Policiales

Pasará 20 años en cárcel por un homicidio y otros cuatro delitos

Diego Antonio Alarcón fue hallado culpable de matar a Hugo Aranda en 2011, así como de haber participado en un intento de asesinato y tres robos.

Lunes 30 de Marzo de 2015

Un hombre de 40 años fue condenado a pasar dos décadas en prisión como culpable de cinco hechos delictivos, entre ellos un homicidio y su participación en un intento de asesinato por el cual, en el mismo fallo, fue sentenciado otro hombre a ocho años de cárcel.
  Las condenas fueron dictadas por el juez de Sentencia Gustavo Salvador, quien halló a Diego Antonio Alarcón culpable de tres robos (uno frustrado antes de concretarse) y del asesinato de Hugo Daniel “La Mona” Aranda, un hombre de 26 años que seis meses antes de morir de tres balazos en el barrio El Mangrullo había sido absuelto en un juicio oral por el crimen de un repartidor.

Cinco. Cuando llegó a juicio por el crimen de Aranda, Alarcón tenía pendiente otras cuatro acusaciones. La primera de 2007, cuando robó un estéreo y otros efectos de un auto estacionado en Tucumán al 1000 y la policía lo capturó antes de que pudiera huir.
  El siguiente hecho que se le atribuyó fue un robo agravado el 25 de mayo de 2008, cuando rompió un vidrio para entrar a una tienda de ropa de Buenos Aires y Montevideo de donde sustrajo 35 prendas y 82 pesos que había en la caja registradora.
  También fue imputado por un robo ocurrido el 2 de enero de 2009, cuando violentó con dos cómplices el ingreso de un negocio de Pueyrredón al 1200 y robó un televisor LCD de 32 pulgadas Sanyo, dos monitores Samsung, 500 pesos y 100 dólares. Minutos después cayó en Chacabuco y La Paz mientras transportaba el televisor en una moto.
  Además estaba acusado como partícipe primario en un intento de homicidio del 30 de noviembre de 2011, cuando Enzo Germán Ramírez le disparó a un joven en el barrio Tango, en el extremo oeste.
  Finalmente, la quinta imputación fue por el crimen de La Mona Aranda, ocurrido el 9 de diciembre de 2011 en el cruce de Mangrullo y Belgrano, cerca del frigorífico Swift.

Cerveza y tiros. Seis meses después de haber sido absuelto por  el crimen del repartidor Darío Tirabassi (ver aparte) Hugo Aranda fue asesinado de tres tiros tras una discusión precedida por una noche de cervezas en el barrio Mangrullo. Eran las 6.30 y La Mona estaba con un hombre que no era del lugar, pero lo solía frecuentar desde que salía con una sobrina de Aranda.
  Entre las pruebas analizadas, el juez Salvador destacó testimonios que coincidieron en situar a Alarcón como quien efectuó los disparos mortales. Entre ellos el de Oscar S., apodado “El Negro”, que había sido parte de la reunión antes y luego de su fatal desenlace.
  Este joven contó que esa noche estaba reunido con otros en una esquina cuando vio a Aranda conversando con un pibe en la esquina del dispensario del barrio. Hugo le hizo señas para que se incorpore a esa charla y él fue. “Como a las 5.30 llegó un muchacho que no conocía en una moto Guerrero negra toda desarmada. Yo no sabía quién era, pero después pasaron unos pibes y lo saludaron. Así me enteré de que le decían «Pendorcho». Nos tomamos como cuatro o cinco cervezas más, todo tranquilo, y en un momento este Pendorcho sacó un arma como haciéndose el malo y la volvió a guardar”, relató El Negro.
  “Como no quería tener problemas —añadió— cuando vi  eso me alejé unos 15 metros y me fui con otros chicos. En la esquina quedó Hugo, Pendorcho y otro pibe. En un momento, ya estaba aclarando, los pibes me comentaron que ese Pendorcho era un zarpado que si te tenía que matar te mataba. Entonces me acerqué a Hugo y me lo llevé, mientras los otros se quedaron en la esquina”.
  El Negro siguió su relato: “Después Hugo se fue caminando hacia el pasillo donde vivía y yo me quedé con otros pibes. Al toque escuché una discusión y cuando me asomé vi a Hugo forcejeando con Pendorcho. Este tenía el arma que había mostrado en una mano, mientras Hugo lo agarraba de las dos muñecas para que no pudiera tirar. Sonó un disparo, Hugo cayó y cuando se quiso levantar Pendorcho le dijo «viste lo que te hago ahora». Le apuntó y le disparó a la panza. Me acerqué e intenté hacer reaccionar a Hugo y Pendorcho me apuntó a mí. Yo le dije «ya está, ya le pegaste, andate». El se subió a la moto, se guardó la pistola, la volvió a sacar, la guardó otra vez, puso en marcha la moto y se fue”.
  En su fallo, Salvador destacó que el relato del Negro fue similar en muchos aspectos al de otros testigos directos e indirectos. Como un joven que, tras escuchar los disparos, vio a Alarcón irse en su moto negra y otro que escuchó los tiros y vio huir a Pendorcho. Pero además de los relatos, el juez valoró que los testigos individualizaron a Alarcón en la rueda de reconocimiento.

Partícipe. En cuanto a la imputación contra Alarcón como partícipe de un intento de homicidio, el juez analizó las pruebas sobre lo ocurrido la madrugada del 30 de noviembre de 2011. Según declaró la víctima, Alejandro V., cerca de la 1.30 estaba en lo de su hermana cuando llegaron en un viejo Peugeot dos hombres a quienes conocía como “Pendorcho” y “Torta”, que anteriormente le alquilaban la casa a su hermana.
  Alejandro le avisó a su hermana que la buscaban y se fue a su casa. Pero cuando llegaba a la esquina esos hombres se le acercaron con el auto. Torta le dijo que su hermana estaba en problemas porque no quería alquilarle la casa. Luego le disparó en la panza.
  “Me disparó Torta. No sé si Pendorcho también, pero él tenía un revólver y lo escuché gritar «matalo, matalo» cuando yo me escapaba corriendo y escuché varios tiros”, relató la víctima a la Justicia.
  En este caso, el juez Salvador dio crédito a los testimonios de la víctima y de su hermana, que alcanzó a ver lo ocurrido a metros de su casa. En ese sentido, condenó a ocho años de cárcel a Ramírez como autor. Y a Alarcón lo encontró partícipe primario, “brindando una colaboración indispensable”.
  Así, si bien la Fiscalía había pedido 27 años de prisión por todos los delitos por los que estaba acusado, el juez decidió condenar a Diego Alarcón a 20 años tras las rejas.

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