los tiros que terminaron con la vida del hombre que supo ser un militante social reconocido entre varias organizaciones rosarinas.

Domingo 05 de Abril de 2015

A las 9 de la mañana de ayer Javier Ariel L., de 19 años, entró a la sala de audiencias de Tribunales para ser imputado por su participación en la muerte de Cristian Aquino, ocurrido la madrugada del Jueves Santo cuando la víctima y su cuñado se tomaron a golpes con dos personas en la puerta de un pasillo de Gaboto 1549. En un momento los puños dieron paso a los tiros que terminaron con la vida del hombre que supo ser un militante social reconocido entre varias organizaciones rosarinas.

   Para la Justicia la resolución del homicidio parecer estar encaminado: Javier Ariel L. y Luciano E., de 16 años, fueron quienes pelearon y el menor le disparó a Aquino a quemarropa. Unas horas después la policía los capturó: el adolescente fue derivado al juzgado de Menores en turno y Javier L. estuvo ayer ante el juez Carlos Leiva, quien le dictó prisión preventiva sin plazos.

   Aquino era un militante social al que “habían amenazado muchas veces”. Y, por eso, allegados al hombre que hablaron con La Capital no creen que su muerte haya sido casual. Por eso ya están planificando asambleas, marchas y acciones legales para que la muerte se esclarezca. Por el momento se conformarán como querellantes y el lunes, a las 19, se reunirán en el local de la Asociación de Trabajares del Estado (ATE), de San Lorenzo y Dorrego, para pedir que se investigue el crimen desde otras perspectivas y puntas de trabajo.

Planteos opuestos. En la audiencia imputativa de ayer tanto el fiscal Florentino Malaponte, como el defensor Rubino Allende, expusieron sus alegatos. El primero sostuvo que el delito fue un homicidio doloso agravado por el uso de arma de fuego y destacó que Javier L. fue coautor del hecho, por lo que pidió la prisión preventiva sin plazos.

   El defensor argumentó que no se reúnen requisitos para ese dictamen y solicitó la prisión domiciliaria de su asistido además de requerir un régimen de salidas laborales.

   A su turno, el imputado dio su versión de lo ocurrido y no respondió preguntas. Malaponte se opuso a los pedidos de la defensa, retrucó y dio detalles. Objetó los argumentos y el juez Carlos Leiva, si bien en discrepancia con la calificación que esgrimió el fiscal, impuso la preventiva sin plazos para Javier Ariel L. hasta que se recaben más pruebas.

   Para la Justicia, antes de ahondar en la investigación, la cosa fue así: Aquino vivió desde siempre en la zon de villa La Lata y en Gaboto 1549 también habitan su ex mujer y sus dos hijos. Gabriela, su hija adolescente, tuvo un problema con un muchacho del barrio, y Aquino fue a increpar a un grupo de pibes entre los que estaba ese joven. Entonces les preguntó cuál era el problema y así se armó una pelea que derivó en el tiroteo que terminó con la vida del hombre.

Otra hipótesis. Pero resulta que Cristian Aquino era muy conocido y respetado en el barrio (ver aparte). Por eso nadie cree la historia del arma disparada por un “loquito”. Entre sus amigos y sus compañeros de militancia la hipótesis no es válida.

   Tras ser un activo militante en el conflicto que siguió al cierre del Lavadero Virasoro, en los últimos diez años Aquino formó parte de distintas agrupaciones de base entre las que se cuentan la Cooperativa de Herramientas Unión, la Asamblea de Vecinos de Rouillón y Doctor Riva, y la Asamblea Vecinos de la Sexta, todas parte de la Coordinadora de Asambleas de Trabajo, “Corte”.

   Marcelo, un hombre que por seguridad prefiere no dar su apellido, dijo que Aquino “no era un militante más, era un hombre íntegro que sabía hacer valer los derechos de los trabajadores. Se inició en la militancia en el viejo Lavadero Virasoro y después estuvimos en varios conflictos. Es más, logramos la construcción de viviendas autogestionadas de los vecinos del bario de la Sexta, en Ituzaingó al 60 bis”, recordó su compañero.

   A sus viejos compañeros del Lavadero Virasoro les llama la atención que Cristian sea el tercer militante que integraba aquellas luchas que muere en “extrañas circunstancias”. Y destacaron que “varias veces fue amenazado por las patronales, inclusive su nombre circuló en asociaciones de industriales como un tipo peligroso para ellos y eso nos preocupa. Dudamos de que el móvil haya sido pelearse con dos pibes del barrio. A él lo respetaban mucho para que sucediera eso. Lo de la hija y el problema no resuelto tampoco cierra. El y su familia eran muy queridos en La Lata”, dijo su amigo y sembró varias dudas. Las suficientes para que el lunes en ATE varios gremios se convoquen en una asamblea en que volcaran algunos testimonios que pondrían en duda esa muerte por un problema barrial. Están decididos a llegar hasta el final, a lograr certezas.

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