Policiales

Murió el joven baleado frente a un boliche en un caso con dos versiones

Edgardo Molina tenía 21 años y un hijo de 3. La madrugada del jueves lo hirieron en 27 y Magallanes. Sus amigos, testigos del hecho, refutaron la versión policial y lo hecho por la fuerza en el lugar.

Sábado 23 de Julio de 2011

Edgardo Molina, el muchacho de 21 años que el jueves a la madrugada fue herido con un balazo en el abdomen en un boliche de 27 de Febrero y Magallanes, falleció ayer por la mañana en el Hospital de Emergencias, lugar al cual lo habían trasladado sus amigos en un auto particular. El joven tenía un hijo de 3 años, no tenía ningún tipo de antecedente penal y se ganaba la vida trabajando con su padre como ayudante de plomero y gasista. Ayer, en medio del dolor de su deceso, sus amigos, varios de ellos testigos del hecho que le costó la vida, pusieron en crisis la versión oficial de lo ocurrido y dijeron lo suyo.

"El policía que fue herido estaba en el boliche haciendo un adicional, no llegó en un patrullero y no hizo un disparo al aire de advertencia porque no bajó de ningún móvil. Los patrulleros llegaron al boliche porque lo habían herido al policía. Y él les fue dando los datos del Renault Clío rojo por handy, por eso los persiguieron", dijo fuera de sí Cintia, amiga de la víctima y testigo presencial del hecho que se llevó la vida de Molina y dejó a otro muchacho y al policía en cuestión heridos de bala.

Menudo trabajo tendrá la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, quien investiga la causa, para armar la secuencia real de cómo sucedieron los hechos, ocurridos el jueves a las 4.20, en inmediaciones de "Ibiza Cantobar", un boliche de 27 de Febrero y Magallanes.

El relato de lo sucedido allí, en boca de una decena de muchachos amigos de Edgardo Molina, es diametralmente opuesto a la versión que dio la policía. Ambos relatos sólo coinciden en que hubo una balacera en el lugar, que los agresores que dispararon contra Molina huyeron en un Renault Clío rojo y que en total hubo tres heridos de bala, uno de ellos policía.

La versión oficial. El jueves por la mañana la ciudad se despertó con la noticia de que en 27 de Febrero y Magallanes, en barrio Villa Urquiza, se había producido una gresca y que tres personas habían resultado heridas. Los investigadores dijeron que a las 4.20 de la mañana un llamado al 911 alertó sobre un potencial escruche -robo de un domicilio en ausencia de sus moradores- a una veterinaria de 27 de Febrero y Garzón, a 100 metros del cantobar. También sostuvieron las fuentes oficiales que un móvil de la comisaría 19ª, el 4360, fue comisionado al lugar con dos empleados policiales, uno de ellos identificado como el cabo 1º Manuel A., de 36 años.

La voz oficial relató además que cuando el móvil llegó a la veterinaria comprobaron que se trataba de una falsa alarma y que, al circular por 27 de Febrero hacia Magallanes vieron una gresca en las inmediaciones de Ibiza. Escucharon detonaciones de arma de fuego. Detuvieron el móvil y el cabo 1º mencionado bajó del auto, hizo un disparo al aire con la escopeta reglamentaria con "munición antitumulto" para dispersar y recibió un balazo en el glúteo izquierdo que se le incrustó en la parte posterior del muslo.

Desde el móvil 4360 se solicitaron refuerzos y al lugar llegaron varios autos del Comando Radioeléctrico, uno de los cuales persiguió a un Renault Clío rojo con vidrios polarizados y llantas deportivas, dominio GEB403. Siempre de acuerdo al relato oficial, cuando el Clío llegó al cruce con Provincias Unidas volcó. En su interior iban cinco hombres, dos de ellos de 17 años, que fueron detenidos. En el interior del auto hallaron un revólver calibre 32 con tres proyectiles intactos y tres vainas servidas. Un calibre compatible con las heridas proferidas.

Mientras el cabo primero era trasladado al hospital Carrasco, varios particulares llevaron a dos heridos al Hospital de Emergencias. Allí se informó que a las 5.20 ingresaron Nahuel A., de 19 años, con un balazo en el tobillo derecho, y Edgardo Molina, de 21, con un balazo en el abdomen que un día después le causaría la muerte.

Los amigos. Ayer al mediodía la esquina de Saavedra y Pedro Lino Funes, a la vuelta de la comisaría 19ª, era un hormiguero de jóvenes abatidos por el dolor de la pérdida. En esa esquina vivía Edgardo Molina, un lugar al cual us padres llegaron cuando el ambiente estaba dominado por las quintas. Todos se reunían en torno a la casa esperando que en el Instituto Médico Legal finalizara la autopsia para poder velarlo. Los padres de Edgardo, uno de sus cinco hijos, trataban de pilotear la tragedia. Cerca de ellos estaba Cintia, amiga del muchacho asesinado. "Es mentira que los milicos llegaron en un móvil. El policía herido estaba trabajando en el boliche y los milicos llegaron sólo porque lo habían herido. Mi amigo no estaba en nada raro, en nada", relató entre sollozos y escupiendo bronca la mujer, abalada en sus dichos por una decena de jóvenes de entre 17 y 25 años.

