Policiales

Los liberaron tras ser acusados de un robo y una persecución con final fatal

Se trata de Juan Enrique V., de 34 años; y Juan Fernando V., de 43, quienes denunciaron haber sido apresados por agentes de Gendarmería Nacional en un oscuro operativo.

Sábado 08 de Agosto de 2015

Ayer a la tarde, luego de una rueda de reconocimiento en la cual ningún testigo los identificó como los autores de un violento atraco que derivó en una persecución cinematográfica y en la muerte de un supuesto ladrón, dos hombres afincados en bulevar Seguí al 400 bis y sin ningún antecedente penal recuperaron la libertad por disposición de la jueza Mónica Lamperti. Se trata de Juan Enrique V., de 34 años; y Juan Fernando V., de 43, quienes denunciaron haber sido apresados por agentes de Gendarmería Nacional en un oscuro operativo en el cual sufrieron apremios ilegales.

Todo empezó la noche del martes en el barrio Antártida Argentina. Allí un grupo de ladrones asaltó un mercadito de Tarragona al 1000 (el acta policial dice que fue en Colombres al 1000 bis) en el que estaban el dueño y su esposa; el verdulero con su madre y su hijo; y una joven pareja de clientes. Los ladrones se llevaron una cortadora de fiambres, dos cuchillas, seis celulares y unos 2 mil pesos. Huyeron en un Toyota Corolla robado y terminaron su derrotero de más de 20 kilómetros en bulevar Seguí y Cepeda, en el sureste de la ciudad, después de una persecución en la que no faltaron varios enfrentamientos a balazos.

Ni parecidos. Al final la policía y Gendarmería Nacional, que se sumó a la carrera con final en la villa Del Tanque, informaron que hubo tres detenidos (los dos hombres liberados ayer y David J., de 17 años), un asaltante muerto al que se identificó como Facundo Rivas, de 22 años; y varios heridos de balas de goma.

Los testigos del robo en el minimercado indicaron que los ladrones "eran cuatro muchachos de entre 20 y 25 años, altos y ágiles".Contaron que "eran delgados, de entre 1,65 y 1,80 metro de altura, de cabello bien corto o rapados y uno de ellos de tez blanca y ojos claros". Pero tanto Juan Fernando V. como Juan Enrique V. son de talla baja, morochos y uno de ellos semicalvo. Uno es estibador y el otro vendedor ambulante.

Las dudas sobre su participación en el robo se ventiló en la audiencia imputativa del jueves y en los pasillos de la villa Del Tanque donde viven y en donde estuvo La Capital. Además, los vecinos del lugar están indignados: "Gendarmería entró a los tiros para todos lados", dicen. Y arriesgan que "de casualidad los milicos no mataron a nadie".

A un costado del puente de bulevar Seguí y Cepeda está la casa de Juan Enrique V., uno de los primeros detenidos. El hombre es estibador y trabaja en una empresa portuaria, según su recibo de sueldo. "El es analfabeto y estaba con el otro hombre, Juan Fernando V., tomando unas cervezas. Cuando el auto (de los ladrones) chocó contra la casilla salieron y ahí los encararon los gendarmes. Les dieron una paliza bárbara, en el piso y con los borceguíes. Les pegaban con las linternas en la cabeza y después a uno le dieron la cabeza contra la puerta de la chata", contaron los vecinos.

Para ese momento Facundo Rivas, uno de los presuntos ladrones, corría malherido por calle Cepeda buscando la salida al puente negro de calle Ayolas. Pero el reguero de sangre lo delató. Entró a la casa de la madre de David J., el menor detenido, y allí esperó para entregarse. Mientras los partes dicen que el muchacho murió en un enfrentamiento, el barrio sostiene que "estaba sentado y se quería entregar, pero lo acribillaron".

Un quiosquito. La mujer de Juan Fernando V. le dijo a este diario: "Trabajamos con un quiosquito y la yugamos. Vendemos torta frita y empanadas", y el aroma a fritura del lugar no la desmiente. "Che, si tenemos que hacer quilombo o cortar la avenida lo hacemos, los están engarronando", dijo un hombre que pasó en bicicleta mientras varios vecinos se acercaron a la mujer de Juan V. para darle su apoyo.

