"No tuve intención de matar", dijo el panadero que abatió a dos ladrones
"No soy un justiciero. Soy una persona que se defendió y que hizo lo único que podía hacer en ese momento. No tuve intenciones de matar". Germán Giosa, el panadero que el domingo pasado mató a dos jóvenes que lo asaltaron en Riobamba al 4300, utilizó esas frases para tomar distancia de las adhesiones que el episodio que le tocó vivir despertó en un vasto sector de la sociedad rosarina.

Viernes 05 de Septiembre de 2008

"No soy un justiciero. Soy una persona que se defendió y que hizo lo único que podía hacer en ese momento. No tuve intenciones de matar". Germán Giosa, el panadero que el domingo pasado mató a dos jóvenes que lo asaltaron en Riobamba al 4300, utilizó esas frases para tomar distancia de las adhesiones que el episodio que le tocó vivir despertó en un vasto sector de la sociedad rosarina.

A menos de 24 horas de ser excarcelado por decisión de la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, el comerciante sigue imputado de doble homicidio hasta que la Justicia determine si actuó en legítima defensa o si se extralimitó en su accionar.

Giosa salió a contar su historia en varios medios de comunicación, entre ellos este diario, a los que pidió preservar su imagen por cuestiones de seguridad. La entrevista se concretó en el estudio de sus abogados defensores. En ese lugar, y acompañado por Eduardo, su papá, el repartidor calificó lo sucedido como "un accidente" y remarcó que "jamás" tuvo intenciones de ejecutar a los asaltantes.

Un día negro.El domingo pasado, alrededor de las 3, el muchacho llegó a la panadería de sus padres, donde trabaja junto a sus otros dos hermanos. Cerca de las 8.30 salió con su camioneta para realizar el reparto. Al llegar a una granja de Riobamba al 4300, uno de sus habituales clientes, Giosa estacionó el utilitario muy cerca del local que a esa hora aún estaba cerrado. El vehículo quedó sobre la vereda, de culata. Según contó ayer, en ese lugar optó por esperar la llegada del dueño.

En eso estaba cuando se acercaron dos muchachos. Lo que siguió después transcurrió en un par de minutos."Estaban bien vestidos, parecían como que venían de bailar. Cuando pasaron por delante de la trompa de la camioneta, el más grande de estatura se me vino encima y comenzamos a forcejar. El otro se sumó enseguida y me pegó en la cabeza con la culta del arma", rememoró el comerciante. El relato llegó entonces al momento más dramático.

Forcejeo fatal.Los delincuentes le quitaron todo lo que tenía valor. "Les entregué todo", dijo el muchacho, "pero querían más, me insultaban y seguíamos forcejando. Hasta que en uno de ellos vio que se asomaba debajo del asiento de mi coche el revólver de mi padre", añadió. "Quemalo, que está calzado", fue la orden que escuchó Germán de boca de uno de los agresores. "El tipo que tenía el revólver gatilló varias veces, llegué a ver cómo giraba el tambor y te puedo asegurar que me apuntó a la cabeza, a un metro de distancia. Entonces agarré de un manotazo el arma y disparé tres veces al bulto", sostuvo.

"No fue mi intención de matar o causar daño. Fue un acto para zafar de la situación, una reacción instintiva. Después de los tres tiros, me subí al auto, salí en contramano y fui a la comisaría directamente con la cabeza rota por el golpe que me dieron. Tuve esa reacción porque sufrí una agresión injustificada. Les había entregado todo lo de valor. Nunca estuve preparado para matar", aseguró.

Fuentes policiales indicaron en su momento que los delincuentes murieron en el mismo lugar, uno cayó en una zanja y el otro sobre la vereda. Se llamaban Alberto Ascencio, de 19 años, quien recibió un tiro en la cabeza y Nicolás Morel, de 16, quien murió por una bala que le atravesó el pecho.

No soy lo que piensan. El muchacho y su padre rehuyen al término "justiciero". El caso en sí, y el posterior relato que el repartidor hizo en las radios locales por la mañana, causaron un aluvión de llamados de oyentes que adhirieron o justificaron lo que había hecho. "Nada que ver. No soy justiciero, sólo quise zafar de la situación. Jamás pensé en usar un arma y ni siquiera me gusta cazar. Lo que pasa es que la gente reaccionó así porque se siente insegura. Mientras estaba detenido en la comisaría me enteraba de que había 20 ó 30 robos en una tarde. La desconfianza que genera la inseguridad hace que la gente me identifique como un justiciero", manifestó.

"Uno piensa que algo así nunca le va a pasar. Hoy (por ayer) salí a trabajar. Mi papá me acompañó a visitar a todos los clientes, que me estaban esperando. Pero confieso que me siento inseguro. Creo que me va a costar un montón recuperarme, pero con el apoyo de mi familia voy a salir adelante", concluyó.