Viernes 12 de Diciembre de 2008
Un joven de 26 años fue condenado a prisión perpetua al ser encontrado culpable del asesinato de un remisero durante un robo registrado en el barrio Las Palmeras, en la zona oeste rosarina, en octubre de 2006. La evidencia más sólida pareció suministrarla el acusado por el lugar elegido para desplegar su acción: el crimen ocurrió en la misma cuadra donde había vivido toda su vida. Y al menos dos vecinos de él no solamente vieron una secuencia fundamental del incidente sino que también reconocieron sin dudar a su protagonista.
Javier Espinoza, conocido como el Chino, fue condenado como autor del crimen de Héctor Avila, un policía retirado de 52 años, por entonces remisero. A las 10 de la mañana del 6 de octubre de 2006, Avila llegó en su remís VW Polo blanco a dejar pasajeras en una calle paralela a la avenida de Circunvalación. Las mujeres bajaron en la calle Benítez al 2200 y Avila avanzó unos metros antes de ser interceptado por dos hombres que, a la vista de varios en el barrio, intentaron asaltarlo.
El ataque. A minutos del hecho, un periodista de LaCapital escuchó en el lugar que los agresores eran "el Chino y el Verde. Según lo investigado, lo golpearon cuando estaba en el asiento del conductor y le robaron la remera que llevaba puesta. Ante la resistencia del conductor, el Chino le efectuó un disparo con un arma calibre 32 largo que lo hirió en la pierna. El chofer alcanzó a salir del auto, pero sin mediar palabra el atacante lo baleó en la espalda. El chofer cayó de frente al suelo y quedó tendido inconsciente en el lugar.
El hombre que lo había baleado le sustrajo la billetera y escapó con su acompañante por un pasillo que desemboca en el barrio Santa Lucía. El juez que dictó la condena, Carlos Carbone, apuntó como valioso el testimonio de una vecina. Ella dijo que desde dentro vio entrar a su vivienda "a un tal Chino que vive por calle Benítez adelante de mi casa". Adujo que su hija le abrió la puerta y que a él, antes de escapar saltando un alambrado, le oyó decir: "Abrime el portón que hice una grosa y no quiero ir en cana".
A raíz del rumor del barrio, Javier Aníbal Espinoza estuvo sospechado por el crimen y la policía allanó varias veces su casa sin resultados. Había estado detenido cuatro años y siete meses en Piñero hasta 20 días antes del crimen del remisero. No tuvieron noticias de él hasta que en julio de 2007 la policía rosarina recibió un oficio desde Chaco señalando que un preso de la alcaidía de Resistencia, que decía llamarse Víctor Alejandro Cabrera, requería que contactaran a sus padres en una casa de Benítez al 2200.
La foto. En la subcomisaría 22ª el domicilio era conocido: lo habían allanado varias veces en busca del Chino. Cuando les enviaron a sus pares chaqueños una foto de Espinoza, resultó ser el mismo hombre condenado allá, bajo el nombre de Cabrera, a cuatro años y seis meses de prisión por robo calificado.
Trasladado a Rosario, Espinoza juró que al ocurrir el crimen ya estaba en Chaco. "El 8 de septiembre salí en libertad de la cárcel de Piñero. Un par de días después mi hermana me dio 500 pesos y me dijo que vaya por ahí a buscar trabajo. Yo me fui a Chaco buscando trabajo. Con esos 500 pesos me compré una casa en Resistencia, en una villa, pero me detuvo la policía y me acusó de un robo".
El juez Carbone condenó a Espinoza por homicidio calificado por el robo a la víctima y el uso de arma de fuego. Su defensora ya apeló la pena: Espinoza jamás reconoció la autoría. Adujo que en la rueda fue marcado por vecinos que lo conocían de antes y no por implicado en el hecho. Para el juez, en cambio, los testimonios y señalamientos en su contra —"que lucen contundentes, espontáneos y verosímiles"— no pudieron ser desvirtuados por el resto de la prueba colectada.