Domingo 10 de Enero de 2010
“Me agarraron dormido”. Esas fueron de las últimas palabras que Alfredo Ciro
Nasurdi, jubilado de 78 años, dijo a las personas que lo asistieron el viernes por la noche en la
puerta de su casa en Moreno al 2100. Nasurdi apareció tirado en el acceso a su vivienda de dos
plantas y fue asistido por un repartidor de pizzas que pasó por el lugar en moto cerca de las 22.
Había recibido entre diez y doce puntazos con arma blanca en el cuello y
la parte superior del tórax. Las huellas de sangre que había en la escena del crimen hacían suponer
que fue atacado en una sala contigua al ingreso a la casa y que luego se arrastró hacia la vereda
para pedir ayuda.
Si bien los investigadores admitieron que la primera hipótesis fue la de
un intento de robo seguido de homicidio, no se animaron a descartar otras posibilidades. Ninguna de
las cerraduras de la vivienda estaba forzada. Sólo estaba abierta la ventana de un lavadero, pero
los pesquisas indicaron que la puerta de ese lugar estaba cerrada con llave. Nasurdi vivía junto a
su esposa de 62 años, quien al momento del ataque no estaba en la casa.
A la víctima no le faltó dinero y quien lo atacó no le sustrajo
billetera ni celular. El único ambiente donde había desorden en la vivienda de dos plantas era la
pequeña sala de estar, contigua al living. En ese sitio, entre las manchas de sangre en el piso, se
hallaron 25 pesos, apretujados en forma de bollo. No se secuestró el arma blanca con la que el
jubilado fue agredido. Murió en el lugar.
Tirado sobre el piso. Moreno al 2100, entre Cerrito y Riobamba, en los confines de barrio Del
Abasto con el parque Independencia. Una zona de casas señoriales, muchas ellas comunicadas por sus
terrazas, con vista al parque. A 50 metros del club Gimnasia y Esgrima.
El viernes por la noche, aproximadamente a las 22, un delivery de pizzas
que hacia su trabajo en moto pasó por el lugar. Al cadete le llamó la atención que en el ingreso al
2135 de Moreno, la única casa de la cuadra que tiene un pequeño jardín sin rejas ante la puerta de
ingreso, hubiera un hombre tirado en el piso que con su mano hacia un ademán pidiendo ayuda.
El repartidor se acercó y vio a Alfredo Nasurdi boca arriba, con varias
heridas en su cuerpo. “Me agarraron dormido”, alcanzó a pronunciar.
“El acceso estaba lleno de sangre. Entre el muchacho del delivery
y un taxista llamaron a la ambulancia. El estaba empapado en sangre con varios cortes en el
cuello”, repasó ayer una vecina de la cuadra que presenció la escena.
Nasurdi fue asistido, pero falleció sobre el camino de lajas que conduce
a la puerta de su casa, una vivienda con los dormitorios en la parte superior y garaje. “Era
buen vecino. Cuando llegué hace 35 años a vivir acá él ya estaba. Era una persona correcta”,
lo recordó la vecina.
En esa casa Alfredo Nasurdi convivía junto a su esposa de 62 años. La
pareja tiene cuatro hijos adultos: un varón y tres mujeres, una de ellas residente en España. Tenía
ocho nietos y según comentaron sus consternados familiares poseía algunas propiedades en alquiler,
pero en la casa no acostumbraba a guardar sumas de dinero significativas. “Lo sorprendieron
durmiendo. Se ve que lo despertaron. Lo atacaron en una sala que está cerca de la puerta de
ingreso”, comentó Laura, una de las hijas.
Solo en la casa. Al momento de ser agredido con un arma blanca, Nasurdi estaba solo en su casa,
dado que había llevado a su mujer al casino y regresado sin compañía (ver aparte).
Ninguno de sus vecinos lo escuchó pedir auxilio. Cuando el repartidor de
pizzas lo halló languideciendo en el suelo Nasurdi estaba en ropa interior y llevaba puesta la
camisa de un pijama de verano. El infortunado jubilado media aproximadamente 1 metro 75 y era
delgado.
Sin clemencia. Los pesquisas hablaban de entre diez y doce heridas cortantes distribuidas en el
mentón, cuello, tórax y un corte defensivo en el brazo derecho. Sobresalía por su longitud una
incisión en la garganta sobre el lado izquierdo. El arma utilizada no fue hallada y los
investigadores estimaban que podría tratarse de una sevillana o un cuchillo de cocina.
El cuerpo de la víctima presentaba escoriaciones. Eso se explica en que
Nasurdi se arrastró para pedir ayuda.
Sobre una mesita ratona habían quedado la billetera con unos pocos pesos
y el celular de la víctima.
“Hay en la casa una celosía de madera abierta que da a un techo.
Quien lo atacó tienen que haber trepado para llegar a las ventanas del dormitorio. Pero es muy poco
lo que se sabe porque estaba sólo”, comentó Mariela, nuera del hombre asesinado.
Los pesquisas indicaron que esa ventana estaba abierta y deriva a un
lavadero cuya puerta estaba cerrada con llave. La ventana da al techo del garaje, aledaño a un
taller de reparación de parabrisas.
Los investigadores aguardaban anoche el resultado de la necropsia que se
le realizó a la víctima. El hecho es investigado por la comisaría 5ª, que actúa por jurisdicción, y
la sección Homicidios.
El número
Durante 2009 se registró un total de 125 homicidios en el departamento Rosario. Un 35 por ciento del total fueron en ocasión de robo. La mayoría se explican por conflictos interpersonales entre individuos que se conocían con anterioridad. La cifra se mantuvo casi sin alteraciones respecto a 2008 cuando hubo 122 homicidios en el mismo distrito.