Martes 22 de Agosto de 2017
El techo de la casa modesta de Neuquén 940, en San Lorenzo, acababa de volar por el aire. Con la explosión se confundían los gritos de una mujer pidiendo ayuda. Un mecánico del barrio derribó la puerta con una maza y entre el humo y las llamas distinguió en el piso a Romina Saavedra, aún con vida. Tiró de sus pies para rescatarla pero encontró una resistencia inesperada: desde adentro, alguien la arrastraba en sentido contrario. Entonces presenció la escena que no olvidará jamás. Su vecino Miguel Angel Pastorutti, ex pareja de la mujer, se arrojó sobre ella y le asestó más de veinte cuchilladas; una letal en el cuello.
Lo que parecía un accidente por fuga de gas resultó ser un femicidio por el que la fiscal Cristina Herrera pedirá mañana la pena de prisión perpetua para Pastorutti, un chatarrero de 64 años que había convivido con Romina hasta poco antes del final.
La defensa del imputado alegó trastornos psiquiátricos; la acusación sostiene que las pericias médicas le asignan conciencia de sus actos. "La mató porque creía que ella era de su propiedad", es la teoría que planteará la fiscal a lo largo de seis días de juicio oral.
Los jueces Ismael Manfrín, Edgardo Fertitta y Julio Kesuani integrarán el tribunal que juzgará desde mañana a Pastorutti, detenido desde el día del crimen. Herrera lo acusará como autor de un homicidio calificado por varios motivos. Por la relación de pareja previa, la alevosía (considera que aumentó el sufrimiento de la víctima al someterla a un estado de indefensión) y por tratarse de un caso de violencia de género. Todos esos supuestos prevén prisión perpetua.
Para probarlo, citará a amigos, vecinos y familiares de la víctima. Y repasará dos denuncias por amenazas que la mujer había realizado contra su pareja entre marzo y abril de 2012, un año antes del crimen, en el Centro de Orientación a la Víctima de San Lorenzo. Causas en las que Pastorutti recién fue indagado en abril de 2014, cuando Romina ya estaba muerta desde hacía cuatro meses.
Por eso, además del asesinato, Herrera le endilgará tres hechos de amenazas coactivas. Las dos que había denunciado Romina buscando protección. Y una que según la fiscalía el acusado lanzó antes de su arresto, desde la escena del crimen, a los hijos y el padre de la víctima: "O se van o los mato a todos".
Pastorutti será representado en el juicio por la defensora oficial Liliana Alvarez. Por la sala de audiencias desfilarán policías, familiares y peritos (los médicos y psiquiatras son los más esperados); los hijos de ella y los hijos de él. El lunes 28 serán los alegatos de clausura y luego se conocerá la decisión del tribunal.
Relación violenta
Pastorutti y Romina convivían desde hacía unos dos años. La mujer, de 32 años, tenía cuatro hijos de relaciones anteriores a los que mantenía sola. Una hija mayor de edad que ya no vivía con ella, una chica de 15 años, un varón de 14 y una nena de 9. Tuvo una existencia vulnerable y llena de limitaciones. Se ganaba la vida como trabajadora sexual hasta que empezó a convivir con el chatarrero, que al momento del crimen tenía 60 años.
En el entorno de la víctima sostienen que al principio encontró amparo en él pero pronto la relación se tornó violenta. Que él la fue aislando de sus afectos, que la golpeaba y amenazaba, que la enfrentaba con sus hijos y "la controlaba a través del dinero".
Los hijos cuentan que acudieron varias veces a la policía local a denunciar a su padrastro sin obtener respuesta. Así fue hasta que ella logró cierta independencia económica al obtener la Asignación Universal por Hijo (AUH) y se fue con los chicos a vivir a la casa de su padre, a escasos 200 metros de la de Pastorutti, donde comenzó a construir una piecita en el fondo.
Según los familiares de la mujer, esa independencia fue difícil de tolerar para su ex, quien "iba por las noches y tiraba cascotes" a la a vivienda porque "quería que ella estuviera con él". Incluso dicen que retuvo una cartera de Romina donde tenía documentos y credenciales para cobrar la AUH.
El ataque
La mañana del 9 de diciembre de 2013 la mujer se levantó temprano para tramitar nuevos documentos de sus hijos en el Registro Civil. Según la declaración de un cartonero, Pastorutti la estaba esperando y la llevó por la fuerza a su casa de la calle Neuquén. Una vez adentro abrió el gas de la cocina y de dos garrafas y comenzó a golpearla. El hijo y una hermana de Romina dormían en una casilla lindera y los despertaron los gritos de la mujer: "No Miguel, basta". Sintieron olor a gas y salieron a ver qué pasaba.
En ese momento voló el techo de la casa de calle Neuquén y un ladrillo golpeó en la cara a la hermana de Romina. Pese al golpe, logró trepar al tapial de un taller mecánico vecino y gritó pidiendo ayuda.
El mecánico se acercó a ayudar pero no pudo entrar a la casa porque una heladera obstruía la puerta. Golpeó la abertura con una maza y entonces advirtió a Romina en el piso con la remera quemada. Intentó rescatarla y terminó presenciando el crimen: Pastoruti se arrojó sobre el cuerpo de la mujer y le aplicó 25 puñaladas con una gruesa cuchilla de cocina. Dos fueron letales. Una le atravesó el cuello de lado a lado.
La joven terminó desfigurada. El chatarrero sufrió quemaduras en los brazos y se recuperó en el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria antes de ser trasladado a prisión. Nunca declaró y ante los peritos dijo padecer una amnesia parcial sobre el momento del ataque. Su defensa planteó que es inimputable y que él también intentó matarse en el incidente. Las pericias descartaron que haya sufrido un brote psicótico y advirtieron rasgos de una personalidad "violenta y manipuladora".