Policiales

Mataron a tiros a un ex policía que trabajaba como remisero

"Justo a mí me venís a chorear, que te conozco". Eran las 2.45 de ayer cuando Mario Eduardo Ibarra, un ex policía de 49 años y actual chofer de un remís, dijo la frase que lo terminó condenando...

Jueves 27 de Febrero de 2014

"Justo a mí me venís a chorear, que te conozco". Eran las 2.45 de ayer cuando Mario Eduardo Ibarra, un ex policía de 49 años y actual chofer de un remís, dijo la frase que lo terminó condenando a muerte. Con su Peugeot 405 iba a paso de hombre por Junín entre Matienzo y Felipe Moré para no quedar emboscado por el tren que en ese momento atravesaba la iluminada avenida. Llevaba una pasajera a la que había ido a buscar al Casino. "Primero se escuchó un disparo y tras un par de segundos, como un diálogo a balazos entre dos armas diferentes. Al último disparo le siguió un gemido del hombre herido que nunca más me lo voy a poder sacar de la cabeza", indicó una joven vecina que fue testigo involuntaria del episodio. "El Negro Mario", como lo conocían en Ludueña, murió alcanzado por dos balazos en el asiento de su auto. En tanto, los delincuentes huyeron y la Unidad Fiscal Especializada (UFE) en Homicidios pudo reconstruirla a partir de las marcas de sangre que dejó la pisada de una zapatilla a lo largo de unos 150 metros. Es que, según las fuentes, es probable que al defenderse Ibarra haya herido a su agresor.

El Negro Mario era un tipo conocido en la zona comercial de calle Junín. Durante varios años custodió los negocios que se levantan en la cuadra que va desde Teniente Agnetta a Liniers. "Era un tipo que llevaba el ser vigilante en el alma. Dos de sus hijos son policías y estuvieron en la 12ª, la comisaría del barrio. El conocía a todos los choros del barrio y todos los choros lo conocían a él. No era extraño incluso que anduviera en la seccional o se juntara a comer asado con los policías. No hace mucho uno de los comisarios de la 12ª le contó a un vecino: «El negro Mario es como si fueran mis ojos en la calle»", relató un hombre que conocía a Ibarra, quien vivía por calle Vélez Sársfield al 5200, a metros de la plaza a Pocho Lepratti.

Cuando dejó la custodia privada que hacía a los negocios del barrio, Ibarra se empleó como chofer para la "Asociación Mutual de Choferes de Taxis, Remises, Transporte Públicos, Privados y Afines del Area Metropolitana Gran Rosario (AMGRO)", que desde hace cinco años funciona en Junín 5450, entre Liniers y Larrea, con el teléfono 4393939. La base de esa empresa está ubicada a cuatro cuadras de la escena del crimen. "Es una mutual que tiene a sus choferes para llevar a sus propios afiliados, pero eso no descarta que algún chofer haga el favor de llevar algún vecino que necesita el servicio", explicó un hombre de la cuadra.

Conocido por todos. El Negro Mario Ibarra conocía barrio Ludueña como la palma de su mano. "Era común que pasara algún choro por la cuadra y si lo veía lo saludaba: «Hola Negro». Y se iba", recordó una residente del barrio. El martes a la noche el hombre se subió a su Peugeot 405 STD y salió a trabajar. Entre las piernas llevaba una pistola calibre 9 milímetros para que lo librara de todo mal. A las 2.45 transitaba hacia el este por Junín al 2200 (o 5100 por la doble numeración). Mientras manejaba, su pasajera iba sentada en el asiento del acompañante. Al cruzar Camilo Aldao vio en el horizonte que la barrera de la vía que corre paralela a Felipe Moré comenzó a bajar ante la inminencia del paso del tren. Instintivamente aminoró la marcha y al cruzar Matienzo iba casi a paso de hombre. Es que cualquiera que conozca el barrio sabe que la barrera puede transformarse en una trampa si uno se detiene varios minutos.

Según relató una vecina que dijo padecer de insomnio y que por esa hora no había podido pegar un ojo, escuchó el atraco. "No podía dormir y vi dos figuras que pasaron por delante de mi ventana, que iban desde Matienzo hacia Felipe More. El auto no estaba parado, iba a paso de hombre y los pibes le salieron al cruce", relató la mujer. Esa escena transcurrió frente al edificio de la vecinal, fundada el 26 de noviembre de 1931, a unos 70 metros de las vías. Los atracadores actuaron de manual. Uno, armado y vistiendo una campera de Rosario Central, fue sobre la ventanilla de Ibarra. El otro, por el lado de la pasajera.

"El que lo quiso robar al Negro sabía que si lo dejaba herido, el otro lo iba a ir a buscar. Y como lo reconoció, lo mató", explicó una doña. A renglón seguido, el testimonio de la vecina que sufría insomnio. "Primero se escuchó un disparo y tras un par de segundos como un diálogo a balazos entre dos armas diferentes. Al último disparo le siguió un sonido del hombre que nunca más me lo voy a poder sacar de la cabeza. Un sonido horroroso", indicó la joven. En la confusión, la pasajera abrió la puerta del auto y corrió por Felipe Moré hacia la cancha de Tiro Federal buscando refugio en alguna vivienda.

Huyó herido. Del testimonio de esa vecina, involuntaria testigo, se desprende que el maleante disparó contra Ibarra y que el ex vigilante repelió con su arma. Esa escena está avalada por los rastros de sangre que exponen que uno de los delincuentes fue herido. Ibarra recibió dos balazos. Uno en la región pectoral izquierda con orificio de salida sobre el omoplato del mismo lado; y el otro, que le atravesó el brazo izquierdo y le ingresó por la zona axilar, sin orificio de salida. En el auto los peritos recolectaron tres vainas servidas y un proyectil intacto, todos calibre 9 milímetros. Pero no había ningún arma. Ibarra tenía su billetera con más de 500 pesos, dos teléfonos celulares (uno de ellos Nextel) y la documentación de una pistola calibre 9 milímetros además del carné de tenencia de legítimo usuario dado por el registro nacional de armas (Renar).

En la escena quedó un enorme charco de sangre y desde ahí manchas dejadas por la suela de una zapatilla con resorte y cámara de aire. Veinte pasos por la vereda hasta la esquina de Junín y Matienzo, lugar donde el malhechor, siempre según el rastro de sangre, dobló hacia el norte y continuó hasta la cortada Timbúes (paralela a Junín). El recorrido terminó en un yuyal cuyos pastos aplastados parecían dar cuenta que ahí fue asistido por un cómplice. Fuentes de la Unidad Fiscal Especializada en Homicidios se mostraron cautos. "Fue una tentativa de robo que terminó en el asesinato del remisero", explicó un vocero. El homicidio es investigado por la sección Homicidios y la comisaría 12ª, bajo supervisión del fiscal Ademar Bianchini.

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