Policiales

Notable disminución de homicidios en 2019 respecto del año anterior

Mientras se siguen investigando muertes dudosas, en el departamento Rosario hubo 39 crímenes menos que en 2018.

Lunes 20 de Enero de 2020

Con un total de 160 casos confirmados, podría decirse que 2019 fue el año en el que menos homicidios dolosos se registraron en el departamento Rosario en la última década. Más allá de que la cifra podrá modificarse según cómo resulten las pesquisas sobre nueve muertes dudosas que aún investiga el Ministerio Público de la Acusación (MPA) que en un informe refirió 168 casos, en principio se observa una disminución importante respecto de los 199 casos contabilizados durante 2018.

La cifra es aún más baja que la registrada durante 2018 solo en la ciudad de Rosario, donde las muertes violentas bajaron de 163 a 134. En el resto del departamento ocurrieron diez homicidios menos lo que coincide con la merma observada en Villa Gobernador Gálvez.

Si el fenómeno pudiera explicarse por una cuestión de zonas resaltaría un dato elocuente en la diferencia de casi 40 homicidios entre un año y otro: la disminución más notoria se verificó en las zonas sur y la oeste de la ciudad, más allá de que siguieron siendo las más letales en cuanto a hechos de violencia.

Resulta interesante ahondar en los contextos, modalidades y posibles móviles de los homicidios, si bien la información sobre estos aspectos no deja de ser preliminar teniendo en cuenta que la mayoría de las investigaciones siguen en curso. Además, las distinciones que puedan hacerse no dejan de tener intersecciones entre sí, como en aquellos casos en los que una vieja bronca barrial se puede mezclar con una pelea más nueva por narcomenudeo.

Teniendo en cuenta esos matices, en principio la violencia barrial e interpersonal explica casi la mitad de los homicidios mientras que más de medio centenar, al menos, pudieron tener su origen en aprietes y balaceras mafiosas desde vehículos. Asimismo, se presume que 13 de las víctimas fueron blanco de sustracciones o intentos de robo y que de las 17 mujeres asesinadas cinco murieron en contexto de violencia de género mientras se siguen investigando otros casos para ver si se encuadran como femicidios (ver página 30).

A las armas

Un indicador que parece no bajar nunca es el de los homicidios perpetrados con armas de fuego, que sigue superando el 75 por ciento del total. Los 124 contabilizados el año pasado implican una reducción de menos del 2 por ciento de los 157 que hubo en 2018. Al mismo tiempo, la disminución general de los asesinatos no tiene correlato en los hechos cometidos con armas blancas (con 20 casos, el porcentaje subió) o aquellos —al menos trece— en los que las víctimas murieron como consecuencia de golpizas o incendios.

Al respecto vale detenerse en este punto y puntualizar que el MPA investiga nueve muertes violentas en las que aún no se estableció si hubo asesinato. Los estudios no verificaron heridas de arma de fuego en los cadáveres que aparecieron calcinados o golpeados, en su mayoría en basurales y rellenos sanitarios. También hay tres casos de personas que aparecieron muertas en sus casas pero no se estableció si los decesos fueron accidentales o dolosos. Del avance de esas investigaciones podrán variar los números presentados en esta nota.

Otro aspecto en que la merma de homicidios no verificó una baja proporcional es el de la edad de las víctimas. Con 106 casos, los menores de 35 años representaron el año pasado poco más del 66 por ciento (los 125 de 2018 no llegaban a un 63 por ciento).

Sobre el registro mensual, los números de 2019 dan cuenta de un verano mucho más tranquilo que el actual, con 22 crímenes sumados entre enero y febrero que apenas superan los veinte cometidos en lo que va de este mes. Al igual que en el año anterior, hubo un solo mes en el que la cifra superó los 20 casos (21 en marzo contra 30 en abril de 2018) e incluso dos meses que llegaron a la decena: febrero (9) y septiembre (7).

Zonas calientes

Las zonas donde ocurrieron los crímenes sigue siendo otro dato interesante en este análisis preliminar que toma las jurisdicciones de los seis distritos en los que se divide el municipio rosarino. Tal como en 2018, las zonas más letales en cuanto a violencia urbana fueron la oeste (seccionales 13ª, 14ª, 19ª y 32ª) y la sur (11ª, 15ª, 16ª y sub 20ª). Pero fue justo en ambas donde se registraron las disminuciones más pronunciadas. En el área del distrito oeste los homicidios bajaron de 43 a 34 y en el sur, de 47 a 28. En tanto, en Villa Gobernador Gálvez hubo diez crímenes menos.

   Si fuera por las zonas, lo ocurrido en esos tres escenarios podría explicar toda la disminución de homicidios de un año a otro. El resto de los distritos no ofrece mayores variaciones a simple vista, más allá de que hubo aumentos en dos: en el centro, históricamente la zona con menos asesinatos en la ciudad, subieron de 9 a 12. Y en la zona noroeste (seccionales 12ª, 17ª, 20ª, sub 21ª y sub 22ª) los 23 crímenes registrados implican dos más.

   Más allá de la notoria merma en Villa Gobernador Gálvez, en el resto del departamento se mantuvieron las cifras de años anteriores. En Granadero Baigorria volvieron a contarse cinco homicidios y en Pérez aumentaron de uno a cuatro, de los cuales al menos dos ocurridos en Cabín 9 se inscriben en balaceras de tinte mafioso. En tanto, en el resto de las localidades donde hubo un crimen (Alvear, Piñero, Ibarlucea) podrían tratarse de conflictos originados en Rosario y dirimidos en caminos rurales alejados de la ciudad. Excepto el femicidio de Elsa Noemí Mercuri en General Lagos (ver aparte).

