Lunes 26 de Junio de 2023
“Al Fratacho te lo mandé para arriba. Un pobre albañil, un pobre croto”. Esos mensajes llegaron al celular de una ex novia de Carlos Damián “Toro” Escobar tras el crimen de David Nahuel Amarilla, un joven de 22 años con el que ella tenía una relación y a quien mataron a tiros en la puerta de su casa de Ameghino al 100. La mujer había estado en pareja con Escobar, un narco que es primera línea de Los Monos, quien a partir de intervenciones telefónicas fue acusado de ordenar el ataque desde la cárcel para hacer sufrir a su ex. El viernes pasado comenzó a ser juzgado como autor intelectual de un femicidio vinculado, es decir, cometido contra un vínculo afectivo de una mujer con el fin de castigarla y provocarle un daño.
A sus 36 años, Toro Escobar carga con un amplio historial delictivo. Participó de una escandalosa extorsión en Jefatura cuando trabajaba como mecánico en Villa Gobernador Gálvez, fue condenado por un crimen de 2010 en esa ciudad, lo acusaron de comandar desde la cárcel un grupo narco ligado a Los Monos, sobrevivió a graves quemaduras mientras estuvo detenido en la cárcel de Coronda y está implicado como uno de los organizadores del ataque a tiros al Casino City Center en el que murió un apostador en enero de 2020.
A esa lista sumó el crimen de David Amarilla, por el que fue imputado en noviembre de 2020 cuando ya había pasado más de un año del asesinato del albañil y se desentrañó que el ataque iba dirigido a una ex pareja de Escobar. Es un caso de lo que se conoce como “venganza transversal”, es decir, cometida con el propósito de hacer sufrir a una persona con quien se tuvo una relación de pareja. Es una figura que se incorporó al artículo 80 del Código Penal en 2012 y hasta la imputación del ex mecánico nunca había sido usada en Rosario.
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Bajo ese encuadre llegó a juicio Escobar el viernes pasado en una sala del Centro de Justicia Penal. La fiscal Carla Cerliani, en reemplazo de la fiscal Marisol Fabbro, pidió para Escobar una pena de prisión perpetua por el delito de homicidio transversal o femicidio vinculado agravado por el uso de arma de fuego y en calidad de autor intelectual. Según planteó en sus alegatos ante los jueces Gonzalo López Quintana, Isabel Más Varela y Mariano Aliau, el crimen fue cometido “con el propósito de causar sufrimiento a la mujer con quien había tenido una relación de pareja”.
David Amarilla fue asesinado la noche del 23 de mayo de 2019. “Lo vinieron a buscar” , dijo al día siguiente a este diario un primo de la víctima durante el velatorio en la casa de sus padres, en Ameghino y Necochea. El joven de 22 años y padre de dos hijos estaba en esa vivienda sencilla cuando, a las 21.40, golpearon a la puerta de chapa del tapial del frente, que da a un patio interno. Era un muchacho que preguntó por David. Lo atendió la madre de Amarilla, quien le avisó a su hijo que lo buscaban. Apenas se asomó le dispararon tres balazos al pecho y al mentón.
El tirador había bajado de una moto Honda Tornado con un arma calibre 9 milímetros. Luego de disparar escapó en la moto y se despidió con dos tiros al aire. El joven herido murió tras trasladado por sus familiares al Hospital Provincial. “No tenía problemas con nadie”, repetían al día siguiente sus vecinos. Si bien en un principio se desconocía el trasfondo del crimen, la investigación de Fabbro dio con el testimonio de una amiga de la novia de Amarilla. Ella contó que la chica había estado en pareja con el preso Escobar, “apodado Toro o Torito”.
En el celular de la víctima se acreditó en fotos y textos la relación de la chica con Amarilla. Dos meses después del crimen la policía fue a entrevistarla y se mantuvo reticente a aportar datos. Por entonces cumplía prisión domiciliaria en la casa de su madre a raíz de una causa federal ligada a Escobar. La citaron a declarar por el homicidio pero dijo tener miedo a represalias de su ex.
Más adelante, en entrevistas con apoyo psicológico, se determinó que la chica había conocido por chat a Escobar cuando él ya estaba preso. Por entonces ella vivía con su papá y su hija en la villa Pororó. Comenzó a visitar a Toro los sábados y a recibir de él asistencia económica, el alquiler de una casa fuera de la villa, una asignación regular de dinero y un auto. Pero, agobiada por una relación que se volvió enfermiza y controladora —con personas que la vigilaban y videollamadas a toda hora— al tiempo comenzó a salir con Amarilla.
