Viernes 23 de Marzo de 2012
Alejandro Scalcione pidió hablar y en la sala donde se lleva adelante el juicio en su contra se hizo un total silencio. "No fui a matar a nadie, fui a buscar amor. Si la persona que amé y maté pudiera volver a la vida daría la mía por ello. Pido perdón de corazón. Hay dos muertos en esta historia; uno en el cementerio, otro en la cárcel". Así, el policía juzgado en audiencias orales y públicas por asesinar la madrugada del 18 de abril de 2009 a su pareja, el profesor Nelson Reglado Rosso, se dirigió la tribunal y a los hijos de la víctima que lo miraban absortos. Antes de este acto de contricción, se escucharon los alegatos de las partes. Mientras la defensa del subcomisario solicitó una pena mínima amparándose en el estado de emoción violenta en el que habría actuado el imputado, la querella y la fiscalía pidieron la prisión perpetua.
El orden de los alegatos indicó que el primero en exponer fuera el fical Aníbal Véscovo. El funcionario público hizo una larga reseña sustentada en los testimonios de los peritos psicólogos destacando que "Scalcione ganó la confianza de Rosso a partir de la relación de pareja que tenían y eso fue aprovechado para ingresar a la casa" de la localidad de Oliveros en la cual residía la víctima y ocurrió el homicidio. Y abundó: "Rosso estaba de espaldas cuando lo mataron y Scalcione abusó de su posición para disparar sobre él".
En otra instancia de su alegato, el fiscal sostuvo que "no se comprobó la existencia de un tercer hombre en la escena" del cirmen, como había sostenido el principal imputado cuando dio su testimonio en el inicio del juicio. "Se planteó una escena con un hombre en la habitación de Rosso pero no se certificó", dijo Véscovo. Y desestimó el estado de emoción violenta al sostener que "Scalcione estaba lúcido y en voluntad de sus actos al momento de cometer el homicidio. Luego de eso llamó a la policía y esperó. No estaba mal ni en estado de shock".
Luego de los argumentos, la fiscalía pidió al juez Ismael Manfrín a cargo del tribunal unipersonal que le aplique a Scalcione la pena de prisión perpetua por el homicidio agravado con alevosía e hizo la salvedad de que esa pena contempla distintas instancias de rehabilitación social del "reo".
Un hombre frío. En el turno de la querella, llevada adelante por Raúl Superti y Ricardo Giusepponi, los argumentos rondaron algunas de las puntas esgrimidas por la fiscalía. En ese sentido, Superti destacó que "Scalcione demostró ser un hombre frío" y recordó que el acusado le aplicó a la víctima "un primer tiro en la nuca y luego, sabiendo que Rosso estaba indefenso, le disparó un segundo tiro al corazón; lo ejecutó", dijo fríamente.
Después, el abogado recordó que Scalcione "es un funcionario público al que el estado le dio un arma para defender a la sociedad", y adujo que "no hubo estado de emoción violenta, hubo un tirador profesional que esperó a su presa y luego desarmó su pistola para esperar las consecuencias de ese crimen". Entonces pidió, al igual que la fiscalía, la prisión perpetua para el imputado.
Scalcione llegó al juicio imputado de homicidio calificado por alevosía y uso de arma de fuego. Según confesó este hombre bajo de 45 años que esperó los alegatos sin pestañear y vestido de blanco, aquella noche entró por el portón principal de la vivienda de Rosso. "Fuí a la habitación y lo llamé. Fui a la la pieza y vi que salió un hombre. Detrás venía Rosso, discutimos. Me senté en la cama y él me tiró un manotazo. Sentí frío y al mismo tiempo transpiraba. En ese momento vi un nube de pólvora y humo y llamé a la policía". Ya había matado, ese momento es precisamente el que dice no recordar y por el cual la defensa se aferra al atenuante de la emoción violenta como estrategia.
Luis Tomasevich, defensor del subcomisario, alegó ayer que se tomaron de conceptos jurídicos para plantear la "emoción violenta y es evidente que los psicólogos no manejan los mismo términos". Además, sostuvo, "se descuidaron las pruebas, se contaminó el lugar de los hechos y este hombre actúo como lo hizo a partir de una situación de ahogo económico, de humillación y falta de salida a esta situación". Por eso pidió al tribunal la pena mínima, consistente en 3 años de cárcel.
En el último instante de la audiencia previa a que se conozca la sentencia, el próximo lunes al mediodía, Scalcione pidió hablar. Entonces se dirigió a los hijos de Rosso, que estaban en el lugar y contó de su amor, su arrepentimiento y su error.