Cintia, testigo de lo ocurrido frente al cantobar, llevó el hilo del relato. Los otros fueron aportando. Todo empezó a la 1.30 del jueves cuando Edgardo y unos 15 jóvenes peregrinaron hasta "Ibiza cantobar" para celebrar el Día del Amigo. En el grupo también estaba Nahuel A., el pibe que sería herido en el tobillo. "Yo no fui con los pibes. Estaba en el boliche cuando llegaron. En el lugar había más de 200 personas y 8 o 10 policías o tipos vestidos como vigilantes", indicó Cintia.

Los jóvenes definieron el lugar como un bar transformado en boliche, cuyo dueño es un policía llamado Luis, que no es del barrio, y que el cabo 1º Manuel A. estaba trabajando allí como adicional. "Es normal que el dueño del boliche haga vestir como policías a tipos que trabajan para él", indicó Cintia. En el bar existe un arco detector de metales. "Pero como no está bien a la entrada no todos pasan por el detector. A nosotros nos revisan como a negros y los otros pasan todos enfierrados", aportó una adolescente del grupo.

Los amigos de Molina contaron que los que originaron la gresca en el boliche son de Villa Nueva, el barrio que está por detrás del cementerio La Piedad. Que los agresores llegaron en el Renault Clío rojo que dejaron estacionado bien en la puerta del boliche. Cuando entraron comenzó una pelea, aparentemente por el robo de dos camperas, y los de Villa Nueva “quisieron copar el lugar, siempre donde van hay quilombo”, aportó uno de los jóvenes. Ante la inminencia de la pelea de 15 contra 3 los de seguridad sacaron “a todo el baile a la calle”, explicó una de las chicas. “Pero a los que hicieron el quilombo los dejaron adentro para cuidarlos”, agregó. En ese clima comenzó a circular entre los que estaban resguardados en Ibiza que a la salida “los iban a cagar a tiros”. Eran aproximadamente las 4.20 de la mañana.

“Entonces salieron, fueron hasta el Clío, agarraron el revólver y uno de ellos empezó a disparar”, relató Cintia. “No era un menor el que tiraba, era un tipo grande”, consignó. “A Edgardo le pegaron el balazo porque cuando salió vio a la hermana que estaba al descubierto, la quiso proteger y ahí le dieron el tiro en el abdomen”, contó la testigo.

Cintia también desmintió que el policía herido haya llegado en un patrullero. “Estaba en el lugar vestido de policía. Es mentira que haya sonado la alarma de la veterinaria. Es mentira que el policía hizo un disparo al aire. Es mentira que el que disparó sea menor. Al Clío lo persiguieron los del Comando porque el milico (el cabo herido) le pasó los datos por radio (Nextel)”, explicó. “Mi amigo (Edgardo) estuvo más de 20 minutos tirado en el piso desangrándose y los milicos no nos dejaban que lo lleváramos. Hasta que me rayé y con otro amigo lo cargamos en un auto y lo llevamos al Heca. Yo lo llevé a mi amigo”, gritó Cintia. “Lo único que queremos es Justicia. Que investiguen qué pasó y que a ese lugar lo cierren”, concluyó la muchacha. Investigan el caso la división Judiciales y la jueza Pérez Vara.

Los sospechosos en un robo

Los cinco jóvenes detenidos tras huir de “Ibiza Cantobar” en un Renault Clío rojo, con el que protagonizaron un choque en 27 de Febrero y Provincias Unidas, no sólo quedaron acusados por su participación en el homicidio de Edgardo Molina, la resistencia calificada a la autoridad, las lesiones contra el cabo 1º Manuel A. y en perjuicio de Nahuel A., sino que también les imputaron el robo calificado cometido en un quiosco de la ciudad de Pérez,el miércoles a las 21.45.

Es que de acuerdo a una denuncia investigada por la comisaría 22ª, un Renault Clío rojo se estacionó a esa hora frente al quiosco ubicado en Alem al 900 de la vecina ciudad y tres hombres, uno de ellos armados, le robaron 900 pesos a su dueño, Miguel O., de 70 años. “La descripción de los hombres y del rodado son coincidentes”, indicó un allegado a la pesquisa.

Los detenidos tras la fuga y el posterior choque que ahora son investigados también por el robo son Ricardo Gabriel M., de 30 años; Maximiliano M., de 19; Cristian D., de 22; Gabriel, de 17 y Joel, de 17, quienes quedaron a disposición de la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara y el juzgado de Menores en turno.

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