Otro violento asalto a una familia al entrar el auto al garaje de su casa
Cuando entraba el auto al garaje la noche del jueves los delincuentes aprovecharon para ganar el interior y asaltar a los presentes. Aunque el escape fue rápido la irrupción no estuvo exenta de violencia: Darío recibió varios culatazos...

Sábado 22 de Enero de 2011

"Aproveché un descuido y salí corriendo por el portón del garaje pidiendo ayuda a los gritos. Entonces se asustaron y se fueron". Con la consternación pintada en sus facciones, Ana Maschio relató la huida de tres ladrones de su casa ubicada en Cochabamba al 1400, en barrio Del Abasto. Su esposo entraba el auto al garaje la noche del jueves y los delincuentes aprovecharon para ganar el interior y asaltar a los presentes. Aunque el escape fue rápido la irrupción no estuvo exenta de violencia: Darío, de 55 años, recibió varios culatazos en la cabeza, que le significaron diez puntos de sutura y un día en reposo.

Los tres delincuentes (dos varones y una mujer) salieron a la vereda y corrieron por Cochabamba rumbo al oeste, en dirección contraria hacia donde iba Ana pidiendo ayuda. Pero como se sintieron amenazados y algunos vecinos amagaron con perseguirlos, dos de los maleantes dispararon al aire con pistolas de grueso calibre: 9 y 11.25 milímetros. Al menos eso se deduce de las siete vainas servidas que halló la policía a mitad de cuadra.

Aluvión al 911. El pedido de ayuda de Ana fue escuchado y al 911 llovieron los llamados alertando a la policía sobre lo que pasaba. Así, en un par de minutos, varios efectivos de policía Motorizada, afectados a los patrullajes en zonas de bares y restaurantes, llegaron para responder a la alarma.

"En el lugar estaba una de las víctimas con la cabeza lastimada que brindó una muy buena descripción de los delincuentes. Así se montó un operativo cerrojo con motos y patrullas y en el laguito del Parque (a siete cuadras de la casa robada) fueron detenidos. Son dos hombres, uno de ellos menor, y una mujer. Se le secuestraron una pistola calibre 11.25, un cuchillo y las pertenencias robadas a la familia", indicó el subcomisario Carlos Schmidt, a cargo interinamente del Comando Radioeléctrico, al que pertenece Motorizada.

La pistola calibre 9 milímetros no fue hallada. Los tres fueron conducidos a la comisaría 5ª, que actúa por jurisdicción, y quedaron a disposición de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas bajo la acusación de robo calificado y lesiones.

El avance. Cochabamba al 1400, entre Corrientes y Paraguay. A una cuadra de la avenida Pellegrini con su oferta de bares, restaurantes y parrillas. Sobre la vereda de los pares, en una vistosa casa de dos plantas, vive Ana Ida Maschio, profesional del equipo de investigación de facultad de Psicología de la Universidad de Nacional de Rosario, junto a su familia: Darío, su esposo de 55 años, y sus dos hijos de 19 y 20 años. El jueves a las 22.20, cuando la cena familiar se transformó en parte de una crónica policial, en la casa también estaba la novia de su hijo y la perra de la casa. "Todo estaba tranquilo. Mi marido llegó y dejó el auto afuera. Al rato salimos a comprar unos pollos. Volvimos y cuando Darío fue a entrar el auto, lo sorprendieron y se metieron en la casa", relató la psicóloga.

El relato que hace Ana hace pensar que los tres ladrones, que irrumpieron por el garaje apenas Darío ingresó su auto, estaban "a la caza y a la pesca", en un robo no planificado. No tenían vehículo de apoyo y, aparentemente, se movían a pie. "Cuando mi esposo termina de entrar el auto, escucho gritos y veo que lo estaban golpeando con un arma en la cabeza. Instintivamente cerré la puerta de la cocina con llaves y me quedé ahí con la novia de mi hijo", rememoró Ana.

"Los tres estaban armados. Los dos hombres con armas de fuego y la chica tenía un cuchillo", explicó. Con la llegada de los ladrones, la armonía de la casa derivó en caos, gritos y desesperación. Lejos de controlar la escena, los ladrones se crisparon. Y más aún cuando las víctimas en lugar de agruparse, se refugiaron en distintos ambientes.

En ese cuadro de situación Ana vio una oportunidad y no la desaprovechó. "Cuando cerré la puerta de la cocina, uno de estos muchachos agarró la puerta a patada y rompió los vidrios. En un descuido de ellos abrí la puerta y corrí hasta el garaje. Y salí hacia la vereda, a los gritos, pidiendo ayuda", recordó Maschio. Mientras miraba como se iba, la ladrona gritó: "¡Eh!, se nos escapó la mina".

Ese grito operó en las cabezas de sus compinches como si alguien hubiera tocado retirada con un clarín. Antes de que Ana transitara los 30 metros que separan su casa del resto bar Galileo, en la esquina de Corrientes, los ladrones manotearon una cámara digital y la billetera del hijo, que estaban sobre una mesa, y salieron hacia el parque Independencia.

A los tiros. Los gritos de Ana activaron los celulares de los vecinos y parroquianos. A varios de ellos, incluso el hijo de la mujer, se les ocurrió perseguir a los maleantes. Entonces sonaron al menos siete disparos de calibres 9 milímetros y 11.25 realizados por los maleantes a la carrera. Al menos esa fue la cantidad de vainas que incautó la policía sobre la vereda a metros del domicilio asaltado.

"A las 22.20 empezaron a llover llamadas al 911 que describían la misma situación en una casa de Cochabamba al 1400. En uno o dos minutos llegó al lugar dos motos que estaban afectadas a los operativos de control en la zona de bares y restaurantes. El personal entrevistó a la víctima, que estaba herida en la cabeza, y brindó una muy buena descripción de los tres delincuentes", precisó el subcomisario Schmidt, quien participó del operativo cerrojo. "Cuando los estábamos buscándo por la zona de Oroño y Pellegrini, en inmediaciones de los Tribunales, vimos como cruzaban corriendo el bulevar tres personas hacia el laguito del parque. La descripción era una foto y ahí los detuvimos", relató el oficial.

"Mi esposo está bien, en cama, porque le dieron diez puntos de sutura en las heridas. Siete en la parte superior de la cabeza y tres en la frente", indicó Ana.