Policiales

Nueve años de cárcel por balear y dejar parapléjico a su amigo

La sentencia recayó en José Antonio Demarrez por un demencial ataque ocurrido en noviembre de 2016 y del cual fue víctima Ariel Aquino.

Jueves 14 de Febrero de 2019

"Mi vida cambió. Estuve estos dos años internado, no disfruto, no puedo hacer nada. ¿Por qué hizo ésto? La verdad, no lo entiendo", declaró Ariel Aquino el pasado miércoles 6 de febrero en la primera jornada del juicio oral y público que se le siguió a su "amigo" José Antonio Demarrez por haberle disparado un balazo por la espalda que lo dejó parapléjico. Ayer, al finalizar las audiencias, un tribunal de primera instancia condenó al ejecutor del disparo a 9 años de prisión al hallarlo culpable de lesiones gravisimas dolosas, portacion ilegítima de arma de fuego de uso civil y tenencia ilegítima de uso civil y en carácter de autor.

La condena fue dictada por los jueces Rafael Coria, Héctor Núñez Cartelle y Paula Alvarez y es sensiblemente menor a lo que había solicitado en su alegato el fiscal Florentino Malaponte, quien requirió 10 años y 8 meses de cárcel para el acusado de cometer el hecho la noche del 25 de noviembre de 2016 en la zona noroeste de la ciudad.

Viejos amigos

Ariel Aquino y José Antonio Demarrez eran amigos. Se conocieron en Nuevo Alberdi, salían juntos a bailar y eran novios de dos hermanas. Hasta que aquella noche de noviembre de 2016 se cruzaron por última vez hasta hace unos días, cuando volvieron a enfrentarse en una sala del Centro de Justicia Penal.

Aquino declaró en la primera audiencia del juicio que el día del hecho lo habían invitado "a jugar a la pelota pero la cancha estaba llena y me volví a mi casa. Cuando doblo por calle Luzuriaga estaba el «Chulo» (Demarrez) sobre una moto con su novia", dijo señalando al acusado que seguía el testimonio con su mirada en el piso. "Seguí caminando y me encontré con mi ex novia, charlamos un rato y la acompañé hasta la casa. Ella se metió adentro y esperó que yo salga. Lo paso al «Chulo», hago diez o quince metros y siento dos gatillazos. Me doy vuelta y lo miro. Era él", recordó.

Aquino nunca perdió la conciencia y recuerda el impacto que lo desplomó al piso: "No me podía mover. El se me acerca y me gatilla en la cabeza pero no salió la bala". Y recordó que, antes de irse en su moto, Demarrez le dijo: "Mirá lo que hice. Lo dijo como arrepentido. Pero ya lo había hecho. Yo ya había perdido todo".

Un trabajo en común

A los 17 años Aquino había comenzado a trabajar con su padre en una carnicería de Ludueña. Luego se mudaron a Nuevo Alberdi, donde el trabajo en un horno de ladrillos abría perspectivas para la familia. Allí conoció a Demarrez. "Eramos amigos. Yo lo sacaba a todos lados. Ibamos en moto a bailar. Se quedaba a dormir en mi casa", dijo el joven a La Capital. En esa época Aquino salía con una chica de la que se distanció poco antes del ataque. La hermana era novia de Demarrez.

Unos meses antes del incidente, los amigos dejaron de frecuentarse. Aquino explicó en el juicio que había conseguido un trabajo como albañil en una cooperativa de viviendas. Se volvieron a cruzar la noche del ataque, frente a la casa de su ex novia, en Ciudadela y Luzuriaga.

"La vida cambia", reflexionó Aquino, tras contar que alterna largos períodos de internación con la asistencia de enfermeros a su domicilio. "No puedo hacer nada. Me salió una escara que no me deja rehabilitar. Me hicieron una colostomía y tengo osteomielitis crónica" (infección de la médula ósea). Incluso, el muchacho estuvo internado hasta cinco días antes del juicio por un desplazamiento de ambos fémures.

"La familia de él (por Demarrez) primero reaccionó bien, quería ayudarme. Pero después vino un abogado que me quiso dar plata para que se baje la causa. Yo no quiero plata a cambio de mis piernas". Aquino no recibirá plata, tal cual lo dijo, y su agresor, de 37 años, pasará los próximos nueve años tras las rejas por un ataque que parece inexplicable.

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