Operaron a un taxista golpeado en un asalto y apuñalado por la espalda
Al mando del taxi que maneja desde hace dos meses, Héctor Césare sufrió un cruento asalto el sábado a la noche: tres ladrones lo obligaron a bajar del auto, lo golpearon y le aplicaron una puñalada que le atravesó la espalda, aunque apenas se llevaron 23 pesos y un celular. Anoche estaba internado en el Heca, pero según los familiares su vida no corría peligro.

Lunes 17 de Noviembre de 2008

Al mando del taxi que maneja desde hace dos meses, Héctor Césare sufrió un cruento asalto el sábado a la noche: tres ladrones lo obligaron a bajar del auto, lo golpearon y le aplicaron una puñalada que le atravesó la espalda, aunque apenas se llevaron 23 pesos y un celular. Anoche estaba internado en el Heca, pero según los familiares su vida no corría peligro.

  Césare tiene 60 años. Está casado y tiene dos hijos, Walter, de 32 años, y Erika, de 30. Hace dos meses comenzó a trabajar como chofer de una empresa de radiotaxis desde que dejó de atender un almacén de la familia ubicado en 3 de Febrero al 600.

  Según contó su hijo Walter, todo comenzó poco antes de la medianoche del sábado. Césare conducía un taxi Chevrolet Corsa y, cuando llegó al cruce de bulevar Seguí y 1º de Mayo, una pareja de jóvenes con un bebé se subió al auto. "Llévenos hasta 27 de Febrero y Avellaneda", dijo el muchacho. El chofer llevó a los pasajeros hasta el destino indicado y, cuando intentó reiniciar la marcha, fue emboscado por un desconocido que apoyó una pistola sobre la ventanilla. "Bajate del auto", le gritó el recién llegado.

  Césare descendió del vehículo, el maleante lo atacó a trompadas y el chofer se desplomó en el suelo. A raíz de la golpiza, el teléfono celular se le cayó y fue recogido por el maleante. En ese momento entraron en acción otros dos ladrones que continuaron con la golpiza. Cuando el conductor ya estaba maltrecho, le dieron varias patadas.

  En medio de la paliza, uno de los ladrones se apoderó de la billetera del taxista con los 23 pesos que acababa de cobrarle a la pareja. El castigo no cesó: uno de los agresores le lanzó dos puntazos. "Una puñaladas le atravesó la espalda, a unos diez centímetros de la última costilla, y la otra lo rozó", explicó Walter en el bar del Heca.

  Los ladrones se marcharon y, a duras penas, el chofer manejar hasta el Heca. Apenas arribó, una mujer lo ayudó al ver que perdía abundante sangre. El castigo fue tremendo. "Tiene la rodilla lastimada y la cara golpeada", explicó su hijo. Cerca de las 14 de ayer lo operaron, pero Walter confiaba en que su padre superaría el mal trance.