Por qué

Para arribar a un análisis completo de los homicidios se deben agregar aspectos cualitativos que a veces requieren de avances en sus respectivas investigaciones. Pero a veces los datos preliminares pueden ayudar a comprender ciertas situaciones. De esa información obtenida en las escenas de los hechos o de posteriores imputaciones se puede inferir que cerca de 80 crímenes —la mitad de los casos— tuvieron como telón de fondo la creciente violencia que se ve en las calles, no sólo en las rosarinas.

   Dentro de esta violencia generalizada se pueden incluir aquellos hechos en los cuales víctima y victimario se conocían previamente y arrastraban algún conflicto que se terminó dirimiendo a tiros o cuchillazos (lo que históricamente se denomina violencia interpersonal). O bien aquellos originados en fatales encontronazos. De los 79 casos registrados, al menos tres fueron a la salida de fiestas, diez tuvieron como escenario peleas callejeras, cuatro se originaron en discusiones y tres de las víctimas fueron indigentes ultimados a golpes.

   No obstante, conviene insistir en el carácter relativo y preliminar de este conteo, ya que muchas veces los contextos y móviles de los crímenes no obedecen a una sola variable, máxime teniendo en cuenta los vertiginosos cambios en las dinámicas criminales y —nunca olvidar— el alcance del azar que a veces define por milímetros la diferencia entre muertos y heridos.

   Al menos 33 personas murieron el año pasado en balaceras contra viviendas por el hecho de estar en la vereda o incluso adentro de sus casas. Seguro en algunos casos las víctimas fueron blancos de los ataques y en otros la ligaron de rebote. Sin embargo, de esta treintena de casos también habrá que establecer los motivos ya que, más allá del notable aporte de la cultura narco a la violencia urbana, no siempre la narcocriminalidad explica todo.

   Vale apuntar que si bien las balaceras contra viviendas muchas veces se originan en la intención de usar esa casa como quiosco de drogas, esa no es la única finalidad. Muchas veces tienen que ver con la usurpación como negocio inmobiliario que no sólo se debe atribuir a bandas narcos, aunque puede servir para financiar el narcomenudeo. A veces sólo se trata de ejercer —o pretender hacerlo— el poder de dominación mediante el apriete a vecinos vulnerables. Incluso no siempre tienen como objetivo quedarse con la vivienda en cuestión sino que, como forma naturalizada de aplicar mafia, ya están generalizadas las balaceras contra casas como forma de hacer llegar mensajes que por teléfono o redes sociales al parecer no tienen la misma contundencia.

   Distinto es cuando, ya de los datos preliminares, surge que los hechos se inscriben en una disputa entre bandas delictivas. A veces por el historial de la víctima, como en el caso del triple crimen de Emanuel “Ema Pimpi” Sandoval, ejecutado el 25 de octubre junto con Mirco Saldaño y Rocío Genovese en la casa de La Florida donde el joven de 29 años cursaba arresto domiciliario. Otras por sus vínculos, como en el doble homicidio del suegro del detenido Luis “Pollo” Bassi, Eduardo Cisneros, y su concubina Gloria Larrea, a priori acribillados por ser parientes de un hombre a quien le mataron a varios familiares en el marco de un conflicto con Los Monos (Bassi fue uno de los absueltos por el crimen de Claudio “Pájaro” Cantero).

   Ni siquiera los homicidios en ocasión de robo se pueden encuadrar tan fácilmente. Hubo casos en los que no se sabe si el robo fue una causa o una consecuencia (ver aparte). Y en cuanto a hechos de gatillo fácil puede decirse lo que se sabe hasta ahora: en dos de los casos, los homicidas estaban de franco y alegaron haber sido asaltados, en los otros tres se trata de policías que mataron en el marco de persecuciones a presuntos ladrones.

Menos múltiples

En este marco, y con todas las salvedades, puede notarse una disminución de otro indicador de violencia letal en la ciudad. Mientras que en 2018 hubo 14 hechos con más de un muerto —una docena de dobles y dos triples homicidios— el año pasado esa cifra se rejudo a ocho: seis dobles crímenes y el triple homicidio de Ema Pimpi.

   En cuanto a los hechos con dos muertos, se trata de casos en los que la violencia se expresó de múltiples formas: entre ellos la masacre de Manantiales al 3700, el 1º de marzo, cuando tres hombres bajaron armados de un auto y dispararon a mansalva con el saldo de dos muertos y nueve heridos; la balacera contra un grupo de gente en la vereda de Esmeralda al 3500 en la que murieron dos hermanos; el caso de gatillo fácil del 21 de mayo que terminó con la muerte de dos motociclistas sospechados de un asalto previo; una balacera contra un bar de Arijón y Balcarce donde murió una nena de 15 años que estaba en la puerta del boliche; el doble femicidio de Laprida al 1400, el 26 de agosto. Y un hecho reciente, el 17 de diciembre último, en el que un chico de 17 años fue asesinado a golpes y en una secuencia posterior murió de un balazo un hombre de 34 que se había asomado a ver que pasaba.

Trece hechos en ocasión de robo

En principio trece homicidios de los registrados el año pasado ocurrieron en ocasión de robo sin contar dos en los que murieron los presuntos asaltantes. Siete se dieron en asaltos o intentos de robo en la calle, mientras que tres de las víctimas aparecieron muertas en sus casas y se debe establecer si el robo fue el móvil principal. En tanto, otros tres fueron ataques a piedrazos contra motociclistas, dos de ellos en San Martín y Platón.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario