Policiales

Piden prisión perpetua para un acusado de asesinar a su novia

En una audiencia previa al juicio oral, la fiscal Marisol Fabbro reclamó esa pena para Matías Ramírez por el crimen de Sabrina Vallejos en 2017.

Lunes 07 de Enero de 2019

Sabrina Alida Vallejos apareció muerta en la casilla de zona sudoeste donde convivía desde hacía más de medio año en una relación inestable, signada por el maltrato, con su novio Matías Ricardo Ramírez. El mediodía del 6 de noviembre de 2017 el muchacho de 20 años salió a pedir la ayuda de sus vecinos diciendo que la había encontrado colgando de una sábana atada a un tirante del baño. Pero la chica estaba en el piso con un fuerte golpe en la cabeza y sin las marcas típicas de ahorcadura, sino propias de un estrangulamiento causado por un tercero. Por estas incongruencias y los antecedentes de agresiones fue acusado de cometer un femicidio. La Fiscalía pidió que sea condenado a prisión perpetua en una audiencia previa al juicio oral.

El pedido fue formulado por la fiscal de Homicidios Marisol Fabbro durante una audiencia previa al debate público donde quedó formalmente admitida su acusación. En ese escrito acusó a Ramírez como autor de un homicidio calificado por la violencia de género y por la relación de pareja. En ambos casos la pena que está prevista es la de prisión perpetua.

En esa audiencia preliminar la defensora pública Nora Gaspire pidió el sobreseimiento de Ramírez o que le otorguen salidas laborales en caso de que siga detenido. La fiscal se opuso y reclamó que el imputado siga en prisión preventiva. La jueza Silvia Castelli tomó nota de esos planteos de las partes para dirimirlos por escrito.

Sabrina Vallejos tenía 22 años. Entre siete u ocho meses antes de su muerte había iniciado una relación con Ramírez que todos en su entorno calificaron de tortuosa y violenta. En al menos seis ocasiones la habían encontrado con golpes y moretones. Ella a veces reconocía que habían sido resultado de golpizas y otra veces intentaba disimular diciendo que se había caído. Los dos jóvenes vivían juntos en una casilla precaria de Avellaneda 4341 donde los vecinos estaban habituados a escuchar gritos y discusiones entre ellos.

Incongruencias

El 6 de noviembre de 2017, alrededor de las 13, Ramírez salió de ese rancho diciendo que su novia se había quitado la vida al ahorcarse con una sábana colgada de un tirante del baño. Nervioso y agitado, según los testigos, dijo que él había cortado la sábana con un cuchillo de mango rojo que estaba en el lugar. Y que al caer la chica se había golpeado y cortado la cabeza. Pero los allegados y peritos policiales que se acercaron al lugar donde Sabrina estaba tirada en el piso, ya sin vida, notaron algunas incongruencias.

La joven estaba recostada de espalda, con las manos extendidas. Tenía un golpe y un corte en la frente que se produjo cercano el momento de la muerte y por eso no llegó a sangrar. La causa de su fallecimiento, según la autopsia, fue una asfixia propia de una maniobra de estrangulación. No presentaba en el cuello el surco de ahorcadura típico de una dinámica suicida como la relatada por Ramírez. El, en tanto, tenía un rasguño en la mejilla derecha.

Un médico del gabinete de la Policía de Investigaciones que fue al lugar y encontró el cuerpo sobre un patio de cemento fue el primero en advertir que la víctima no presentara un surco de ahorcadura. Reparó además en que del techo de madera del baño pendía un solo extremo de la sábana. Faltaba el trozo que supuestamente había sido cortado por Ramírez y el tamaño de la tela cortada no era suficiente para realizar un nudo de ahorcadura.

Testimonios

Estos datos constan en el planteo acusatorio. Allí figuran las declaraciones de once personas, entre vecinos y familiares, que dieron cuenta de que la chica era víctima de violencia de género. En tanto que otros siete allegados al acusado mencionaron problemas en la relación de pareja. En ese escrito, Fabbro acusó a Ramírez de haberle causado a la víctima "graves traumatismos y movimientos de estrangulación con una sábana" en medio de una discusión. La fiscal sostuvo que la chica había sido agredida en numerosas ocasiones y que la noche anterior él no la había dejado salir de la casa.

"Ella tenía un tajo de unos tres centímetros en la frente. El le arrojaba agua, la zamarreaba, le apretaba la panza. Lo vi nervioso, pero nervioso por él. Como si se le hubiera ido la mano", contó una vecina que fue de las primeras en llegar.

El padrino de la víctima mencionó que Sabrina le había comentado situaciones de violencia, que la vio golpeada en algunas oportunidades y que su ahijada le había dicho en numerosas ocasiones que quería dejarlo. Este hombre descartó la posibilidad de un suicidio porque "ella y su pareja estaban discutiendo en el momento previo a la muerte"

Una vecina de la chica contó que "él no la dejaba salir de su casa, no la dejaba hablar con nadie y la cagaba a palos". Según varios testimonios, como un ex novio de Sabrina se había suicidado él la amenazaba diciéndole "vos me dejás y yo te mato". "Cuando se fue a vivir con él ya la golpeaba. Una semana antes de su fallecimiento se acercó a mi casa toda golpeada y dijo que no quería estar con él pero tenía miedo de que él hiciera algo. Terminaban agrediéndose mutuamente", contó una amiga.

Idas y vueltas

Su hermana, en tanto, reveló que "la veía moretoneada en los brazos y las piernas y al preguntarle qué le había pasado le contestaba que se había peleado con Matías. Por momentos se separaban, ella se iba a vivir con el papá. Pero luego volvían y seguían los problemas". A estos testimonios la fiscal sumó el dato de que en las uñas de la mano derecha de la chica se detectó material genético masculino, si bien no alcanzó para reconstruir el perfil genético completo.

Ramírez declaró sobre el suceso en la audiencia imputativa. De estatura baja y rostro aniñado, el joven ayudante de albañil que no terminó la escuela primaria dijo que ese día discutieron. El se fue a la casa de su madre pero a mitad de camino regresó y la encontró colgada del baño —de escasa altura— con los pies doblados para que no tocaran el piso.

Los vecinos refirieron que los vieron entrar a la casa con cinco minutos de diferencia —primero a ella, luego a él— y escucharon una discusión antes de que él saliera a la calle a buscar ayuda.

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