Policiales

Piden justicia por el crimen de un hombre que vio un asalto en Virasoro al 1500

Hace tres meses Francisco Calvano, un hombre de 61 años, vio un asalto desde el balcón de la casa de su madre. Les gritó a los ladrones, uno de ellos le disparó y lo mató.

Lunes 02 de Marzo de 2015

Francisco Calvano tenía 61 años y para sus vecinos y amigos era "Pancho". El hombre estaba en la casa de su madre el pasado 23 de noviembre de 2014 cuando desde el balcón de una de las habitaciones fue testigo involuntario de un robo que se estaba cometiendo en la vereda de enfrente, en Virasoro al 1500. Una chica que estaba en el lugar lo contó así: "Cuando se estaban yendo los ladrones, desde el balcón este hombre les gritó algo. Uno de los ladrones se dio vuelta, le dijo algo y le pegó un tiro". El disparo impactó en la carótida y Pancho murió cinco minutos después, en el piso del living de la casa materna. Por el hecho hay un único detenido, Javier Jeremías E., quien podría quedar en libertad.

Calvano murió por salir en defensa de su vecino Juan M., de 77 años, quien llegaba a bordo de un Renault Clio a su casa de Virasoro al 1500, entre Paraguay y Presidente Roca. Cuando ingresaba el vehículo a la vivienda fue abordado por dos hombres jóvenes que le robaron a punta de pistola una billetera. Entonces desde el balcón de enfrente Calvano los increpó y uno de los maleantes se dio vuelta, lo insultó y disparó hacia donde él estaba, hiriéndolo mortalmente.

Común. Según contó Orlando Calvano a La Capital su padre era "un hombre común que adoraba a sus hijos (también tiene a Eliana) y era un feliz marido" de su madre, Kity, con la que estuvo 45 años. Era "algo temperamental" y "no se bancaba ni las injusticias ni el no te metas".

La noche en que murió, a las 20.30 del sábado 23 de noviembre, estaba preparando los festejos del cumpleaños 85 de Mauricia, su madre. A su hija le habían robado en la misma cuadra de Virasoro al 1500 unos 20 días antes. En esa ocasión Pancho le dijo a Orlando: "Yo no sé por qué la gente no se mete cuando roban a alguien. Nadie hace nada y acá siguen choreando". Y eso fue su trágica premonición.

"El estaba en el balcón y mi mamá poniéndole los ruleros a mi abuela. Ellas no escucharon más que el grito de mi papá, ni siquiera un tiro. Entonces mamá fue al comedor y él le dijo «Kity me muero». Ella lo abrazó y mi viejo murió", recordó Orlando.

Pancho hacía fletes para una conocida librería del centro y era muy querido tanto entre los negocios de las peatonales como en su barrio de los últimos años, la República de la Sexta.

"Mi madre está quebrada, toda la familia se encuentra bajo tratamiento psicológico y sobre todo nos desespera esto de que mi padre murió inesperadamente y en el living de la casa de mi abuela, ¡No estás seguro ni en tu propia casa!", enfatizó el hombre.

En este sentido, Orlando (quien no quiso dar su cara por temor a futuras represalias por parte de los asesinos de su padre) pidió que "si quien está preso fue el que mató a mi padre, que cumpla la sentencia más dura, porque este hombre destrozó a una familia y con su desapego a la vida mató a un muy buen hombre".

Validez. La investigación por la muerte de Francisco Calvano afrontará esta semana una nueva instancia en la que se definirá si sigue en prisión el único acusado y la validez del allanamiento realizado a su casa, donde se encontró el arma de la cual salió el disparo homicida.

Eso se discutirá el viernes en una audiencia ante un camarista penal a raíz de una apelación planteada por la defensa del detenido, Javier Jeremías E., a quien otras pruebas también apuntalan en la escena del crimen.

El muchacho, de 19 años, fue apresado una semana después del asesinato y quedó acusado de participar en el robo al vecino de Calvano y de ser el autor material del disparo. En una primera audiencia le impusieron 17 días de prisión preventiva a la espera de que el fiscal Ademar Bianchini aportara nuevas evidencias. Entonces quedó imputado de robo calificado y homicidio críminis causa, que se pena con prisión perpetua. En esa audiencia se supo que la pistola Bersa calibre 22 secuestrada por la policía en su casa de Gaboto al 1500 fue la que disparó la bala que impactó en el cuello de Calvano.

En el siguiente encuentro se expusieron más pruebas: la víctima del asalto reconoció a Javier E. como uno de los ladrones y, además, una pericia palmatoscópica determinó de manera "indubitable" que había huellas digitales suyas en el portón de chapa de la propiedad donde ocurrió el asalto.

En ese marco, la defensa oficial cuestionó el allanamiento a la casa de E. porque fue realizado sin la orden de un fiscal.

Ante ese planteo, Bianchini recordó que según el Código Procesal Penal el registro debe realizarse con una orden judicial sólo si el propietario no autoriza la requisa. Remarcó que la madre del detenido había dado su consentimiento a los efectivos de la comisaría, firmó su autorización a la requisa en el acta y luego volvió a hacerlo tras una entrevista en la fiscalía. En ese acta consta que la mujer hizo pasar a los policías porque prefería ver a su hijo "preso antes que muerto".

La mujer dijo en la audiencia que el allanamiento fue abusivo, pero que firmó el acta porque confió en el comisario. Sin embargo, un testigo de la medida desmintió que haya existido violencia.

Y el fiscal, por su parte, refutó el planteo de que el arma habría sido "plantada" por la policía: "Acá no se secuestró un arma, sino el arma. Para sostener que fue plantada tendríamos que pensar que otra persona fue encontrada con este arma y que por una razón desconocida la policía decidió desvincularla y por otra extraña razón se la plantó a quien no era".

Audiencia. En esa audiencia el juez José Luis Suárez se opuso a declarar inadmisible la requisa (es decir que le otorgó validez) y le impuso la prisión preventiva sin plazos a Javier E.

Las dos cosas fueron apeladas por la defensa y eso es lo que se discutirá este viernes en Tribunales ante el camarista Otto Crippa García.

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