Policiales

Matan en unas horas a dos jóvenes mujeres en contexto de guerra narco

Daiana Paiva, de 26 años, fue emboscada a las 20.30 del lunes en Olivé al 1900. Agostina Thomson, de 20, fue acribillada a las 22.30 en el barrio La Florida.

Miércoles 12 de Febrero de 2020

Dos mujeres jóvenes fueron asesinadas a balazos el lunes por la noche en un contexto de narcocriminalidad. Ambos asesinatos a sangre fría ocurrieron en menos de dos horas en la zona norte de la ciudad. El fiscal de Homicidios Adrián Spelta, a cargo de las investigaciones, no descarta que se hayan producido en un contexto de guerra territorial por la venta de droga. Una guerra con nombres conocidos y repetidos hasta el hartazgo.

Cronológicamente la primera víctima en la noche del lunes fue Daiana Romina Paiva, de 26 años, a quien dos hombres en moto ejecutaron a las 20.30 en Olivé al 1900, casi esquina Gallini. Los investigadores vinculan a Paiva con Tania R., una de las animadoras de las disputas en la zona norte más extrema.

Dos horas más tarde a unos cinco kilómetros de allí, Agostina Thomson recibía una descarga de tres plomos en el pecho. Esta chica de 20 años estaba alquilando una vivienda que pertenece a los hermanos Matías y Marcelo Medrano, ambos cumpliendo condenas por balaceras.

Desperfecto fatal

Daiana Romina Paiva tenía 26 años y domicilio declarado en inmediaciones de Ghiraldo y Cavia. Cerca de las 20.30 del lunes transitaba en moto por las inmediaciones de Olivé y Gallini, en barrio Sarmiento, junto a Agustín Luciano R., de 22 años. De pronto el rodado de 110 centímetros cúbicos tuvo un desperfecto que dejó a la pareja de a pie.

Mientras ambos caminaban con el rodado a la rastra apareció de la nada una moto con dos hombres que vestían camiseta y buzo de Rosario Central. Al parecer, Agustín vio cómo venía la jugada y corrió por su vida. Daiana no tuvo tiempo de reaccionar y quedó junto a la moto. Los sicarios no le tuvieron piedad.

Dispararon al menos seis veces, según contaron los vecinos, y al menos uno de esos proyectiles impactó en la cabeza de Paiva. Las detonaciones pusieron en fuga a una veintena de personas que estaban en las inmediaciones.

Los vecinos dijeron conocer vagamente a Daiana, pero con el correr del diálogo en estricto anonimato asociaron a la pareja atacada con una boca de expendio de drogas en inmediaciones de Corazzi y Olivé, a unos 200 metros de la escena del crimen. Cuando los investigadores revisaron el cuerpo de Daiana se toparon con que la mujer llevaba poco más de 10 mil pesos.

Algunas fuentes consultadas vincularon a esta mujer con la banda de Tania R., mencionada al frente de uno de los grupos en pugna por el narcomenudeo de la zona norte extrema, enfrentada con los deudos del asesinado Emanuel "Ema Pimpi" Sandoval y la banda de Los 90 de La Cerámica.

Detenido por otra causa

Mientras el cuerpo de Daiana yacía sobre el pavimento y la cuadra estaba cercada por la policía, Agustín R. regresó a la escena del crimen. Poco fue el tiempo que pasó hasta que la policía lo individualizó y lo identificó.

El fiscal definió como "confusa" la relación entre Paiva y su acompañante. "Sería un amigo, según familiares, una persona que hace mucho tiempo estaba con ella, que hace meses vive en Rosario. La investigación está en curso. Hoy puedo decir que estaban juntos cuando aparecen dos personas con armas y empiezan a disparar. Pero tengo la convicción de que esta persona los conoce (a los agresores). No habría posibilidad de que no reciba un solo disparo", explicó Spelta ayer al mediodía en rueda de prensa.

Al solicitar antecedentes del acompañante de Daiana los uniformados se desayunaron con que este muchacho estaba mencionado como uno de los tiradores que el viernes pasado dispararon contra un grupo de personas en las inmediaciones de Washington y Cavia. Por esa razón, y al menos hasta ayer no por su posible vínculo con el asesinato, R. quedó detenido a disposición de la Fiscalía de Flagrancia y será imputado en las próximas horas por esa agresión.

Más conocida

Agostina Thomson es la más conocida de las dos víctimas del lunes. El 12 de marzo de 2019 su rostro pudo verse mientras esperaba, arrestada por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), en el bar de una estación de servicio de Rioja y España junto a otras tres personas. Era la única mujer del grupo. Todos había sido detenidos en una entrega controlada de 13 kilos de marihuana embalados en una caja de galletitas y quedaron a disposición del juez federal Carlos Vera Barros. La liberaron cuatro días después tras el pago de una fianza de 50 mil pesos.

Volvió a aparecer en los medios meses después, el pasado 19 de julio, pero con otro semblante. Ayer se la recordaba en medio de una crisis de llanto en el balcón del quinto piso de un edificio de Brown al 2800. Abajo, en el ingreso a la cochera y sentado al volante de un Renault Megane gris, yacía el cuerpo de Carlos Ariel "Patito" Señuque, su entonces novio de 41 años. Dos sicarios en moto lo habían asesinado de ocho disparos.

