Policiales

Matan a una anciana y por el hecho detienen a un vecino de 16 años

Lucía Britos tenía 86 años, era viuda y vivía sola en una sencilla casa de España 6344. La mujer era ayudada asiduamente por un pibe de 16 años quien fue arrestado en la casa de la víctima.

Lunes 27 de Diciembre de 2010

El día de Navidad no pudo terminar peor para los vecinos de España al 6300, una barriada humilde y trabajadora en la zona sur de la ciudad. El drama se ensañó con dos familias que viven desde hace muchos años una enfrente de la otra y tiñó de horror la noche de un sábado que había sido de fiesta. Todo empezó en horas de la tarde, cuando un pibe de 16 años cruzó desde su vivienda a la casa de doña Lucía Norma Britos, de 86 años, para hacer una changa cortando yuyos y desmalezando el patio. Nadie puede explicar qué pasó después, pero ya al filo de la medianoche el cuadro cambió abruptamente. La anciana había sido asesinada de dos puntazos en el cuello y su rostro había sido desfigurado a golpes. La casa, con manchas de sangre en todos los rincones, estaba revuelta. Y según la hija de la víctima, del lugar faltaban unos 20 mil pesos en efectivo y otro tanto en alhajas. Por el brutal hecho fue arrestado el adolescente, el último en ingresar a la vivienda de doña Lucía cuando ésta vivía. Se lo llevaron un par de uniformados ante la avergonzada mirada de su padre y el estupor de la barriada.

Doña Lucía Britos era viuda y vivía desde hace muchísimos años en una casa interna de España 6344, en el barrio 17 de Agosto, en una cuadra que hace seis meses se vio convulsionada por el crimen de un presunto asaltante en un supermercado (ver aparte). La mujer, de contextura menuda, tenía una sola hija, Cristina, y un tranquilo pasar producto de una jubilación, una pensión y alguna ayuda que recibía de sus descendientes.

Frente a la casa de la anciana, también desde hace varios años, vive la familia B., con quien Lucía tenía un trato afable y cordial. Por eso era habitual que uno de los chicos B., de 16 años, entrara y saliera de la casa de la mujer como si fuera miembro de su propia familia. "Le ayudaba a hacer los mandados, o le hacía algunos pequeños arreglos en la vivienda, algunas changas", confió ayer un allegado a la causa. En ese marco, a nadie le causó sorpresa que el adolescente estuviera la calurosa tarde del sábado cortando yuyos y desmalezando el patio de su vecina.

Una vez terminado el agotador trabajo el muchacho caminó los pocos metros que lo separaban de su casa bajo el abrasador sol que calcinaba el cemento de calle España. Pero ya entrada la noche algo extraño pasó y, a pesar de que los matices varían según quién lo cuente, el joven retornó a lo de doña Lucía. "Mi mamá le fue a reclamar al chico que habían quedado algunas ramas y algo de basura en el patio y le pidió que lo sacara hasta un volquete", atinó a decir Cristina ayer a la mañana mientras junto a su hijo Alexis cargaban las pertenencias de la víctima en un camión de mudanzas. Sin embargo, otra voz cercana a la anciana manifestó que "aún no se sabe muy bien por qué volvió el muchacho al lugar".

Gritos y estupor.Alrededor de las 22, el padre del adolescente, preocupado porque su hijo no volvía y atemorizado porque escuchaba algunos gritos desde la casa de doña Lucía, cruzó la calle para ver qué ocurría. Así se empezó a develar el misterio de lo que fue un horrendo crimen. "El hombre se encontró con la puerta del frente cerrada con llave desde adentro y escuchó que su hijo lloraba desaforadamente y gritaba en el interior de la vivienda", dijo una fuente. Sumamente preocupado, al vecino no le quedó otra que hacer saltar la cerradura para entrar a la casa. Entonces se topó con un cuadro desolador que no sólo cambiaría su vida sino que jamás se borrará de sus retinas.

Tirada sobre un charco de sangre, con su rostro desfigurado a golpes "efectuados con algún elemento romo", yacía doña Lucía en la pequeña cocina de la casa. Junto a ella, con sus manos y su ropa manchadas de sangre, su hijo adolescente lloraba y gritaba fuera de sí. En el resto de la vivienda también había manchas, señas de una supuesta pelea que puede haber tenido lugar en distintos ambientes. Hasta las patas de la mesa de la cocina se habían teñido de rojo. Las demás habitaciones estaban revueltas: el contenido de los cajones de algunos muebles arrojado sobre las mesas y la cama de la anciana. Una señal de que alguien estuvo buscando algo preciado, un botín. El hombre, enmudecido, se quedó junto a su hijo hasta que poco después, alertada por algún vecino al 911, una dotación del Cuerpo Guardia de Infantería llegó al lugar y arrestó al menor, quien no tiene ningún antecedente penal y que anoche, por primera vez en su corta vida, estuvo recluido en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar) y a disposición del juzgado de Menores 4, a cargo de María Dolores Rodríguez Guarrochena.

Denuncia de robo. Ayer a la tarde, en tanto, Cristina volvió a la subcomisaría 19ª y denunció que tras revisar la vivienda descubrió que faltaban 20 mil pesos en efectivo y otra cifra similar en alhajas que doña Lucía atesoraba en un cajón de su dormitorio. El dinero, dijo un allegado a la familia, "eran ahorros de varios años en los que la señora Britos cobró su pensión, su jubilación y recibió ayuda de su hija".

Antes de eso, la única hija de la anciana asesinada había terminado de poner orden a lo que fue la casa de su mamá. Junto a su hijo Alexis limpiaron los rastros de sangre que mancharon pisos y paredes, y cargaron los pocos bienes de la mujer en un camión de mudanzas. Vaciaron la casa como para borrar recuerdos, para que nunca sea necesario volver. Mientras eso ocurría, algunos vecinos silenciosos se asomaban incrédulos, como dando su último adiós a la vida de doña Lucía.

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