Tanto uno como el otro detenido aparecieron en la audiencia del jueves muy golpeados. Juan Enrique V. no sabe leer ni escribir y es oriundo de Corrientes. Un vecino contó que "no tiene antecedentes y es un gran tipo. Es más, venía de cirujear y lo agarraron a los golpes".

Entre las 21 y las 22 del martes ese sector de villa fue un pedazo de infierno. Varios vecinos fueron baleados y a un mujer que vive en los pasillos le faltaron tres celulares y una notebook. Aunque no pudo precisar quién le robó, asegura que no fueron sus vecinos.

Un rato antes, en Ayolas y el acceso Sur, los móviles policiales creyeron que podían capturar a los hombres que iban como demonios en el Toyota Corolla e incrementaron el fuego. Tiraron sin piedad sobre las precarias viviendas de la barranca.

Carlos, su mujer y su bebé estaban cenando en un rancho emplazado en la barranca cuando escucharon las estampidas. "No nos dieron tiempo ni a refugiarnos. Cuando me asomé varios policías apuntaban con revólveres y metralletas a las casitas y a mi rancho y empezaron a tirar, agujerearon las chapas y casi le dan a mi mujer", recordó.

Otros vecinos se acercaron al lugar donde Carlos conversaba con La Capital y mostraron vainas calibre 9 milímetros y contaban sus peripecias. "Yo estaba cenando un guisito y una bala le pasó por detrás a mi mujer. Se escuchaban los silbidos de las balas adentro de mi casa y eso que tengo una pared de material", dijo un vecino. Y otro agregó: "Una bala atravesó dos ranchos y se clavó en mis chapas".

El Toyota Corolla finalmente se detuvo en el puente de Seguí y Cepeda. Allí los cuatro maleantes se dispersaron en los pasillos de la villa y los uniformados detuvieron a los dos hombres ahora liberados.

Preventiva sin plazos a acusado de un crimen

La mañana del jueves dos personas ingresaron con intención de robar a una maderera de Jorge Newbery al 8100 donde trabajaba Martín Rubén Ramón, de 58 años. Durante el atraco el empleado terminó baleado y fue trasladado hacia el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde falleció poco después. Los delincuentes se trasladaban en una moto y un vecino de la víctima, al ver el hecho, los acorraló con su vehículo hasta que finalmente los chocó y fueron capturados por la policía. Se trata de un menor y de Cristian Nicolás Ramírez, quien ayer resultó imputado por el juez Gustavo Pérez de Urrechu por homicidio agravado por la participación de un menor y le dictó prisión preventiva sin plazo.

Ayer el magistrado escuchó los argumentos del fiscal Florentino Malaponte, quien explicó que el imputado fue registrado por una cámara de vigilancia en la que, si bien no se puede observar claramente la escena, se ve a dos personas en una moto que se paran frente al negocio que atendía Ramón, bajan, y 30 segundos después vuelven a subir al rodado para huir.

Testigos.PUNCTUATION_SPACEA esto el fiscal sumó las declaraciones de cuatro testigos que vieron cómo los ladrones cubrían su huida a los tiros y también la del hombre que detuvo a los sospechosos hasta la llagada de la policía. Malaponte detalló cada uno de los indicios y hasta contó que Ramón, antes de ser herido, le dijo a quien luego detendría a los ladrones que "no se metiera" para evitar que corriera peligro su vida.

En lo que hace a la participación del menor, aún no está claro su rol: si se quedó en la moto o si participó del robo. Igualmente el chico está a cargo del juzgado de Menores en turno donde se decidirá su suerte.

Por su parte la defensora oficial Andrea Corvalán, en representación de Ramírez, sostuvo que "es importante que se le quite a la carátula de la causa el agravante por la participación del menor". La defensa sostuvo, ya fuera de la audiencia, que es posible que el adolescente hubiese actuado de manera agresiva y que haya mentido en cuanto a que el autor del homicidio haya sido Ramírez, a quien se conoce como "Chanchi", y que además no puede acreditarse jurídicamente el hecho de dolo en el homicidio. "No se les ocurrió ir a matar a Ramón", dijo Corvalán.

Ramírez es un carrero y al terminar la audiencia pidió que le devolvieran unas zapatillas Nike que están en la subcomisaría 21ª y que se las había regalado su madre, pero sus pertenencias están secuestradas.

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