Cuando esa mañana la vieron, mientras gritaba pidiendo ayuda con aspecto de recién levantada desde el balcón del 5º C que alquilaba Señuque, empleados municipales le pidieron que bajara pero ella respondió que no podía porque estaba encerrada y no tenía llaves. Entonces el portero del edificio abrió la puerta con una llave maestra y así se empezó a desentrañar la historia del hombre acribillado.

Mucho de aquella mañana templada de invierno fue ver cómo la joven relataba su historia al fiscal Miguel Moreno. Patito Señuque fue sindicado como un importante dealer de la noche rosarina que respondía a la banda de Los Monos. Algunos investigadores recordaron ayer los vínculos de Patito con los hermanos Ezequiel "Parásito" y José "Grasita" Fernández, y Gerardo "Abuelo" Abregú, asesinados el 16 de abril de 2018 en el barrio Martín Fierro de Granadero Baigorria. Un triple asesinato luego atribuido a Mauricio "Mauri" Laferrara, uno de los sicarios más valorados por Esteban Lindor Alvarado, acusado de liderar una asociación ilícita generada para blanquear dinero.

Refugiada

Tras el asesinato de Señuque, la figura de Agostina se perdió de vista. Ayer se supo que se había refugiado en una casa de dos plantas en la esquina de Maestro Massa al 400, en la zona más obrera de barrio La Florida, a unos 200 metros del puente Rosario-Victoria y a unas ocho cuadras de la casona de Pago Largo al 600 donde la madrugada del 25 de octubre fue asesinado Ema Pimpi y otras dos personas.

Según se pudo precisar la casa que alquilaba Thomson pertenece a los padres de dos pesos pesados de la zona norte: los hermanos Medrano. Marcelo Alejandro, apodado "Coto", está sindicado como un barra de una facción disidente de la barra de Newel's que en 2008 tuvo una condena de la Justicia federal y en 2018 acordó en un procedimiento abreviado una condena a dos años de prisión condicional por una serie de balaceras. Su hermano Matías Ezequiel también firmó en un abreviado con una pena a siete años de prisión efectiva por cuatro hechos de tiroteos cometidos entre mediado de 2015 y principio de 2017.

 Según explicó ayer el fiscal Spelta, ambos pisos de esa casa están alquilados y Agostina había contratado la planta alta. La casa tiene a simple vista un sistema de cámaras de videovigilancia. Una en la parte superior, otra a la vuelta por calle De Miranda y la tercera en una columna de la luz lindera a la casa. Esta última según Spelta estaba desconectada.

 De acuerdo a lo poco que comentaron los vecinos, Agostina vivía allí junto con su hermana desde hace unos cinco meses. “Era una muchacha cordial. No se las veía mucho de noche. Eran de hacer compras muy puntuales al mediodía. Muy lindas chicas”, explicó una vecina.

Tres tiros

Según lo que se pudo establecer hasta ayer, alrededor de las 22.30 del lunes Agostina estaba en la puerta de su casa hablando por celular y vestida informalmente. Entonces por allí pasó una camioneta y desde el interior dispararon contra la muchacha.

“Recibió tres impactos en el pecho”, confirmó Spelta. La chica de 20 años murió aferrada a su celular. La mecánica fue vista por al menos un testigo y el fiscal aguardaba que efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC, ex PDI) consiguieran las grabaciones de las cámaras de videovigilancia dispuestas en la casa y en la cuadra. En la escena se secuestraron seis vainas calibre 9 milímetros.

“Se escucharon entre cinco o seis disparos. En la calle no había nadie. Después de que se escucharon las detonaciones la cuadra se llenó de gente que quería saber qué había pasado. Una pena, una chica muy linda y joven”, comentó una vecina.

Otro residente expuso su miedo visceral cerrando el postigo de su ventana ante la pregunta del cronista. “Esto que pasó va seguir pasando. Las generaciones más jóvenes son mucho más brutales que las más grandes. No es sólo una cuestión de drogas, es violencia y desinterés por la vida humana”, reflexionó una doña de La Florida más obrera.

En rueda de prensa, el fiscal consideró que ambos crímenes “están relacionados” y que sería que el asesinato de Thomson sería “un vuelto” por el crimen de Paiva, ya que ambas mujeres “pertenecían a grupos antagónicos”.

En ambos homicidios se utilizó calibre 9 milímetros. El fiscal fue cauto y nunca los identificó, jugando con el conocimiento de cada uno de los cronistas. “Tienen vinculación con el tipo de víctimas que pertenecen a un grupo particular de la zona norte”, sentenció.

Batallas en el norte

Difícilmente el lector avezado de crónica policial encuentre en esta narración un contexto que ya no se haya contado con apellidos, apodos y nombres de bandas en los que no se haya reparado al menos una vez en la última década. Violencia que tiene como campo de batalla barriadas como La Cerámica, Cristalería, la ex Zona Cero, Nuevo Alberdi, La Esperanza/Churrasco y Parque Casas entre otros.

Sin embargo pasó otra vez. En una sola noche mataron a dos mujeres, Daiana y Agostina, que si bien eran parte de un mapa de narcocriminalidad, fueron víctimas de una violencia que debió ser prevista. De una oleada que viene en aumento y que se está definiendo en un golpe por golpe, en rounds interminables, donde las partes en pugna ya no miden ni respetan los viejos códigos callejeros. Dos mujeres asesinadas a sangre fría en un contexto de narcocriminalidad.

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