Policiales

Matan a un policía federal frente a la casa de un vendedor de drogas

Tenía 51 años y fue baleado en un hecho muy confuso ocurrido el viernes a la noche en Pérez. Uno de los sospechosos al huir retuvo al cliente de un taller para escudarse. Es el único detenido.

Domingo 06 de Abril de 2008

El del viernes por la noche era un procedimiento rutinario sobre un vendedor de cocaína en Pérez. Era repetir por tercera vez lo que los efectivos de Drogas de Policía Federal de Rosario habían hecho esta semana. Pero todo salió mal y un hombre que salió desde la casa investigada baleó al suboficial Claudio David Alvarez, de 51 años, quien murió al llegar al hospital Centenario. Por el crimen hay un detenido, que no es el autor material. Alvarez es el primer policía federal que muere en servicio en los 15 años de historia de la división Drogas Peligrosas en Rosario.

  La investigación ordenada por el Juzgado Federal Nº4 de Rosario llevaba casi un mes. Los policías habían posado los ojos en una casa de portón blanco ubicada por avenida Belgrano a unos 30 metros de la esquina con Morelli de Pérez. Según confiaron fuentes allegadas a la investigación, en ese lugar un hombre de 25 años con antecedentes penales se dedicaba a la venta de cocaína. El investigado tiene algunos familiares detenidos en causas por drogas, entre ellos el padre.

  Seis empleados de la Policía Federal fueron allí vestidos de civil en dos autos. Uno de ellos era el suboficial escribiente Alvarez, oriundo de provincia de Buenos Aires, con 30 años de servicio cumplidos, esposa y dos hijos de 19 y 20 años.

 

Rutina. La casa en cuestión está en uno de los ingresos a Pérez, sobre avenida Belgrano, que corre paralela a la ruta 33 y está bien iluminada. Los federales colocaron sus vehículos en dos puntos diferentes a unos 100 metros de distancia del objetivo sobre calle Morelli. El lugar estaba inusualmente tranquilo. "Ese es un punto de gran movimiento", explicó un vocero policial antes de aclarar que "se estaba sobre un vendedor al menudeo, no sobre un narcotraficante".

  Para no ser detectados los vigilantes de a pie iban rotando. Alvarez se alejó de la vivienda en cuestión unos 70 metros por Belgrano entre Morelli y Alberdi. Se sentó sobre una piedra bajo el segundo de una fila de árboles enfrente a una iglesia bautista. Tenía a su espalda los terrenos del ferrocarril y más allá la ruta 33. Desde ahí, amparado por la oscuridad, tenía vista privilegiada del portón blanco.

 

Dos entradas. Ayer pudo establecerse que la casa investigada tenía dos entradas. Algo que horas antes desconcertó a los federales. La vivienda tiene ingreso por Belgrano y también por un portón verde sobre Morelli.

  Por ese lugar salieron a las 22.20 tres hombres que comenzaron a caminar hacia la posición en la que estaba Alvarez: por Belgrano hacia Alberdi. Desde uno de los autos de apoyo los policías vieron el movimiento y comenzaron a seguir a pie al grupo desde prudente distancia.

  Pero cuando los policías apuraban el paso, justo cuando los tres pasaban junto a Alvarez, uno de los vigilantes oyó un disparo. Los vigilantes corrieron hacia donde estaba el suboficial. Uno de los agresores salió a zancadas hacia el punto desde donde venía la policía. Y uno de los federales comenzó a perseguirlo.

  Mientras todo esto ocurría, en no más de 15 segundos, Alvarez alcanzó a modular con su celular. "Me la puso (y dio un nombre de pila). Estoy herido". Cuando sus compañeros llegaron el suboficial estaba tirado sobre la tierra. Tenía un sólo disparo que le había ingresado por debajo de los testículos, sin orificio de salida. "La hipótesis es que lo han empujado, resbaló de la piedra en la que estaba sentado y cuando estaba en el piso lo gatillaron", explicó una fuente allegada a la causa. Las preguntas desplegadas son muchas. ¿Por qué estos hombres abrieron fuego? ¿Sabían que Alvarez era policía? Se proponía como hipótesis un intento de robo o un ataque sin causa. Todo, hasta ahora, muy oscuro.

  Era la tercera vez en la semana que los federales iban a Pérez, aunque nunca para efectuar allanamientos o detenciones.

 

Persecución y tiros. La escena, que no parecía la de una persecución de policías contra hampones, se prolongó tres cuadras. Cuando el delincuente sintió que los federales lo tenían, se dio vuelta y se cubrió con dos disparos.

  Uno de ellos quedó incrustado en la F-100 de un vecino del barrio. "Todos estaban de civil. Yo estaba en el taller arreglando un auto y un amigo estaba en la puerta. Escuchó los gritos y un par de tiros y se asomó. Ahí fue que un tipo lo agarró del cogote y lo metió dentro del taller. Antes tiró el revólver detrás del árbol", relató ayer Gerardo, el dueño del taller mecánico de Morelli al 800.

  Cercado por los dos vigilantes, el hampón dejó al cliente del taller, que se llama Adrían Galeano y tiene 44 años, y se entregó.

 

Fueron ellos. "Yo no hice nada. No tengo nada que ver. Son esos hijos de puta de la casa de la esquina", alcanzó a decir el ahora detenido, que fue identificado como Marco Antonio López, de 32 años.

  López tiene por lo menos una decena de antecedentes policiales entre los que se destacan una condena de siete años en la cárcel de Coronda, robos calificados, resistencia a la autoridad y causas por drogas.

  Se le secuestró un revólver calibre 38 largo con cuatro proyectiles intactos en su tambor y dos percutados.

  López fue trasladado a la comisaría 22ª de la policía provincial según lo dispuso la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara a cargo de la investigación.

  Si bien Alvarez sobrevivió al ataque, fue trasladado en una ambulancia hasta el hospital Centenario, donde falleció poco antes de las tres. Lo velaron desde anoche en una cochería rosarina y hoy lo sepultarán en la Capital Federal. l

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario