Lunes 17 de Enero de 2011
“Loco, se les están escapando los choros”, exclamó un automovilista que pasó ayer a la mañana por la comisaría 12ª. La advertencia estaba dirigida a los tres efectivos policiales que estaban en ese momento en la dependencia policial y, al parecer, no se habían percatado de la fuga. En rigor, quince de los dieciséis reclusos alojados en el penal de la seccional del barrio Ludueña se habían esfumado. Un rato después, siete de los evadidos fueron recapturados a unas tres cuadras de la comisaría.
El clima para los agentes del turno en la comisaría de Pedro Lino Funes al 200 bis era, a diez horas del hecho, muy desfavorable. Al mediodía los vecinos de la seccional decían: “Les abrieron la puerta del calabozo”. Por la noche la pesquisa de los encargados de Jefatura parecía validar el comentario. A tal punto que la jueza de Instrucción en turno, Alejandra Rodenas, les imputó el delito de “favorecimiento doloso de evasión”.
El jefe de policía provincial, Osvaldo Toledo, dispuso el pase a disponibilidad del subcomisario Oscar Romero, jefe interino de la seccional 12ª, del oficial de guardia y otros dos agentes presentes al momento de la evasión. “Los presos se fueron por la puerta y no por otro lado”, exclamó un alto jefe de la Unidad Regional II cerca de la medianoche.
El escape. Según la versión oficial que se narró por la mañana, ayer a las 10.45 los quince presos desaparecieron del penal de la comisaría 12ª luego de forzar con una barreta los candados de las tres puertas de los calabozos que se conectan con el baño. Solamente un recluso que estaba alojado en una celda pequeña decidió no acompañar en el escape a los evadidos.
Después de ganar la calle algunos subieron a los techos de las casas vecinas a la seccional hasta llegar a Rouillón, la calle paralela a Pedro Lino Funes en dirección al oeste. “La barreta la armaron con el hierro reforzado que tiene el mallado del baño”, explicó temprano un oficial con grado de comisario mayor. Por la noche reformulaba su impresión inicial. “Lo de la barreta puede haber sido un pretexto para disimular un escape mucho más sencillo”.
A las 10.50 de ayer, cuando ocurrió el escape solamente estaban en la comisaría 12ª cuatro uniformados: el subcomisario Romero, el oficial de guardia y dos agentes. El resto de los efectivos habían trasladado a un detenido con una moto secuestrada a la comisaría 7ª. Algunos de los reclusos no llegaron muy lejos. Dos fueron atrapados a dos cuadras de la seccional cuando subían a un remís. Los otros cinco en un Fonavi a tres cuadras de la seccional.
En el mediodía de ayer, el cruce del pasaje Damianovich al 5900 y la calle Solís estaban rodeados de efectivos del Comando Radioeléctrico. Algunos policías recorrían la barriada y otros apostados en los techos buscaban a los fugitivos. Los vecinos observando la escena completaban el paisaje.
En los departamentos ubicados en esa intersección fueron atrapados cinco presos evadidos. La policía, según dijeron dos mujeres muy nerviosas, actuó con brutalidad y arbitrariedad para realizar el operativo. “Entraron sin orden judicial en todas las casas, tiraron tiros al aire y se llevaron a dos personas que no tenían nada que ver con las que buscaban. Por suerte, los vecinos hablamos con la policía y las soltaron”, exclamó una mujer que lucía muy alterada.
A su lado, otra mujer treintañera también se mostró indignada. “Fue un atropello. Entraron a mi casa tirando. Mi mamá tiene diabetes y había una bebé de seis meses durmiendo. Además se llevaron a un muchacho y lo largaron porque no era uno de los choros. Los dos hijos se asustaron y lloraban mientras lo detenían”, bramó. En ese momento, el cielo se oscurecía y la tormenta aparecía como cercana. A tres cuadras de allí, la comisaría 12ª estaba atravesada por móviles policiales. Los máximos jefes de ciudad y provincia estaban adentro. l