Domingo 07 de Febrero de 2010
"Newell’s tiene hinchada y como todo club del fútbol argentino también tiene barra brava. Los clubes tuvieron, tienen y tendrán barrabravas hasta que haya un cambio político serio que solucione este problema". Por fin alguien que, desde el riñón de un club, confirma lo que todos saben. Quien lo hizo no es otro que el secretario de la entidad rojinegra, Pablo Morosano, que habló con este diario a dos días de la salvaje emboscada que le costó la vida a Walter Gastón Cáceres, un chico de 14 años que recibió tres balazos en la cabeza y otro en la espalda cuando los micros que traían a la barra rojinegra desde Buenos Aires fueron atacados a tiros.
—¿Qué valoración hace el club del ataque?
—Es un problema delictivo que tiene que ver con la seguridad y que excede a Newell's. Es algo relacionado con hechos criminales que ocurren en la zona sur de la ciudad desde hace un tiempo y que no tienen control. Es algo más profundo que lo que pasa en el club y las respuestas las tienen que dar las autoridades y no la comisión. Nosotros no podemos buscar, encontrar o marcar responsables. Sí podemos decir que tiene que ver con una reacción de un grupo que hoy está afuera del club y toma represalias. La comisión directiva lo plantea desde el sentido común, pero no tenemos otra explicación porque son las autoridades policiales y políticas las que deben explicarlo.
—La emboscada se planteó como un enfrentamiento entre un sector de la barra actual y el sector que conducía Pimpi. ¿Ustedes lo vislumbran así?
—Aparentemente sí. Fue entre un sector que hoy no está vinculado al club y otro que es referente de la hinchada. Desde que ganamos las elecciones, en diciembre de 2008, alertamos a la policía sobre el vacío que se produjo en la hinchada y las consecuencias que podía traer. Cuando los ex referentes (los hermanos Camino) fueron detenidos se produjo un vacío que fue ocupado por algunos muchachos y seguramente hay otros que lo van a querer disputar. Newell's es víctima de esa situación.
—En la gestión actual hubo incidentes graves como el copamiento del club y el apriete al tenista Martín Del Potro (en una exhibición que dio en el estadio en diciembre). ¿Cómo se posicionó el club frente a eso?
—No podemos comparar el ataque del jueves con los otros hechos. Que haya un grupo de socios que hayan querido sacarse fotos con Del Potro y éste haya tenido una discusión, es un problema que tiene que resolver el club. Pero no lo podemos comparar con asesinar a sangre fría. En realidad, aquel evento tenístico no lo organizó el club, lo hizo una empresa privada que no tomó todos los recaudos necesarios. En esto voy a ser claro: Newell's siempre tuvo hinchada y como todo club del fútbol argentino también tiene barra brava. Los clubes tuvieron, tienen y tendrán esas barras hasta que haya un cambio político serio que solucione el problema. De ahí a que haya delicuencia son cosas totalmente distintas. La comisión directiva tampoco va a ser como un Quijote que va a enfrentar solitariamente el problema. Estamos muy solos para hacerlo y muy lejos de lograrlo. Pero no vamos a permitir o a apañar de ninguna manera hechos vinculados con la delincuencia. Una cosa es la hinchada y lo relacionado con el club y otra cosa es la delincuencia.
—¿Qué medidas tomaron despues del caso Del Potro?
—Se cambió el sistema de seguridad interna del club y se compraron más cámaras de video para que no haya más intromisión de personas en sectores donde no tienen que estar. En la sala aledaña al vestuario, donde se realizan las conferencias de prensa después de los partidos, no hay presencia de barras. Tampoco en el complejo Bella Vista. La barra no tiene intromisión en los eventos del club. Desde que estamos nosotros no hay que lamentar de parte de la barra ningún hecho penoso.
—La policía sostiene que la tragedia del jueves fue motivada por el interes de Pimpi en retomar el control de la barra.
—Puede ser. Yo lo tomo como un acto de revancha o de venganza. Lo digo como mero espectador y analizando la situación desde afuera sin conocer claramante a los actores ni poder atribuírselo a nadie, pero esto tiene las características de un ajuste de cuentas.
—¿Por qué un ajuste?
—Por algo que tiene que ver con el desplazamiento o vacío que se fue generando atrás del arco de Newell's.
—¿Están conformes con la resolución judicial sobre el copamiento del club ocurrido el 26 de enero del 2008?
—En ese caso la jueza (Raquel) Cosgaya actuó como debía. No sé si decir con celeridad, pero sí dentro de los límites que se puede esperar de la Justicia. Se dio con los responsables, hay sentencia firme y no hay nada que objetar. Lo que sí es claro es que habrá que controlar si esas personas que ahora están en libertad cumplen con las pautas de conducta que le impusieron y velar por la seguridad por los espectadores, los socios y los trabajadores del club.
—¿Creen que los hechos de violencia pueden continuar?
—Creemos que sí aunque no puedo precisar cuándo o dónde. No soy el encargado de hacer tareas de prevención ni inteligencia. Eso le corresponde a las autoridades. Pero lo que llegamos a conocer o escuchar inmediatamente lo hacemos saber.