Policiales

"¿Mirá si voy a ser tan tonto?", dice acusado de narco

Carlos Mulé, un cantor de tangos de 64 años, es uno de los cuatro procesados por un envío de 1.235 kilos de cocaína a Portugal en 2012.

Domingo 03 de Enero de 2016

Carlos Mulé, un cantante de tangos rosarino de 64 años, está sentado detrás de su abogado de oficio. Es flaco, usa lentes y su pelo canoso le cae desordenadamente sobre la cara. Hace tres años que está preso en Marcos Paz por el caso "Peras Blancas", un envío de 1.235 kilos de cocaína a Europa por el que hay cuatro imputados: los rosarinos Mulé, Fabián Campagna y Gustavo Spadoni, y Gabriel Nieves Otero, un comisario retirado de la policía bonaerense que era guardaespaldas de Carlos Ruvolo, quien según ellos armó el negocio. Los procesados hubieran querido que éste hablara, pero murió en medio del proceso.

En el Tribunal Oral Federal Nº 2 de San Martín los jueces Diego Leif Guardia, Daniel Cisneros y Daniel Petrone, junto con el fiscal Alberto Gentili toman café y agua mineral mientras escuchan a los 13 testigos de la octava audiencia juicio. El hecho fue en 2012 y fue muy resonantes por el volumen y el tipo de envío. La cocaína secuestrada en Portugal se valuó en 54 millones de euros.

Negocios. Los imputados se dedicaban a distintos negocios. Spadoni vendía motos en una concesionaria; Campagna era gastronómico, también compraba y vendía futbolistas. Y Mulé, cantor y comerciante, es un argentino con ciudadanía italiana que vivió en Europa más de 20 años y fue contactado por Ruvolo para hacerse cargo de una importadora.

Ruvolo tenía 60 años y era presidente de LTDI, empresa dedicada a la importación, exportación y despachos de aduana. Contactó a todos los implicados y a la frutihortícola Fénix, de Alvear (Mendoza), donde compró la pulpa de peras.

Mulé recuerda en charla con este diario que fue contactado por Ruvolo por un amigo en común: Oscar Mundo. "Me fui a Europa hace muchos años y en 1998 volví a Rosario. Vivía con mi madre y hasta 2012 hice de todo: tuve comercios, una radio y vendí medias. Cuando estaba en Europa me repartía entre Zurich y Madrid, cantaba tangos y hacía temporada de playa y shows. No me iba nada mal", cuenta.

"Estando en Rosario —continúa— un día me llama por teléfono Oscar Mundo. Yo había cantado en una banda con él. Me dijo que un tal Ruvolo necesitaba alguien para manejar una empresa importadora. Ruvolo me ofreció 2.800 euros, el 15 por ciento de las operaciones y el pasaje para llegar. Era una buena forma de seguir trabajando y estaba contento. Caí en Badajoz y compré una empresa para operar. Para anotarla en el registro comercial di todos mis datos personales: mi dirección en Argentina y teléfonos. ¿Cree que si yo hubiera sido narcotraficante daría todos mis datos? Cuando se pudrió todo sólo tuvieron que ir a mi casa".

Ruvolo contactó a dos antiguos conocidos como Spadoni y Campagna. El empresario de motos necesitaba cupo para traer repuestos y motos, y según explicó su abogado Gonzalo Alvarez, el gobierno nacional tenía entonces requerimientos fiscales por los cuales "la aprobación de las compras externas estaba vinculada con que compensen importaciones con exportaciones y Ruvolo les ofreció a uno y a otro exportar peras y traer lo que ellos precisaban". El negocio estaba armado: una empresa recibía la mercadería en Europa y dos personas ponían sus firmas para exportar.

Envío. El envío de 1.235 kilos de cocaína se ocultó en tambores de pulpa de pera y el truco burló los controles aduaneros argentinos, sorteó los escaners, los perros antinarcóticos y los controles oculares. La carga partió desde el puerto de Zárate el 9 de noviembre de 2012.

Según la investigación judicial la mercadería se cargó el 9 de noviembre en el buque Miltiadis Juniors III. El barco hizo escala en Montevideo, donde se bajó el contenedor y estuvo en tierra hasta que el 14 de noviembre lo subieron al buque Maerks Leticia con destino al puerto español de Algeciras. Allí llegó el 30 de noviembre y fue embarcado en el buque Freight Atlantic, rumbo a Lisboa. El 12 de diciembre llegó a la terminal de contenedores de Alcántara, en Lisboa.

El 20 de diciembre de 2012 el administrador de la División Aduanas de Campana, Oscar Manuel Iglesias, denunció ante la Justicia que el contenedor MWCU5722001, que había sido embarcado el 9 de noviembre de 2012 en Zárate, había sido pillado por pesquisas antidrogas portugueses en el puerto de Lisboa con un cargamento de cocaína.

Mulé contó que él ya estaba en Badajoz atento al contenedor de las peras. "Me fui a Portugal y me hice amigo del despachante de allá. Después me enteré de que en el puerto de Zárate apareció un tal Alvarez y gestionó que la carga fuera multipropósito y la puso bajo bandera de Liberia, todos trámites que no sé cómo eran".

Cuando recibió el embarque y fue consciente de la situación Mulé llamó a Ruvolo para que lo buscara y lo llevara de Badajoz a Madrid, se tomó el primer avión y recaló en Rosario. "El gordo Ruvolo me pidió perdón y eso. Pero ya era tarde", recuerda.

Coautores. El juez de instrucción de Zárate-Campana Adrián González Charvay procesó a los cuatro implicados como coautores de "contrabando por ocultamiento agravado por tratarse de sustancia estupefaciente destinada inequívocamente a su comercialización como también por la intervención de dos o más personas" y ordenó les trabó embargo por 20 millones de pesos a cada uno.

Para el abogado de Spadoni la causa "es muy compleja". Tres años después el tema es otro: "Los responsabilizan por ser parte de un grupo de personas dedicados al tráfico de drogas. En realidad el fiscal no tiene muchas pruebas; no hay escuchas pero sí contactos telefónicos entre los imputados y pruebas de que viajaron juntos España y allí contactaron a Mulé", admitió.

Durante el juicio se puso sobre el estrado la situación de la Aduana de Zárate-Campana y en otra de las audiencias un titular de la empresa que vendió las peras explicó técnicamente cómo salieron los tambores de allí. No hay nadie de la frutihortícola implicado.

En marzo habrá una definición del juicio y Mulé espera que lo liberen y se demuestre que él actuó de buena fe. "Yo no sabía nada, ¿mirá si voy a ser tan tonto?", se pregunta y no logra una respuesta.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario