Policiales

Misterioso periplo de una mujer bajo la amenaza de un secuestro virtual

El paradero de Karina Mattar, una mujer de 32 años y madre de cuatro pequeños, fue incierto durante todo el día de ayer y mantuvo en vilo no sólo a su familia sino también a toda la cúpula de la Unidad Regional II...

Jueves 01 de Septiembre de 2011

El paradero de Karina Mattar, una mujer de 32 años y madre de cuatro pequeños, fue incierto durante todo el día de ayer y mantuvo en vilo no sólo a su familia sino también a toda la cúpula de la Unidad Regional II de policía, cuyos máximos jefes implementaron todos los mecanismos investigativos a su alcance para localizarla. Todo empezó como un típico secuestro virtual, de esos que en los últimos meses tuvieron a muchos rosarinos como víctimas, y derivó en la misteriosa desaparición de la joven que salió de su casa de Fisherton conduciendo su propio auto y llevando 50 mil pesos en efectivo para pagar un presunto rescate. En horas de la tarde el vehículo fue hallado por los pesquisas. Estaba abandonado en una esquina de Echesortu. El hecho, de por sí extraño, fue confirmado con el paso de las horas por las más altas esferas de la policía local y voceros de la Secretaría de Seguridad Pública de la provincia. Esas mismas fuentes cerraron el caso a medianoche cuando la mujer fue localizada, sin la plata, en la ciudad cordobesa de Bell Ville. Hasta allí había llegado en un micro de línea tras estar "alojada en un hotel céntrico" rosarino durante media hora. Mientras tanto, en Rosario y terriblemente acongojados, permanecían su esposo y sus cuatro pequeños hijos.

Eran poco más de las 10.30 cuando el celular de Karina sonó en la casa de Fisherton en la que vive junto a su esposo, Diego Gómez, y los cuatro hijos de la pareja, de entre 3 meses y 10 años. Entonces, según quedó asentado en la primera denuncia policial, la mujer escuchó una voz desconocida que le dijo que su marido había sufrido un accidente de tránsito y que había sido internado. Después, con la excusa de volver a llamarla para brindarle información más precisa, le pidieron que no utilizara la línea fija de la vivienda ni el propio móvil. Y así fue. El nuevo llamado no demoró en llegar. Pero en vez de más datos a Karina le dijeron que su esposo había sido secuestrado y le exigieron que juntara todo el dinero que tuviera en la casa y que saliera al encuentro de los supuestos captores.

Paso a paso. El presunto extorsionador le habría anunciado a Karina que la iban a estar controlando y que le iban a informar dónde ir para hacer el pago y reencontrarse con su esposo. Eso le implicaría, según ella misma confió a los policías cordobeses que la hallaron ancohe, un largo periplo que la llevó hasta la provincia mediterránea.

Pero antes de eso, envuelta en una crisis de llanto, la joven madre había salido de su hogar en su Chevrolet Meriva, patente FHN995, al encuentro de los captores. En ningún momento atinó a llamar a Diego para confirmar si él estaba bien, si le había pasado algo, y eso llamó la atención de los investigadores. Desde ese preciso momento su rastro se perdió por completo, su celular salió de escena al igual que el de la mucama, aparato que la joven se llevó "quizás por error o a propósito", dijo un vocero policial que siguió el caso minuto a minuto desde la Jefatura, y cuando la hipótesis del secuestro parecía desmoronarse por completo.

La única testigo de la salida presurosa de Karina Mattar de su vivienda de pasaje Craig al 600 bis (Brassey al 7600, en Fisherton) fue la empleada doméstica que por entonces realizaba la limpieza de las habitaciones. Esa mujer declaró el mediodía de ayer ante la policía y aportó los pocos datos que habían trascendido a lo largo de la tarde. "Sostuvo que la mujer salió rápido, llorando, con un par de bolsas en sus manos y sin decirle adonde iba", reconoció un vocero de la policía.

En el marco de esa búsqueda, agentes del Comando Radioeléctrico hallaron a media tarde de ayer el auto de Karina. Fue en Eva Perón y Valparaíso, en Echesortu. Estaba intacto, con la alarma puesta y sin nada que haga presumir que en su interior se hayan registrado escenas de violencia, aunque los peritos trabajaron para detectar huellas o algún rastro que permita aventurar alguna pista. En el interior sólo había una bolsa con facturas de panadería.

El encuentro. Ya entrada la noche, nuevas pistas se sumaron a la pesquisa y fueron abortando todo lo manejado a lo largo del día. "La mujer estuvo alojada en un hotel de San Juan al 800 al que ingresó sola y en el que permaneció media hora. Después fue hasta la terminal de ómnibus donde a las 14.30 abordó un micro con destino a la ciudad de Córdoba, aunque bajó en Bell Ville", a 190 kilómetros de Rosario, aseguró el comisario Cristian Sola, jefe de la policía rosarina. En ese sentido, el propio titular de la Unidad Regional II aseguró que a esos datos "se llegó después de recorrer uno por uno todos los hoteles y hospitales de la ciudad además de las ventanillas de todas las empresas de transporte que operan en la terminal".

Esos elementos fueron tranquilizando a los policías que, contactados con sus pares de Córdoba los impusieron de lo ocurrido. Fueron los uniformados mediterráneos los que finalmente encontraron a Karina mientras en otro micro volvía hacia Rosario. Fue cuando el colectivo llegó a Marcos Juárez y le pidieron que bajara, que ellos la acompañarían hasta su casa. Entonces, en un breve diálogo con los agentes, la mujer sostuvo que "todo lo que hizo fue obligada por los permanentes llamados que le fueron haciendo los (presuntos) secuestradores". En ese sentido, el bolso con los 50 mil pesos del supuesto rescate dijo haberlo "dejado en cercanías de la terminal de ómnibus de Bell Ville". Un caso por demás de extraño aunque con un final feliz. Karina hoy estará de nuevo en su casa y tanto sus hijos como su esposo podrán retomar la calma perdida.

Un hombre dolido y sin respuestas

“No sé qué pensar, estoy desesperado, necesito que me ayuden, que hagan algo para que Karina aparezca”, fueron las primeras palabras de Diego Gómez anoche, cuando La Capital se contactó con él y aún no se sabía el derrotero que la mujer había realizado a lo largo del día. El hombre, de 37 años, es dueño de una librería en la zona oeste de la ciudad y de un complejo de canchas de fútbol 5. Su voz, al otro lado del teléfono, se escuchaba firme aunque acongojada. “Al bebé de tres meses se lo llevó una amiga de Karina y a los tres más grandes la mamá de mi esposa, estamos tratando de no decirles lo que está pasando para no preocuparlos”, aseguró.
  Diego, a partir del relato que le hizo la empleada doméstica de su vivienda, contó que él estaba trabajando en su librería cuando su esposa recibió el llamado extorsivo, y que Karina jamás lo llamó para confirmar si estaba bien o en realidad le había pasado algo. “Se llevó toda la plata que teníamos en casa para afrontar algunos pagos de los negocios y otras cositas. La empleada dijo que se fue llorando y que no le quiso decir adónde iba. Por eso me llamó para avisarme”.
  “Realmente no se me ocurre qué pudo haber pasado pero tengo mucho miedo de que le hagan algo. Ella nunca hubiese dejado al bebé en casa. Adonde iba lo llevaba”, sostuvo Diego, quebrado por el dolor. A la hora de las hipótesis, el hombre aseguró que en la pareja “no hay ningún problema de convivencia”, que él no tiene problemas “con nadie” y que no se le cruza por la cabeza que sea un problema sentimental o de venganza por cuestiones laborales. “Quien me conoce sabe bien quién soy.... laburo todo el día, no tengo nada que ocultar”, concluyó Diego mientras esperaba que alguna noticia alentadora le devolviera la vida.

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