Policiales

Los sorprenden durmiendo en su casa de Maciel y les roban $ 100 mil

Fue durante la madrugada de ayer en esa localidad ubicada a 60 kilómetros al norte de Rosario Actuaron cuatro ladrones armados que amenazaron a un matrimonio y a sus dos hijos menores

Viernes 04 de Junio de 2010

"Esto siempre lo veíamos en la televisión, pero ahora ocurrió en nuestro pueblo". Miguel Cabanellas, un técnico electricista de 50 años afincado en Maciel, pronunció esa frase junto a su mujer y dos de sus hijos. El susto ya había pasado, pero la sensación de avasallamiento que sufrieron tardará mucho tiempo en desaparecer. La familia enfrentó una noche de terror en esa localidad ubicada a 60 kilómetros de Rosario cuando por lo menos cuatro hombres irrumpieron en la casa mientras todos dormían. Fue una banda de paleteros que llegó al lugar con el dato preciso de que allí había dinero contante y sonante y no se equivocaron porque se apoderaron de algo más de 100 mil pesos, joyas familiares y teléfonos celulares.

"Se llevaron todos los ahorros familiares conformados por cuatro o cinco años de trabajo. Dinero que iba a ser destinado para afrontar una operación de colocación de un marcapasos que me tengo que realizar porque sufro de arritmias y vivo medicado", contó con amargura ayer a la tarde Cabanellas, descendiente directo de una de las familias más tradicionales de la zona.

El asalto a la casa de Jujuy 812 ocurrió alrededor de las 4 de ayer. Se trata de una propiedad con techo de tejas, ladrillos vistos en el frente y aberturas de madera. Los ambientes (tres dormitorios, cocina, living y comedor) están divididos en dos plantas y un pequeño altillo.

Paleteros.Los delincuentes ingresaron gracias al hábil manejo de una pequeña paleta de alambre, con la que hicieron girar la cerradura de la puerta de calle cuando, incluso, se encontraba colocada la llave. Actuaron de una forma tan limpia que no llegaron a dañar o forzar el cerrojo. Una vez que terminaron con su trabajo cerraron la puerta de calle con la llave del dueño de casa, que dejaron tirada a pocos metros del ingreso. A las bandas o grupos que despliegan ese modus operandi, que cuenta con varios antecedentes ocurridos en localidades cercanas a Rosario, se las denomina paleteros (ver aparte).

Hasta ayer a la madrugada no había registros en Maciel, donde viven unas 7 mil personas, de un atraco de similares características, con una familia retenida en su propia casa, literalmente invadida por varios hampones.

Cuando todo ocurrió, los Cabanellas ya se habían entregado al descanso. Como actualmente están realizando refacciones en los dormitorios de la pareja y en el de Cecilia, la hija de 17 años, Miguel y Susana ocupaban la habitación de la mayor de sus hijas, que vive en Rosario. Mientras que en una pieza ubicada en la parte inferior dormían Cecilia y el benjamín de la familia, Miguelito, de 7 años.

El ingreso de los ladrones fue tan sigiloso que ningún vecino escuchó nada. Tampoco vio alterado su descanso la mascota familiar, un perro labrador que tiene 17 años y que dormía en el patio trasero de la casa.

Los delincuentes primero sorprendieron a Miguelito y a Susana, dormidos profundamente boca abajo. "Fue muy impresionante despertarte con un tipo encapuchado encima que te alumbra con una linterna. Todo era golpes y gritos y fue tan fuerte que comencé a sentir taquicardia", recordó el jefe de familia.

"Traté de pararme y llegué a pegarle una piña a uno, pero enseguida ví que otro la agarraba a Susana y que un tercero subía por la escalera. Ahí, no lo dudé y me entregué", manifestó Miguel, que además de trabajar como técnico electricista en obras particulares imparte clases junto con su mujer en la Escuela de Capacitación Laboral para Adultos de Maciel.

A los golpes. Cabanellas contó que recibió un puñetazo en la cara que le hizo sangrar la nariz y que Susana obtuvo como represalia ante sus gritos un cachetazo "con la mano abierta". En forma simultánea, Cecilia y su hermano menor también eran "levantados" de la cama.

"Lo primero que hice fue abrazarlo", manifestó la adolescente. Fue entonces cuando se dio una situación risueña en medio de tanta tensión y de la oscuridad sólo cortada por el haz de luz de una linterna. Ocurrió en el momento en que el hombre encargado de controlar a los chicos, vestido con un traje oscuro, le amarró las manos a la chica y luego intentó hacer lo mismo con Miguelito. "A mí no me van a atar las manos", se quejó el niño. A lo que el ladrón respondió: "Mirá que sos bravo Miguelito", dando a entender que conocía el nombre de los integrantes de la familia.

"Decían que lo único que querían era la plata, que tenían el dato. Primero les dí la billetera y la agarraron, pero dijeron que querían más. En un momento no tuve chances. Fue cuando amenazaron con llevarse a uno de los chicos. Les indiqué donde tenía el canuto con los ahorros. También se llevaron joyas que tienen más valor afectivo que económico y los celulares. Ahí aflojaron con la presión. Entonces les pedí que trajeran a los chicos con nosotros y aceptaron. Después nos ataron a todos juntos y así nomás, con cordones, medias, bufandas y cables. Y uno dijo: «Quédense tranquilos que vamos a seguir revisando»", agregó Cabanellas.

La familia quedó en una de las habitaciones hasta que en la casa volvió a reinar el silencio. Esperaron unos minutos y comenzaron a desatarse. Ningún aparato con cierto valor había sido tocado. Tampoco se escucharon corridas ni ruidos de vehículos saliendo a toda velocidad. Por la mañana, algunos vecinos hablaron de la sugestiva presencia de un Volkswagen Cross Fox negro circulando por el pueblo. Media hora antes del robo, ese coche fue visto pasar frente a la casa de los Cabanellas.

 

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