Policiales

Mataron de un tiro a un almacenero para robarle unas pocas pertenencias

Homicidio en Cabín 9. Dos jóvenes ingresaron a un pequeño comercio de Pérez, propiedad de Angel Vergara, durante la madrugada y se llevaron dos balanzas y una caja registradora en desuso.

Jueves 12 de Marzo de 2015

Angel Vergara tenía 71 años y desde hacía 50 estaba detrás del mostrador de una pequeña granja en el barrio Cabín 9, en la vecina ciudad de Pérez. La madrugada de ayer su vida fue apagada de una manera tan demencial como cruel. Uno de los delincuentes que se introdujeron en su comercio para asaltarlo lo mató de un balazo cuando, al parecer, don Angel se resistió al atraco. Tras el ataque los ladrones se marcharon con un magro botín: una caja registradora en desuso y dos balanzas. Hasta anoche no habían sido localizados por la policía.

Vergara era el dueño de un pequeño almacén y bar al paso ubicado en Espinillo 197, en un sector de Cabín 9 poblado de viviendas humildes de material, muchas de ellas con techos de chapas, que a un ladro tienen las vías del ferrocarril y al otro calles de tierra. En la vereda del pequeño local asoman dos largos bancos de madera pintados de azul y amarillo. Allí, a diario, se sentaban los clientes de don Angel para tomar alguna bebida y pasar las horas.

El comerciante vivía solo desde que falleció su esposa, varios años atrás, en una casa ubicada en la parte posterior del negocio y tenía 3 hijos, según contó un familiar (un varón y dos mujeres). Fue precisamente el hijo, que vive a una cuadra de don Angel, quien encontró cerca de las 6.30 de ayer el cuerpo sin vida del hombre.

El subcomisario Héctor Miranda, titular de la subcomisaría 18ª, explicó que todo se desató cerca de las 3.30 de ayer. A esa hora, los malhechores ingresaron al local después de forzar la puerta de calle del almacén. "Primero trataron de entrar por una ventana, pero como no pudieron la forzaron con un poste. Después pudieron romper el candado de la puerta y así lograron entrar", contó el oficial.

Sobresaltados. Los ruidos que provocaron los intrusos sobresaltaron a todos los perros de la cuadra que con sus ladridos sacaron de la cama a don Vergara, quien dormía en una habitación de la propiedad, y a muchos otros vecinos. Adormilado, el comerciante se levantó y se topó con los recién llegados. En ese momento el dueño del local decidió oponer resistencia y se enfrentó con los visitantes. "Se trabó en pelea con los ladrones y uno de ellos hizo un disparo. El proyectil impactó debajo de la tetilla izquierda del hombre y le fracturó la séptima y la octava costilla", explicó Miranda en referencia al informe del médico policial que examinó el cadáver.

En un primer momento, fuentes policiales indicaron que Vergara había sido asesinado a puñaladas, pero cerca del mediodía de ayer Miranda señaló que el comerciante murió a raíz del balazo que recibió. "En algunas ocasiones, si el orificio de la herida es pequeño, no se puede determinar en un primer momento si fue una herida de arma de fuego o como consecuncia de una cuchillada", comentó un vocero de la fiscalía.

Tras el disparo, el anciano se derrumbó al suelo. Mientras agonizaba, los intrusos recogieron dos balanzas, una antigua y otra electrónica. También se llevaron una caja registradora que, según le dijeron los hijos de Vergara a la policía, ya no funcionaba. "A una de las balanzas la dejaron tirada a unos veinte metros de la casa de la víctima, cerca de las vías", explicó el comisario Miranda.

Dolor vecinal. Ayer, una de las hijas de Vergara sollozaba sentada en unos de los bancos en la vereda mientras esperaba el arribo de la ambulancia que trasladó al cuerpo sin vida de Vergara al Instituto Médico Legal para la realización de la autopsia de rigor. Un grupo de vecinos sentados frente a sus casas observaba la escena sin entender lo que había pasado. "Era un hombre muy querido. Unos cincuenta años atrás llegó al barrio y abrió el negocio", comentó cabizbajo un muchacho veinteañero, que vive con sus familiares en una casa contigua a la de Vergara. El joven también dijo que el comerciante no había sufrido ningún robo antes del episodio que le costó la vida.

A pocos metros de allí, un hombre cuarentón comentó que durante la madrugada, cuando ocurrió el violento suceso, no se escucharon ruidos ni gritos. "Solamente escuché que ladraron los perros", dijo. La investigación del homicidio del comerciante quedó a cargo del fiscal Ademar Bianchini, pero hasta anoche los pesquisas no tenían pistas que conduzcan a los autores del crimen.

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