Mataron a un jubilado en su casa para robarle unos pocos pesos
"Yo sabía que este hombre podía terminar así", repetía el mediodía de ayer un vecino de barrio Jardín mientras contemplaba desde la vereda de enfrente la casa de Sánchez de Loria al 900 donde horas antes habían asesinado a Alfredo Camaño, un jubilado de 85 años que fue hallado asfixiado y maniatado...

Martes 17 de Junio de 2008

"Yo sabía que este hombre podía terminar así", repetía el mediodía de ayer un vecino de barrio Jardín mientras contemplaba desde la vereda de enfrente la casa de Sánchez de Loria al 900 donde horas antes habían asesinado a Alfredo Camaño, un jubilado de 85 años que fue hallado asfixiado y maniatado. Según la policía el motivo del crimen fue el robo. De la casa, toda revuelta, faltaban unos pocos pesos y algunas alhajas.

Camaño vivía solo en la casa de Sánchez de Loria 983, a la altura de Mendoza al 8100. Algunos vecinos contaron que hacía diez años que había llegado a la barriada de clase media desde los Estados Unidos, donde había estado radicado durante unos 30 años. Cuando se afincó en el barrio Jardín, el hombre ya se había separado de su esposa y estaba alejado de su único hijo, que decidió iniciar una nueva vida en México.

La salud del jubilado estaba quebrantada, dijeron tanto las fuentes como los vecinos. Sufría de diabetes y, al parecer, un derrame cerebral reciente lo había hecho trastabillar algunas veces. Un vecino que se gana la vida como taxista contó que lo había visto en varias ocasiones desplomarse al suelo mientras caminaba por avenida Mendoza.

El hallazgo. Quien vio por última vez a Camaño fue su mucama. Eso ocurrió el sábado a las 21.30 cuando la mujer dejó la casa. Pero ayer a la mañana regresó para realizar los quehaceres domésticos, alrededor de las 11.15. Entonces se encontró con la puerta del frente entreabierta y supuso lo peor. Por eso decidió llamar a la policía antes de ingresar.

Una patrulla del Comando Radioeléctrico arribó a la casa y apenas entraron, los agentes vieron el cuerpo sin vida de Camaño en el piso, en uno de los extremos de una habitación. Estaba boca abajo, envuelto en frazadas y tenía las manos atadas atrás con trozos de sábanas. "Lo sujetaron y lo taparon con frazadas hasta ahogarlo", explicó el jefe de Homicidios, Daniel Leiva.

El cadáver, según el oficial, no presentaba golpes a simple vista, sólo algunas marcas por el arrastre del cuerpo. Después, los uniformados recorrieron la vivienda y divisaron un tremendo desorden en el dormitorio y en otros ambientes de la propiedad. Cajones revueltos y ropa tirada por el piso completaban la escena.

Les abrió la puerta.Los pesquisas están convencidos de que Camaño le había franqueado el paso a él o los autores del crimen porque la puerta principal de la vivienda no estaba forzada pero sí abierta. La casa tiene dos ingresos a los que se llega después de atravesar un patio delantero cubierto. Y a un costado, separado por una gruesa cadena, hay un jardín con dos arbustos. A las 13 de ayer, una luz tenue asomaba en ese patio.

Después de recorrer la propiedad, los policías de Homicidios y de la subcomisaría 22ª descubrieron que había desaparecido una cantidad no precisada de dinero y algunos anillos y alhajas de Camaño. "El hombre no tenía ahorros en la casa y vivía con una jubilación mínima", explicó un oficial que sigue de cerca la investigación del caso.

Ayer, algunos vecinos recordaron no sólo que la salud del jubilado asesinado era frágil. También memoraron su vida ermitaña desde que llegó al barrio. "Con nosotros casi no hablaba", comentó una mujer. Hasta anoche, la policía no tenía pistas que conduzcan a él o los autores del crimen. Sólo tenían una certeza a partir del primer examen forense: a Camaño lo mataron entre la noche del sábado y las primeras horas del domingo.