Policiales

Matan de un tiro a un joven policía vestido de civil y le roban el arma

El trágico episodio ocurrió la madrugada de ayer cuando llegaba a su casa de barrio Industrial. Su padre de crianza, afincado en Córdoba, murió infartado al conocer la noticia.

Viernes 16 de Noviembre de 2012

"Soy cristiana. Recién toqué la sangre de mi hermano. Y era la sangre de un inocente". Así, con esa fe inexplicable, se expresó Cintia Masson. La mujer era el rostro del dolor de la familia de Cristian Brian Oyola, un policía asesinado la madrugada de ayer en barrio Industrial. El agente había cumplido 23 años en febrero pasado y ese mismo mes había ingresado a las filas de la fuerza rosarina. Todo ocurrió a la 0.40, cuando el joven regresaba de cenar con amigos y fue sorprendido por dos maleantes en el momento en que salía del garaje de Casilda al 1600 en el que acababa de guardar su flamante moto Honda Twister. Según surge de la pesquisa, en un forcejeo con los delincuentes un balazo calibre 22 largo lo impactó en el rostro y lo mató en el acto.

Al momento de ser brutalmente atacado, Oyola estaba franco de servicio y vestido de civil. Antes de huir, los ladrones le quitaron la pistola reglamentaria, nada más.

"El quería pagarse la carrera de contador público y por eso entró a la policía. Le faltaban seis materias para recibirse. Hacía su trabajo bien y tranquilo. Era un muchacho que no tenía problemas con nadie", explicó Cintia, una de los cuatro hermanos de Cristian, frente al portón donde cayó muerto el muchacho.

Pero como si la desdicha de la familia no hubiera sido suficiente con el crimen de Cristian, cuando su padre de crianza fue notificado de lo currido un infarto también le quitó la vida. El hombre residía en la localidad cordobesa de La Calera. "Tengo a mi madre descompensada y el padre de él falleció al conocer la noticia porque sufría del corazón. Estamos todos destrozados", explicó la mujer.

Oyola era soltero, no tenía hijos y desde hacía 6 años había vuelto a vivir junto a su padre biológico en una casa de Casilda al 1600, en el barrio Industrial. Tras estudiar dos años en el Instituto de Seguridad Pública en Santa Fe (Isep) se sumó como suboficial a la dotación del Comando Radioeléctrico en febrero pasado.

El crimen es investigado por efectivos de la comisaría 8ª, la división Judiciales y la sección Homicidios, todos bajo la tutela del juez de Instrucción Alejandro Negroni y la fiscal Nora Marull.

En la puerta. El miércoles a las 6 de la mañana Cristian Oyola terminó su jornada de trabajo en el playón que el Comando Radioeléctrico tiene en la Jefatura, en Ovidio Lagos al 5200. A partir de ese momento Pochola, como lo conocían sus camaradas, estuvo franco de servicio. Por la noche, entonces, se juntó a cenar con unos amigos a pocas cuadras de su casa. Alrededor de las 22.30 salió con su Honda Twister de 250 centímetros cúbicos color blanca que se "había comprado hace poco", según contó una vecina de Casilda al 1600 tras enterarse del trágico final de la historia.

Aproximadamente a la 0.40 de ayer Cristian emprendió el regreso hacia a su casa. Circuló por calle Casilda y tras cruzar Bensuley, el muchacho aminoró la marcha y se preparó para entrar la moto en el garaje que queda ligeramente en diagonal a la casa en la que vivía con su papá. La calle parecía desolada, aunque sólo era una impresión.

El padre del muchacho contó a la policía que escuchó el sonido de la moto de su hijo y vio su silueta por el postigo de la puerta de su casa. Un par de minutos más tarde varias detonaciones lo sobresaltaron. El hombre quiso abrir la puerta pero los nervios y las llaves le jugaron una mala pasada por lo que demoró en hacerlo. Cuando finalmente lo logró, vio que Cristian, su hijo, que yacía agonizante sobre el pavimento.

¿Los ladrones quisieron robarle la moto? ¿Sabían que Oyola era policía? ¿Sabían que portaba su arma reglamentaria? ¿Fue un robo al boleo o lo estaban esperando? Los primeros pasos de la pesquisa muestran que Oyola habría sido abordado por dos maleantes que lo sorprendieron cuando estaba cerrando el portón verde del garaje. Es decir que la víctima ya había guardado su moto, que quedó estacionada en el galpón. El médico policial que examinó el cuerpo de Oyola detectó que en sus manos tenía algunos rasguños, lo que hizo inferir a los pesquisas que pudo haber forcejeado con los atacantes.

Si bien Cintia, la hermana de agente muerto, relató que su hermano había recibido "tres balazos en la cabeza", el examen del cuerpo en la escena del crimen indicó que Oyola recibió un impacto debajo del párpado izquierdo, sin orificio de salida. En el lugar fueron recolectadas dos vainas servidas calibre 22 largo, lo que indica que el arma homicida es una pistola. Los casquillos quedaron a centímetros del portón del garaje.

Robo al voleo. Planteada así, la escena se presenta como la de un robo al voleo. Un hecho bastante habitual, según denunciaron los vecinos de la cuadra donde se cometió el crimen. Familiares y allegados describieron a Oyola como un muchacho de perfil bajo, que no ostentaba la circunstancia de trabajar como policía. Otro elemento que consideraban los investigadores es que la víctima pudiera haber reconocido a alguno de sus agresores, que le sustrajeron su arma reglamentaria y huyeron corriendo. No se llevaron nada más. Le dejaron la billetera y el celular. Algunos vecinos indicaron que partieron en direcciones opuestas. Otros que huyeron en una moto. Pero en concreto, ayer al mediodía no habían surgido a los ojos de los investigadores testigos presenciales del crimen.

"Siento un terrible dolor. Lo mataron como a un perro por una moto que ni siquiera se llevaron. Así fue, en la puerta de la casa. Y ahora es un número más", dijo Cintia, la hermana de Cristian. "Entiendo su trabajo (de periodista). Ustedes nos tienen que ayudar cuando haya marchas para que estos casos no queden en el olvido", explicó la mujer. "¿De mi hermano qué te puedo decir? Que era un buen hermano. Una buena persona. Un tipo lleno de luz", sintetizó la mujer.

Voz oficial. Ayer a la mañana, en tanto, los comisarios Walter Miranda y Daniel Corbellini, titular de la Unidad Regional II y jefe de Orden Público, junto al secretario de Seguridad Comunitaria de la provincia, Angel Ruani, fueron los encargados de contarle a la sociedad, en una rueda de prensa en Jefatura, el asesinato de un joven policía.

"Todo es muy complicado. Los vecinos son reticentes a darle información a la policía y sí hablan con los periodistas y los empleados del gobierno. Tenemos que cambiar eso. Así las investigaciones no pueden avanzar. Los vecinos deben volver a confiar en la policía", reflexionó un vocero del área de seguridad.

Un policía murió asesinado en un robo a mano armada. Barrio Industrial quedó partido por el dolor de la familia de la víctima y la conmoción de un vecindario que se siente cercado por el delito. En la web, los camaradas de Oyola lo recordaron compartiendo fotos de tiempos mejores. "Así era Pochola. Siempre con una sonrisa en su rostro y una buena onda. Un gran compañero. Una buena persona", escribió uno de sus allegados.

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