Viernes 05 de Febrero de 2010
“Nosotros cortamos la calle porque queremos más seguridad. Esto que pasó fue una locura.
Tenemos todos los ranchos baleados. ¿Qué pasaba si además le daban un balazo a alguno de nuestros
hijos?”. A la misma altura de la autopista donde se produjeron decenas de piquetes por
demandas sociales, ayer los vecinos de la parte más empobrecida de barrio Las Flores cortaron la
traza durante varias horas pero para pedir por sus vidas. “Fijate, mirá los agujeros en las
chapas. Esto pudo terminar con muchas muertes. Se tiraron como en la guerra”, explicó una
mujer mientras exhibía las vainas servidas de pistolas 9 milímetros.
A la altura de donde se produjo la emboscada a la barra de
Newell’s el paisaje es sinónimo de pauperización. Ranchos construidos con chapas recicladas,
caballos pastando y carros estacionados como si fueran cero kilómetros. Un mundo oculto detrás de
un paredón de chapas y pobreza. “Esto no lo hacemos para pedir nada más que seguridad”,
recalcaron la veintena de vecinos rodeados de casi cuarenta pibes de menos de 12 años que cortaron
la autopista.
La zona desde donde fueron atacados los micros leprosos está separada de
la traza de la autopista por un amplio zanjón. En la parte más alta lucen cuatro carteles con
gigantografías y un cañaveral. Uno de los carteles anuncia que se está a tres minutos del
hipermercado ubicado a metros del casino. “Había vainas servidas por todos lados. Los pibitos
deben haber juntado unas 50. Los que hicieron esto conocen muy bien el barrio, pero mejor no hablar
demasiado porque acá una palabra de más te puede condenar”, explicó un vecino cerca de la
escuela 1257. “Se escucharon tiros sueltos y varias ráfagas como de ametralladora”,
recalcó.
“Yo espié por un agujerito en la chapa y pude ver todo. Llegaron
en una F-100 color claro y se bajaron tres tipos con pistolas calibre 9 milímetros”, comentó
otro vecino. El hombre contó que los atacantes se parapetaron detrás de los ranchos y abrieron
fuego contra los colectivos. Que posteriormente apareció en escena una moto de 125 centímetros
cúbicos y recogió a un hombre que bajaba del cañaveral con “un algo envuelto en una
campera” y agregó: “A lo mejor llevaba la ametralladora de la que todos hablan”,
dijo el veterano. “No eran negritos villeros, como les dicen, estaban bien vestidos, con
zapatillas Nike”, agregó.
Finalmente, Patricia, una mujer que no salía de su asombro y seguía con
miedo, relató: “Fue terrible. Como si hubiera una guerra. Yo tuve miedo por mis hijitas, de 6
años y 7 meses, y me tiré debajo de la cama con ellas. Se escuchaban los estruendos como si
estuvieran en mi patio”, relató la mujer que vive al 7100 de una calle paralela a la
autopista y que muere en el fondo de la escuela primaria 1257.