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Con estos datos, más el resultado de intervenciones telefónicas, Escobar fue imputado en noviembre de 2020 por ordenar el crimen a autores desconocidos desde su celda, en aquel tiempo, en la cárcel de Piñero. Uno de los testimonios que leyó la fiscal Fabbro en aquella audiencia señalaba que la ex de Escobar sabía que Damián ordenó matar a David: “Lo ha visto hacer cosas malas pero nunca lo creyó capaz de tanto”.
Audios y llamados
Las evidencias más fuertes surgieron de los teléfonos. Se recuperó un mensaje enviado por la ex de Escobar a la madre del preso en el que decía: “Ya está amenazando otra vez tu hijo cuando yo no le digo nada ni lo molesto. Está enfermo conmigo. Mi hija me necesita y no quiero que le pase nada a mi familia. Tengo mucho miedo, ya lo conozco, no le importa nada. Por el amor de Dios hacé algo”, rogaba poco después del asesinato.
En los audios y llamados de Escobar desde la cárcel Toro se refería despectivamente al albañil asesinado como “Fratacho” e incluso se hacía cargo del crimen: “Al Fratacho te lo mandé para arriba. Un pobre albañil, un pobre croto”. En otra conversación la mujer lo increpó diciéndole “te creés Pablo Escobar”, por el narco colombiano con el que Toro comparte apellido. A lo que su ex respondió: “No, no me creo Pablo Escobar pero no estoy muy lejos porque lo que quiero hacer lo hago en dos minutos”.
“Me gorreabas con el albañil, el del fratacho. Andá a llevarle una flor al cementerio. Mandale saludos al amor de tu vida”, decía Toro, tal como detectaron las escuchas, y amenazaba: “Te lo juro que te veo en la calle y te pongo las piernas de sombrero, a ésta me las vas a pagar, me la estás pagando en vida. Adonde te enganche te hago volar una pata, te dejo renga”.
Se constató que la mujer recibía amenazas de muerte. El domicilio donde vivía en la zona sur había sido baleado el 1° de octubre de 2019. En un portón se encontró entonces un cartel que decía “por patabolsa”.
De alto perfil
Escobar es un hombre de la primera línea de Los Monos y considerado un preso de “alto perfil”, actualmente alojado en una cárcel federal. En 2013 fue condenado a 11 años y medio de prisión por el crimen de Sebastián Soperez, un joven de 18 años baleado en Villa Gobernador Gálvez. Siempre sostuvo que se le había escapado el disparo durante una reunión de amigos mientras manipulaba un arma de la víctima, a quien él mismo trasladó hasta el hospital.
Dos meses antes de ser condenado, mientras gozaba de salidas laborales para trabajar en un taller mecánico, Escobar denunció una detención extorsiva por parte de dos policías en la Jefatura, quienes le exigieron 50 mil pesos para liberarlo. Para conseguir el dinero Escobar llamó a Milton Damario, en ese entonces buscado por el crimen de Claudio "Pájaro" Cantero, del cual finalmente fue absuelto. Toda la operación quedó registrada en escuchas.
A principios de junio de 2018, cinco personas fueron detenidas en Rosario, Pérez, Zavalla y en una celda de la cárcel de Piñero por integrar una organización narco comandada desde la cárcel de Piñero por Escobar, quien terminó procesado en esa causa federal.
Un mes después del crimen de Amarilla, en junio de 2019, Toro pidió un traslado a una cárcel federal alegando que su integridad física corría peligro. Dos días después sufrió quemaduras A y B en el 40 por ciento de su cuerpo —en especial en espalda, rostro y brazos— al incendiarse la celda de aislamiento de la cárcel de Coronda a la que había sido trasladado una semana antes.
Está además preso y a la espera de juicio por el crimen del gerente bancario Enrique Encino, de 64 años, baleado cuando fumaba en un patio del casino City Center. En intervenciones telefónicas se detectó que el ataque había sido ordenado por Ariel “Guille” Cantero desde la cárcel y que Toro Escobar coordinó el atentado con Maximiliano “Cachete” Díaz, preso como extorsionador de Los Monos, a quien le ofreció “un pibe” como mano de obra y “una motito” para concretar el ataque. Un crimen por el que el condenado como jefe de Los Monos Claudio “Guille” Cantero afronta un pedido de 22 años de prisión como organizador, en tanto que para Toro los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra pidieron 20 años de condena.