Policiales

“Mirá si uno de esos tiros me lo mata, ¿cómo hago para seguir adelante?”

Lo dijo el padre de uno de los dos nenes heridos cuando practicaban en un club de fútbol en Casiano Casas y quedaron en medio de una balacera entre bandas.

Viernes 01 de Abril de 2016

“El nene no se da cuenta mucho de lo que le pasó. Pero lloraba, sufría, le preguntaba al técnico si se iba a morir. Fue muy chocante. Le agradezco a Dios que no le pasó nada más. Pero mirá si uno de esos tiros me lo mata, ¿cómo seguís adelante como padre? El razonamiento es del padre de Gino Hernández, uno de los dos nenes de 7 años heridos de bala la tarde del martes mientras practicaban fútbol en el Club de Fútbol Infantil Defensores de América, en Casiano Casas y Washington, y quedar en medio de un enfrentamiento a tiros entre bandas. El hecho volvió a interpelar el estado actual de las cosas en una ciudad violenta.
  Mario, de 31 años, es el papá de Gino. Y como suboficial de la Policía de Acción Táctica (PAT), recorre a diario las zonas calientes y los barrios más conflictivos de la ciudad.  Paradójicamente, una de las tantas situaciones que aborda en su trabajo esta vez lo atravesó de lleno.

Momento de locura. Mientras acompañaba a su hijo en una habitación del Sanatorio de la Mujer donde Gino se recupera de la  fractura expuesta en la tibia derecha que le provocó una bala, Mario atendió respetuosamente La Capital.
  Recordó que se enteró en pleno trabajo, en la puerta de la seccional 12ª, que era su hijo uno de los baleados. “Dijeron Fernández, pero después se ratificaron y dieron mi apellido por la frecuencia policial. Salí como loco al hospital, imaginate la desesperación”, rememoró.
  En medio de cierto alivio porque a Gino le daban el alta ayer, y acompañado de su mujer Daina y su mamá María, Mario no oculta su angustia y preocupación porque vive a diario los hechos de violencia que oradan las vidas de buenos vecinos.
  “Me ofrecieron un patrullero en la puerta de mi casa, pero tenemos que cambiar el ritmo cotidiano por esta gente y eso me parece ilógico, o tal vez sí, te digo la verdad, no lo sé”, dudó el suboficial.
  Nacido, criado y afincando en el barrio La Esperanza, a 10 cuadras del club al que también él acudió de chico a jugar al fútbol de la mano de su padre, el suboficial evidenció una mueca de tristeza y bronca por la degradación de la zona. “Uno tiene fuerzas para seguir. No sabía cómo manejarlo, si hablar o no, pero si respondo pierdo lo poco que tengo. Ayer me enteré que un Renault 12 andaba dando vueltas (el mismo auto en el que se vio a los agresores el martes). Pienso que toman champagne y festejan que le dieron un tiro a una criatura”, razonó Mario.

“Y si me lo matan”. Al hablar de la percepción de su hijo dijo que no alcanzó a dimensionar la gravedad. “Pero lloraba, sufría, le preguntaba al técnico si se iba a morir. Y a medida que pasa el tiempo vas cayendo. Le agradezco a Dios que no le pasó nada más. ¿Mirá si me lo matan, cómo sigo adelante como padre. Como  reacciono para que se haga algo?
  “Yo soy policía y no se cómo manejarme, imaginate como se debe sentir el ciudadano común. De ahora en adelante ¿cómo encaro la vida? Que alguien me explique, yo hago las cosas bien”, analizó Mario.
  De acuerdo a su perspectiva, algunos aprovecharon el hecho políticamente y distrajeron el problema de fondo. “Hay gente que habla y parece que hace política. Quieren pedir un paredón (perimetral de protección en el club), pero el problema de fondo es otro, no cambiemos la realidad”, dijo sobre un viejo reclamo que se reflotó en medio de la conmoción por la balacera.
  El suboficial, que fue citado a gobernación para entrevistarse con las autoridades, dijo que como agente de la PAT recorre los barrios más complicados de la ciudad, y confesó que teme por su familia.
  “Ando por todos lados, la villa Moreno, La Cerámica, Ludueña, Tablada, Santa Lucía. En los barrios conflictivos conozco todo. Imaginate como me cuesta esto. Porque si te los cruzas (a los agresores) y le decís algo tal vez piensan que los amenazas. Es una paradoja, estoy en el medio y la realidad es que también tengo miedo por mi familia”.
  El hombre razonó sobre el dilema que se presenta a la hora de pensar estrategias para alejarse de la inseguridad. “Mis viejos son mis viejos, mis hijos son mis hijos, donde llegué es por mi familia. Me gustaría vivir en barrio Martin, pero también me quiero quedar tranquilo donde nací, me crié y me conocen todos”.
  Como policía, Mario también aportó su opinión acerca de la dinámica delictiva y el comercio de drogas. “Quiero hablar. Voy a poner mi granito de arena, porque si nos quedamos en la nebulosa no avanzamos. Pero también hay que decir que cuando se sacan los búnker, ellos ponen delivery. Nosotros vamos atrasados y ellos evolucionan”.
  Finalmente lamentó los incidentes entre bandas donde las víctimas son inocentes. “Acá se vio eso. No se pueden plantar (las autoridades) adelante de estas personas y agarrarse frente a frente. Lo diré en caliente, pero me parece que viven en una nebulosa”.

“Mi ídolo es Marco Ruben”, dijo Gino

Gino Hernández tiene 7 años y ayer estaba de buen ánimo, rodeado del afecto de su padre Mario, su mamá Daina y de la abuela materna María. Con el suero en el brazo izquierdo y un medio yeso abierto y protegido por vendas en la pierna derecha, el niño hincha de Rosario Central se repone satisfactoriamente de la herida de bala que le provocó una fractura expuesta de tibia. “Juego de marcador central, de seis”. ¿Como Javier Pinola?, preguntó el cronista sobre la admiración que despierta ese jugador en los hinchas canallas. “No, mi ídolo es Marco Ruben”, respondió contundente con una tierna y pícara sonrisa el alumno de 2º grado de la Escuela Particular Incorporada Nº 1355 Cristiana Evangélica Argentina (Netri 1319).
  Ayer mismo Gino fue dado de alta del Sanatorio de la Mujer, pero tendrá unos dos meses de recuperación en su casa. El fue uno de los dos heridos entre los 40 nenes de entre 6 y 9 años que practicaban en la canchita del Club de Fútbol Infantil Defensores de América, en Casiano Casas y Washington, cuando integrantes de bandas que se dirimen el territorio efectuaron cerca de 40 disparos sobre el predio, con el resultado conocido. El otro niño herido, Benjamín R., también de 7 años, se repone en el Hospital de Niños de una herida similar a la que sufrió Gino.

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